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EL AMOR HACE CAER A LOS MÁS FUERTES

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EL AMOR HACE CAER A LOS MÁS FUERTES

Mensaje  DIABLESA el Jue Nov 22, 2012 5:40 am

Bueno chicas he empezado a escribir, quería hacer una escena de Dom/sum... pero como siempre me pasa cuando me pongo a escribir es que me enrollo de una maneraaaaa, jajajajaja.

Para aquellas que no han leido nada mío diré... que bueno siempre suelo empezar suabe... pero que luego normalmente suele subir de tono... aunque claro en este caso, no se yo como va a ir, lo que tengo escrito lo voy a ir poniendo, si os gusta continuaré... si no... pues oye a otra cosa mariposa. Un saludo a todas y todos y por favor decirme que opinais...sinceramente ok???

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Re: EL AMOR HACE CAER A LOS MÁS FUERTES

Mensaje  DIABLESA el Jue Nov 22, 2012 5:41 am

CAPITULO 1

Un hombre de negocios que se había formado a él mismo desde abajo. Todo lo que tenía lo había conseguido gracias a su perseverancia y a su buen juicio. No había cojido nunca tiempo para él mismo, sólo esporádicamente cuando necesitaba algún desahogo. Nunca le había faltado la disponibilidad de las mujeres. Era atractivo, cuerpo atlético, alto y con una cuenta multimillonaria y una alta posición en la escala de poder, ¿que mujer en su sano juicio se le iba a negar?.

Pero él siempre había estado enamorado de la misma mujer. Aquella muchacha que tanto le había rechazado, que tanto le había menospreciado por mandato paterno. No era de su status y por lo tanto era una persona non grata en el círculo que ella se movía. Ella siempre había sido su amiga, su compañera en muchos aspectos, pero jamás pudo ser nada más de lo que ya eran, e incluso eso estaba mal visto y era castigada amenudo por desobedecer a sus padres. Jamás había podido olvidarla.

Por eso era que todas las mujeres con las que follaba eran físicamente como ella. Pelo oscuro, tez blanca y suabe, labios carnosos y ojos color del infinito cielo. Su cuerpo era como un paraiso para él, cuando la observaba y lo hacía amenudo en aquellos tiempos, se quedaba prendado en la manera de caminar, en su naturalidad de movimientos. Su cuerpo curvilíneo, de pechos voluptuosos y cintura de abispa, caderas bien proporcionadas y unas piernas que hacían querer rodearse la cintura con ellas, proporcionaban sus sueños más húmedos. Pero lo que más le gustaba de ella era su sonrisa. Cuando ella reía, hacía que todo el que estubiera a su alrededor girara la cabeza, que todo aquel que estubiera escuchando, quedara prendado y sonriera como un bobo. Estar con ella, disfrutar de su amistad, era estar en el cielo. Siempre se preguntó que hubiera pasado si hubiesen llegado a algo más. Jamás lo sabría.

Xavier, era un hombre que no tenía tiempo para una relación seria, ni tiempo ni ganas. Siempre acababa de la misma manera con todas, aunque había quienes volvían a él, una y otra vez. Aún sabiendo que jamás lograrían nada de él, sólo quizás un poco de su tiempo con el recuerdo de no poder olvidarlo jamás.

Era un hombre dominante, que después de haberse curtido a base de palos, se formó en su vida sexual como un hombre dominante. Como si no tubiera otra opción, era y siempre sería un Dominante, jamás se dejaría abasallar por nadie y aún menos en el sexo. Siempre sería él, quien dijera cómo, dónde, cuándo y hasta aquí. Nunca caería en las manos de ninguna mujer. No después de haber perdido el corazón hacía tanto tiempo. Pero no por ello se había convertido en dominante, no, lo había hecho, porque le gustaba dar placer, disfrutaba haciendo que las mujeres se volvieran locas de lujuría, así era como él encontraba la mayor de sus satisfacciones. Era lo mejor de todo, poder controlar cada sugestión, cada mínimo detalle en todo lo que se relacionara con darles placer, hacerlas vibrar de pasión.


Ella había tenido una infancia difícil, a pesar de que sus padres tenían una muy buena posición, no le había resultado nada fácil poder conseguir lo que ella anelaba de la vida. Siempre le habían controlado todo, hasta el más mínimo detalle. Desde bien jóven, le habían infundido unos valores con los cuales ella no se sentía para nada identificada. Le habían hecho elegir entre su familia y sus amistades en un sin fin de ocasiones.

Siempre recordaría a Xavier, su gran amigo, su amor platónico. El único hombre que le había interesado y que jamás fue aprobado por sus padres.

Habían sido amigos, aunque ella quisiera que hubiera podido ser algo más. Siempre lo había deseado, le había encantado la manera que tenía de mirarla, como si ella fuera la única mujer en el mundo.

A pesar de lo atractivo que era, de su gran carisma y su esplendido caracter, jamás lo había visto con ninguna chica cuando eran jóvenes. ¿qué habra sido de él?. ¿Estará casado?, ¿Tendrá hijos?, ¿Se acordaría de ella, si la viera alguna vez por la calle?.

Al cumplir los 23 años de edad, después de la accidental muerte de sus padres, quedó huerfana con un gran peso a sus espaldas. Todo el imperio que su padre había creado, todo lo que su madre había ido guardando a espaldas de su marido, por si su única hija alguna vez se rebelaba contra él. Todo, le había dejado atada de pies y manos a un sin vivir de obligaciones.

Su vida había cambiado radicalmente, siempre había tenido lo que había querido, a nivel material, pero a nivel sentimental, jamás pudo darse el lujo de elegir a la persona que hubiera querido, sus amistades siempre habían sido impuestas, eran las que convenian. Se había librado del matrimonio a los 21 años de edad, con el hombre al que la había atado su padre, gracias a que una rebista sensacionalista, había sacado fotos bastante suculentas y embarazosas. Las cuales hicieron que el compromiso se anulara.

Estaba harta de ser siempre la víctima de todas las elecciones que hacían por ella, de tener que hacer lo que sus padres le obligaban a hacer, para guardar su reputación y su estatus.

Tras el shock de la muerte de sus padres, de tener que seguir haciendo lo que los demás querían y pedían de ella, la hizo despertar de su aletargado caracter. Fue entonces cuando empezó a ser ella. Las órdenes las daba ella, las normas a seguir eran las que ella disponía. A partir de esos momentos la antigua Diana había pasado a la historía, se había convertido en una mujer, una mujer con sus propias ideas, gustos, preferencias y lo que era mejor de todo, la satisfacción de poder hacerlo sin que nadie pudiera decirle que no, nunca más. Ahora ella era la que ponía los puntos sobre las ies. Jamás volvería a hacer lo que los demás quisieran por el simple hecho de quedar mejor a la vista de los demás.

Todo había mejorado para Diana, tenía muchas obligaciones, si, pero también podía delegar algunas cosas en sus ayudantes. Lo que no había tenido nunca todavía, había sido una relación sentimental. Era una mujer atractiva, pero los hombres para ella, habían perdido todo desafío. Siempre podía chasquear dos dedos y aparecerían hombres para hacerle la pelota, nada más que por tener algo que ver con ella.



Nada más que por su posición, por su dinero. Jamás encontraría a nadie que la estimara por lo que ella era, nadie sería como Xavier. No habría nadie más como él.

En la convención a la que tenía que asistir Xavier en Madrid, su secretaría y ayudante personal, le había reservado una suite en el mejor hotel de la capital. Habían dispuesto su equipaje para qué estuviera cuando él llegara a Madrid desde Barcelona, era un trayecto corto, y aún más en uno de los aviones de su flota. Éste era el que más le gustaba, era cómodo, lujoso y tenía todo lo que necesitaba, le gustaba utilizarlo, tenía capacidad para unas quince personas en su salón principal, y disponía de dos suites con sus baños y salones independientes, para cuando hacía viajes más largos.

Le encantaba volar, estar hoy en una ciudad y despertarse en cualquier otra parte del mundo. Siempre buscaba compañía para que sus viajes no se hicieran aburridos y monótonos. El trabajo tenía que ser dispuesto y atendido, pero cuando eran muchas horas, también necesitaba tener algún escape para eludir sus obligaciones y disfrutar del cuerpo o cuerpos de algunas mujeres.

Esta convención iba a ser muy aburrida, aunque sabía que no podía perdérsela, era una de las más importantes. Debía asistir, sus asesores le comunicaron que su presencia era requerida, sus compañías aéreas se estaban haciendo un gran nombre y necesitaban que él personalmente diera la cara y fuera con uno de sus aviones para dar seguridad y confianza.

Sabía que habría otras compañías con las cuales tendría que lidiar, otros directivos, otros culos gordos que querrían ganar más poder, más dinero, más activos para sus empresas. Pero de eso sabía él bastante, no había llegado donde estaba chupándose el dedo. Utilizaba todo lo que tenía a su alcance. Y su gran carisma y su físico, también le habían abierto muchas puertas y muchas piernas en el trayecto al éxito. Él había sabido manejarlo, había sabido las puertas que debía abrir.... y las piernas que no debía dejar cerrar.

Iba a ser una semana llena de aburrimiento y quizás también llena de buen sexo... al menos tenía la esperanza de que fuera así.

La convención que su empresa había organizado para reunir a las compañías aéreas más importantes y de mejor reputación de Europa, se celebraría en Madrid. A ella le iba de perlas, vivía en la capital desde hacía unos años y ya conocía a todos los que tenía que conocer, además de tenerlos a todos bajo la punta de su zapato. Había sabido utilizar aquello que jamás le habrían permitido su educación y su padre. Gracias a ello, todo lo que su padre le había dejado se había triplicado en los años que ella había dirigido sus bienes.

Era atractiva, atraía a los hombres e incluso a algunas mujeres de los círculos de poder en los que se movía. Y había aprendido a superar sus miedos y hacerse la mujer que era. Las mujeres la envidiaban... los hombres la veneraban. Así ya estaba bien. Aunque no tuviera el amor en su vida, al menos tenía todo lo demás y con demasía.

Lo único que no le gustaba era que tendría que lidiar con algunas personas a las cuales no tragaba, aunque había aprendido a disimular su desagrado, a que sus emociones y sentimientos, no se reflejaran en su rostro, por dentro siempre le daban ganas de vomitar. Ella aprovechaba lo que tenía, pero no le hacía daño a nadie. Y allí había quien no tenía escrúpulos en arruinar o aniquilar a quien se pusiese en su camino. Pero ella ya sabía con las víboras que tenía que tratar... pero joder en su propio terreno.

Tenía su suite permanente en el hotel, así que no tenía que preparar nada para quedarse alojada durante el tiempo de la convención. Su casa era un recinto totalmente aislado de todo, no mucha gente sabía ni que existía. Era totalmente privado. Ella no mezclaría nunca su vida personal con los negocios ni sus conflictos de negociación, con su santuario.

Ella podría hacer y deshacer en su suite sin tener que mancillar su hogar.

La estaban esperando para que diera el último visto bueno a lo dispuesto para los asistentes a la convención. La recepción del hotel estaba repleta de gente, no le gustaban las aglomeraciones de gente, pero tendría que lidiar con ello.



Al pasar junto al mostrador de recepción, todo el bello del cuerpo se le puso de punta, se le erizaron los pelos de la nuca, le entraron unos calores que hacía años que no recordaba que le hubiera pasado....

-¡Sr. Valhonrat!, estamos encantados de que haya decidido alojarse en nuestro hotel. Su suite está preparada....

No sintió nada más de lo que el gerente del hotel estaba diciendo... Valhonrat... ese apellido... no podía ser, no había oído ese apellido en años, no lo había visto en la lista de las personas que asistían.

Las piernas le empezaron a fallar, el calor en su cuerpo iba en aumento, pero no podía dar un paso, no podía moverse....

-¿Sra. Gálvez... está usted bien?... tiene mal aspecto, por favor... tome asiento, llamaré y en seguida le traerán algo de beber.

No sabía como había pasado pero estaba sentada en una sala contigua a recepción, nadie la veía... menos mal, ¿cómo había podido pasarle eso? ¿Cómo había podido perder la compostura de esa manera por un simple apellido?, ¡joder, ni que sólo hubiera un Valhorant en el mundo!

Xavier, estaba recibiendo las llaves de su suite, con el respectivo discurso aburrido del gerente pelota... cuando éste, salió corriendo y atrapó en el aire a una mujer que parecía que iba a caerse, por la forma de tratarla, debía de ser una mujer importante, si no, no lo hubieran dejado así, con las llaves en la mano y con la palabra en la boca.

Sólo pudo ver la espalda de la mujer, una buena figura, y por lo poco que había visto, era del tipo que le habría gustado tener en su cama... pero, en seguida se habían hecho cargo de ella, la habían llevado a algún lugar tras la recepción.

Debía ser alguien importante... pero por lo que estaba viendo a su alrededor, el hotel estaba abarrotado de gente importante.



Dejó que el hombre ayudara a esa desconocida. Ya tenía sus llaves, para que iba a esperar que siguiera con el discurso y el peloteo de rigor. Se dirigió a los ascensores y subió a su suite, última planta.

En la última planta tan solo habían tres suites, una era de un accionista del hotel, por lo que tenía entendido, las otras dos, sólo se otorgaban a personas de cierto nivel, no sólo tenías que tener dinero para tener una de aquellas habitaciones, también tenías que tener poder, nombre y reconocimiento. Eso, lo llenó de gozo.

¡Joder! cuando fue a abrir, la tarjeta no correspondía con la numeración de la suite, ¿cómo se podía haber confundido tanto? Debió de ser por lo ocurrido con esa mujer, debió de coger una que no era la suya, un malentendido. Volvió a los ascensores, con cara de pocos amigos y bajó de nuevo a recepción.

Llegó a la planta baja, las puertas se abrieron. Varios hombres acompañaban a una mujer que parecía de todas, todas, que no se encontraba en su mejor momento.

Cuando puso los ojos sobre aquella mujer, por el simple hecho de sentirse conmovido por la situación, su corazón se saltó un latido... ¡Diana!

Los hombres esperaban a que él se bajara... él estaba paralizado, su mente volvió a los tiempos en los que Diana y él estaban juntos, eran compañeros, él podía olerle el cabello, podía sentarse a su lado, podía soñar con ella.... Se echó a un lado, pero no bajó del ascensor. La mujer no levantó la cabeza, los tres hombres la llevaban como si fuera una figura de cristal a la que no se atrevían a tocar, pero a la que veneraban y guardaban con recelo, para que nadie, ni el viento, se dignara a rozarla.

Él sólo hacía que mirar a la mujer entre los tres hombres, algo conmocionado al darse cuenta de que la mujer a la que estaban custodiando, era la mujer que su alma anelaba cada noche, en cada suspiro de su respiración.



No podía dejar de mirarla... incluso ahora era como si todo lo que estaba a su alrededor, perdiera su brillo, ella era lo que brillaba en medio de todo.

-¡Diana!, ¿¡Diana Gálvez!?... Los hombres que la acompañaban lo miraron con cara de pocos amigos, pero él no estaba al tanto de eso, sólo tenía ojos para la mujer... tenía que saber si su mente le estaba cobrando una mala pasada, o si realmente era ella.

- ¿Eres tú... Diana?... La cabeza de la mujer se giró lentamente, todo era como a cámara lenta, sus miradas se encontraron, sus bocas se entreabrieron y ambos escuchaban únicamente el sonido de sus corazones desbocados.

Ella pareció que iba a desfallecer de nuevo. Xavier dio un paso adelante, con la intención de ayudarla, de cogerla en sus brazos, de no dejar que nadie más la tocara... quería hacerse cargo él. Pero los tres hombres se situaron como una muralla protegiéndola, como si él fuera un enemigo, como si temieran que alguien pudiera hacerle daño. Eso hizo que su corazón diera un vuelco. Pensar que podría estar en un mal momento era una cosa... pero pensar que pudiera estar en peligro, era otra muy distinta.

No era mucho más grande que los hombres que iban con ella, que la iban protegiendo de no sabía que, pero igualmente se abrió camino separando a los dos hombres que tenía mas cerca. El tercero la tenía cogida en sus brazos, ella había perdido el conocimiento.

¡Dios mio! ¿Estaría enferma?... Ahora que la había encontrado, ahora que podría mandar a tomar viento a su padre con sus idealismos y su egocentrismo, no podía ser que el destino se la jugara de nuevo.

Los hombres a los que había separado le fulminaron con la mirada y volvieron a su lugar. Después de preguntar que le ocurría, los hombres volvieron la vista hacia él... ¡No es de su incumbencia señor, ella está en buenas manos!

Eso le hizo entrar en cólera, la ira le estaba consumiendo, la paciencia se le estaba acabando... y el puñetero ascensor no paraba en ninguna planta. ¿a dónde la llevaban?

Aguardó hasta que el ascensor ascendió hasta la última planta, las puertas se abrieron y él volvió a preguntar, esta vez en voz alta... ¿dónde la llevan?

En esta ocasión, los hombres no se dignaron ni a mirarlo, simplemente salieron del ascensor y se dirigieron hacia una de las suites que habían esa planta, abrieron la puerta con su respectiva llave y cerraron tras ellos, dejándolo trastocado, encolerizado... pero sobre todo aturdido por los acontecimientos.

Hizo de tripas corazón y volvió a la planta baja. Debía de recuperar la compostura. Debía averiguar quien se alojaba en esa suite. ¿Sería la mujer de algún magnate? ¿La esposa de algún miembro de la convención?

Lo primero que hizo fue cambiar la llave de suite y luego como el que no quería la cosa, dejó que el gerente le hiciera la pelota, se deshiciera en palabrería y frases de arrepentimiento por el error. Cuando ya tenía al hombre donde lo quería, fue cuando empezó a preguntar por los otros dos clientes que se alojaban en su planta. Haciéndole ver al gerente que quizás podría adquirir otra de las habitaciones si estuviera libre, para un familiar suyo que vendría de improviso.

El gerente no estaba muy convencido de la situación, pero era su deber con el cliente atenderle en lo que solicitara. Pidiendo disculpas por no poder ofrecerle otra suite en esa planta, ya que estaban ocupadas. No podía rebelar el nombre de las personas que se alojaban en ellas, pero dejó entrever que una pertenecía a la dueña del hotel para su uso y disfrute y que la otra estaba ocupada por alguien que al igual que él venía a la convención.

En principio quedó confuso, ya que no le aclaraba nada. No pensó que Diana pudiera ser la dueña de un hotel, no era el estilo de su padre. Pero al comentar el pobre gerente que la otra habitación estaba ocupada por un miembro de la convención y que no venia acompañado, sino que al igual que él, venía sólo. No le quedó otra que pensar que Diana se había casado con el dueño del hotel.



Cuando preguntó por el dueño para poder concertar una entrevista de negocios, el gerente le ofreció una tarjeta para que así pudiera ponerse en contacto con la persona correspondiente, que a su vez le daría la información que él requería.

No se lo pensó dos veces, cuando llegó a su suite, abrió su portátil y se puso en contacto con su ayudante, le pidió que averiguara quienes eran los dueños del hotel. Que averiguara todo lo correspondiente con esas personas. También le dio la información que venía en la tarjeta para que concertara una cita con la persona que estaba en aquellos momentos alojada en la suite contigua a la suya.

La eficacia de su ayudante no tenía parangón, a los diez minutos de reloj, le había mandado un correo, con los datos que le había requerido, junto con el día y la hora para la cita que había concertado con la Srta. Diana Gálvez.

Casi no se acordaba de respirar cuando vio el nombre de la persona que estaba a escasos 200 metros de él. La mujer con la que había soñado toda su vida de adulto, la única mujer con la que había disfrutado de verdad, a la que le había dado su corazón y se lo había devuelto hecho añicos. Y seguía soltera.... entonces... ¿quienes eran esos hombres que la habían parapetado contra cualquier cosa que pudiera aparecer cerca de ella?

Al día siguiente sin haber pegado ojo en toda la noche, se dio una ducha rápida y se puso su traje gris con una camisa blanca de cuello chino. Hizo lo impensable para poder coincidir con Diana. Quería verla, quería poder mirarla a los ojos, ver si lo reconocería, ver cual sería su reacción... pero sobre todo, quería saber la reacción que él mismo tendría cuando tuviera a esa mujer delante de él.





Lo de no haber comido durante todo el día por los arreglos en el hotel para la convención, le había pasado factura. Pero sobretodo había sido el escuchar aquel apellido que ella tenía grabado a fuego en su mente. En cuanto el gerente dio aviso de que se había encontrado indispuesta, los tres hombres con los que en la actualidad compartía cama, habían aparecido a la mayor brevedad. La habían mimado, la habían sacado de allí y la iban a llevar a su suite, tenía que comer alguna cosa y volver a bajar a hacerse cargo de lo sus obligaciones.

Con lo que no contaba era con volver a encontrárselo. Y esta vez confirmar sus sospechas, era Xavier, Xavier Valhonrat, el hombre del que había estado enamorada y del que todavía no había podido borrar el recuerdo en su mente. Cuando escuchó de su propia boca su nombre, llamándola, su mente había colapsado al igual que su cuerpo, sólo le había dado tiempo de girar la cabeza y encontrarse con aquellos ojos verdes que siempre la habían dejado sin palabras, que siempre la habían hipnotizado de tal manera que se perdía en ellos. Cuando sus miradas coincidieron, lo único que pudo ver, fue la sorpresa, la alegría... tal vez, lujuria... su cuerpo había sucumbido y todo lo demás había quedado en una oscuridad total.

Cuando despertó, los tres hombres estaban con ella en la suite, uno viendo la televisión por cable, el otro preparándole un plato, con algunas delicatessen que había pedido al servicio de habitaciones y el tercero, arrodillado en el suelo al lado del cabecero de la cama, mirándola, observándola, percatándose de cualquier cambio en su señora.

Se sintió segura. Alargó la mano y rozo con sus dedos la mejilla del hombre que estaba postrado en el suelo al lado de su cama. - Os habéis portado bien, esta noche seréis recompensados. El hombre en cuestión, la miró con adoración y sus ojos brillaron con la espectativa de que su ama, lo gratificara. Ya era un elogio para él que lo hubiera recompensado con su compañía, pero si encima estaba siendo agasajado con estar en su cama a sus órdenes y ahora a la espectativa de ser recompensado.... su miembro que escasos momentos antes estaba flácido, ahora resurgía duro y viril.

Cuando los otros dos hombres se dieron cuenta de que ella había despertado, no tardaron en ir a su encuentro. Empezaron a desnudarse con sumo cuidado, quitándose sus ropas una a una, doblándolas pulcramente y colocándolas en su lugar. Ella se colocó sentada en el centro de la cama, una cama echa a medida de tres metros y medio por tres metros y medio. Importada de EEUU en exclusiva para su uso y disfrute. Ninguna otra suite tenía una cama como esa. Ninguna suite o habitación tenían los detalles con los que contaba ésta. Ésta era su suite, preparada exclusivamente para ella y tal y como ella había pedido.

Pronto estaban los tres hombres desnudos completamente, con sus miembros dándoles golpes en sus estómagos, impacientes por ser acariciados o por ser atendidos por su ama. La espectativa de sexo, a veces era mucho más atractiva que cualquier otra cosa. Ella curvó sus labios en una media sonrisa, cuando ellos se colocaron de rodillas junto a ella en el suelo, esperando su consentimiento para poder subir a la cama o hacer cualquier otra cosa.

Uno a uno fue acariciándoles la cara, uno a uno acercó sus caras a la suya, y después de pasar su lengua por sus labios y pasar sus dientes por el labio inferior, tirando de él, hizo que todos y cada uno de ellos abriera su boca para el disfrute de ella. Acarició sus lenguas, recorrió sus bocas por completo, agarrándoles del pelo de la nuca para que no movieran la cabeza de la posición que ella deseaba que tuvieran. Cuando los tres fueron besados, se levantó de la cama, se dirigió a donde estaba el carro con la comida y lo llevó justo delante del sofá del salón, los miró y sin mediar palabra, ellos se unieron a ella colocándose a sus pies en la alfombra que cubría la parte del sofá y los sillones.

Poco a poco fue repartiendo la comida que había en el carro poniendo en una fuente un poco de cada plato. Uno a uno iba dando de comer a los hombres que estaban a sus pies. Ellos no hacían más que mirarla con adoración y abrir la boca para alimentarse como polluelos cuando la madre les da de comer. Cuando los tres habían comido, los mandó asearse. Mientras ella se alimentaba de la misma comida que ellos habían saboreado con anterioridad.

Dejó el carro al lado de la puerta y se dirigió con un poco más de color en su piel, a su propio baño. Se aseó y cambió de ropa. Cuando salió del baño, los tres hombres estaban con la piel fresca de recien duchados, arrodillados para ella. Ella, vestida con un corpiño azul oscuro, exiviendo sus voluminosos pechos, elevados por la sujección del mismo, éste que le cubría hasta debajo de sus pezones, dejándolos semi cubiertos por un pequeño encaje, una chaquetita transparente que lo único que hacía era traslucir toda la piel de sus brazos, pechos y espalda. En sus piernas llevaba unas medias que se ajustaban con tiras al corpiño, dichas tiras eran cubiertas con un volante de tela plisada que hacía de falda, éste cubría escasamente su trasero y su sexo.

Aunque estando de pie, estaba totalmente cubierta. Sus zapatos de tacón de nueve centímetros que se le ajustaban a la parte baja del tobillo, hacían que sus piernas parecieran infinitas. Sus manos y antebrazos, cubiertos con sendos guantes dejando los dedos al descubierto. Los miró, les sonrió con una de sus sonrisas pícaras y se dirigió a hacia la habitación de juegos. Los hombres se pusieron de rodillas y la siguieron sin mantener la mirada por encima de sus rodillas, Ya les había dejado admirar la mercancía, ahora tenían que jugar...



Última edición por DIABLESA el Jue Nov 29, 2012 11:26 pm, editado 1 vez

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Re: EL AMOR HACE CAER A LOS MÁS FUERTES

Mensaje  Susana el Jue Nov 22, 2012 9:15 am

Diiiiiiii como lo dejas asi..... sigue ..... o me dará un telele

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Re: EL AMOR HACE CAER A LOS MÁS FUERTES

Mensaje  yolandacaste el Jue Nov 22, 2012 10:52 am

Esto promete...
Ya estoy impaciente por saber como sigue.
Por favor, no tardes mucho.
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Re: EL AMOR HACE CAER A LOS MÁS FUERTES

Mensaje  DIABLESA el Jue Nov 22, 2012 10:55 am

Buenoooo... pero que esperais que os ponga lo que hace en la sala de juegos con esos tres????

jajajajajajajajajaja..... jajajajajajajajajajajaja.... no se yooooooo.... Evil or Very MadEvil or Very Mad La historia no va con ellos asi que no pensé que importara mucho, ¿cómo lo veis?

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Re: EL AMOR HACE CAER A LOS MÁS FUERTES

Mensaje  nefer el Vie Nov 23, 2012 6:31 am

Hombre... digo yo.. en mi humilde opinion, que ya que has mencionado a los chiquillos... deberias contarnos que pasa en ese cuartito de juegos.... vamos ... digo yo....jajjajaja

Esta muy bien, Di, tengo muchas ganas de saber que va a pasar en ese reencuentro con su amigo prohibido, y tengo curiosidad, por saber quien acabara mandando en esa pareja.... ofúúú.... creo que yo tambien me voy por las ramas, jajajjaja
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Re: EL AMOR HACE CAER A LOS MÁS FUERTES

Mensaje  SILENIO ATE el Vie Nov 23, 2012 8:52 am

hummm!!!!!!!! veremos que cara pondra el Valhonrat cuando se entere a que juega su idiolatrado amor platonico.
Tres hombres, que sean bisex...puesto si es correcto que a nosotros, los hombres, nos excita ver a dos mujeres amandose, es logico que a las mujeres les excite dos o tres hombres follandose entre si.......
Seria un buen juego hacer un tren.


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Re: EL AMOR HACE CAER A LOS MÁS FUERTES

Mensaje  DIABLESA el Vie Nov 23, 2012 10:23 am

Cierto... es un buen juego, yessssssss, jajajajajajajjaja... pero....

como soy muuuuy mala, he pasado de escribirlo, ya que lo que me interesaba era hacer la escena de Xavier y Diana... asi queee... creo que a más de una le dará un patatús... Aunque siempre se puede arreglar y ponerla en medio como un kit-kat. noo??? jajajajajaja

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Re: EL AMOR HACE CAER A LOS MÁS FUERTES

Mensaje  nromántica el Vie Nov 23, 2012 10:27 am

Esto si que promete haber como reaccionan en el momento que se encuentren cara a cara. Espero que pronto podamos leer el siguiente capítulo.
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nromántica
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Re: EL AMOR HACE CAER A LOS MÁS FUERTES

Mensaje  DIABLESA el Vie Nov 23, 2012 10:28 am

CAPITULO II

A la mañana siguiente, se sentía de nuevo la mujer que había sido todo este tiempo, no había pensado en el hombre que le había hecho desfallecer. Había estado entretenida con los tres hombres que ahora dormían como bebés en su cama enredados con piernas y brazos.

Se levantó y fue directa a la ducha, mientras el servicio de habitaciones le subía el desayuno para cuatro. Se vistió con su sujetador de encaje negro y sus tanga a juego, junto con sus medias con diez centímetros de encaje siliconado. Pintó sus labios de un color rojo y puso un poco de rímel en sus pestañas.

Se colocó su falda negra ajustada hasta por encima de la rodilla con sus aberturas laterales y su chaqueta cruzada a juego, dejando que el escote le quedara justo para que se viera la parte central de sus pechos, se colocó sus pendientes de diamantes enmarcados en platino, su fina cadena al cuello con el colgante de diamante en forma de corazón. Tras ponerse su reloj y revisarse delante del espejo, tomó su café y salió a hacer lo que debía de haber hecho la tarde anterior.

La convención daba comienzo en un par de horas, todo estaba perfecto y dio un suspiro al pensar que todo había salido bien. En sus brazos llevaba un ipad con todo lo que había revisado personalmente y con todo aquello que le habían comentado que debería ser revisado por ella para que diera el visto bueno de última hora. Iba tan ensimismada en sus notas que no se dio cuenta de que justo tres metros delante de ella había una persona parada, mirándola detenidamente, exhaustivamente y que no iba a apartarse de su camino. Chocó contra ese cuerpo duro y rebotó hacia detrás, pero antes de que ella pudiera perder el equilibrio, dos manos fuertes la asieron de los brazos poniéndola de nuevo en su lugar. Levantó la mirada y en su boca quedaron atascadas las palabras de disculpa que iba a decir por ir despistada.



Sus ojos quedaron clavados en los de él. Su boca quedó entreabierta y se le iba secando por segundos, el pulso acelerándose, un rubor como hacía años que no sentía cubrió su cara y se sintió como una adolescente de nuevo.

Él tenía la mirada fija en ella, ya había recorrido todo su cuerpo al milímetro, mientras ella no se daba cuenta sumida en su trabajo. Ahora le mantenía la mirada fija en los ojos, veía como sus pupilas se dilataban, como su pulso se aceleraba... su entrepierna estaba apunto de estallar, había estado observándola mientras trabajaba, y su pene había estado tomando vida propia, pero ahora dolía, sufría, rugía por ser liberada y meterse dentro de esa mujer. Ahora era toda una mujer, ya no era la chica adolescente de la que se había enamorado... era una mujer mucho más bella si cabía de lo que podía recordar. Mirar sus labios, era imaginárselos alrededor de su polla mientras él, entraba y salía de su boca. Mirar su cuerpo hacía que sus manos dolieran por tocarla.

La había cogido cuando perdió el equilibrio y aun no la había soltado. Ella no había pronunciado palabra alguna, él tampoco. De sus miradas saltaban chispas como para provocar un incendio. - Diana... su nombre fluyó de sus labios sin él pensarlo siquiera, ella parpadeó y se humedeció los labios con la punta de la lengua, - ¿me recuerdas?

¿Qué si le recordaba?... no había podido olvidarlo, pero eso no se lo iba a decir. Él había desaparecido y ni siquiera tras fallecer sus padres se había puesto en contacto con ella. No. No iba a permitir que este hombre le afectara, al menos no iba a reconocerlo delante suyo.

-Disculpe, ¿le conozco?- vio como sus ojos verdes perdieron su brillo y se oscurecieron como un mar tormentoso. Su boca formo una línea recta que la hizo estremecer, le había afectado que ella no le reconociera ¿por qué?

-Supongo que hace demasiado tiempo. Yo, sin embargo no he podido olvidarte, Diana. - cada vez que su nombre salía de sus labios su sexo se estremecía, su pecho saltaba de emoción. Pero no iba a echarse atrás ahora.





- ¿Se encuentra mejor hoy?, ayer parecía un poco... indispuesta. - Sí, gracias, estoy mucho mejor. No era nada, todo se ha curado con un poco de cuidados y sueño.

-Sí. Supongo que si. Soy Xavier Valhonrat, vengo a la convención. - Ya sabía quien era, de sobras que lo sabía, lo que no sabía era como no se estaba tirando al cuello de aquel hombre, ya no era aquel jovencito que ella deseaba y del cual pensó estaba enamorada, no, ahora era un hombre y vaya hombre. - ¡Un momento! ¡¿Xavier!?, el Xavier que conocía de... no puede ser... ¿eres tú? Pero hombre como has cambiado, estás muy... cambiado. ¿Has venido solo? ¿Qué es de tu vida? Madre mía ha pasado tanto tiempo. Siento que ya casi que no nos conocemos. ¿Cómo es que has venido a la convención? ¿Con quien has venido? Perdona eso ya lo he preguntado, jajajajaja, es que la verdad no esperaba verte por aquí.

Vio como sus ojos, habían ido cambiando de intensidad, primero cuando dijo que lo conocía, y luego cuando preguntó que si había venido con alguien... ¿le habría ofendido?

- Y tú Diana... ¿Estás casada, que ha cambiado en tu vida? te ves... diferente.- Si él supiera, en ese momento tubo una sensación muy rara, "miedo" Miedo de que él estuviera casado, miedo de que si no lo estaba no pudiera aceptar como habían sido las relaciones que tenía con los hombres. Pero bueno.... ella no le debía ninguna explicación, no al menos de esa índole.

- Sí. Todo bien. Estoy invitado. Por ese orden… Ahora te toca a ti.

-Pues... No, y muchas cosas, casi todo diría yo.

Volvieron a mirarse, él no la había soltado todavía, no podía dejarla ir, no sin saber todo lo que quería saber de ella, ¡bien!, no estaba casada, ese le dejaba una puerta abierta, ahora eran adultos, era posible que ahora ya no se dejara llevar por lo que su padre le ordenaba. De hecho, no la veía una mujer que hiciera caso a las cosas de papá. Su forma de vestir, de caminar, su seguridad, su forma de mentirle tan descaradamente, pero sobretodo que aún pensara que él sería un don nadie, eso era algo que había dolido, aunque no se lo dejaría ver. Ahora sólo la quería en su cama, quería estar saboreándola, estar dentro de ella. ¡Madre de Dios! , ¿Cómo se tomaría ella su forma de actuar en ese ámbito?, bueno tendría que descubrirlo, si le molestaba, no le importaría hacer una excepción, sólo por ella, sólo por tenerla, haría lo que fuera necesario. Lo que fuera.

-Se me hace tarde, debo de prepararme para la convención, podríamos quedar para hablar, luego, en la hora de comer, incluso comer si quieres… ¿Qué te parece? Tenemos que ponernos al día en muchas cosas ¿no crees?

-La verdad es que… bueno estoy bastante liada con todo lo que lleva lo de la convención y….

-Te recogeré en cuanto den la pausa, no quiero perder ni un minuto.- Se dio la vuelta y a pesar de no querer irse, de no querer soltarla, sino abrazarla, besarla, devorarla… hizo de tripas corazón y se marchó, sin darle tiempo a que ella contestara.

-Ella se quedó parada en el lugar, hasta que su corazón empezó a funcionar un poco más despacio, dos síncopes en días seguidos no daría una buena imagen de su salud… y ella tenía muy buena salud. Quería haberse negado, quería no acceder a ir con él a ningún sitio, sabía que este hombre no era como los demás para ella, que su cuerpo no reaccionaba igual a su cercanía. Pero no, no era una cobarde. Aceptaría e iría con él a donde quisiera, siempre y cuando él aceptara que ella ya no era una colegiala, ni una niña de papá. Y que tenía sus normas. ¿Aceptaría él sus normas? ¡Que coño! Estaba en una de las convenciones más importantes de las empresas más importantes y por lo que le había dicho estaba invitado… ¿cómo no vio su nombre?, pero como iba a imaginarse que estuviera en la lista de invitados. Seguro como el infierno que él no iba a aceptar la vida que ella llevaba y seguro como el infierno era que ella no iba a ceder en como era su vida, no la cambiaría ahora, ni por él… ni por nadie.



La mañana había pasado volando, hicieron la pausa para comer. Ella no había tenido la oportunidad de cambiarse de ropa, demasiadas cosas que llevar en un asunto tan importante, más cuando ella quería que una de sus empresas hoteleras, formara grupo con una que pudiera ofrecerle buenos aviones, buenos transportes para sus clientes. ¡Que ciega había estado!

Estaba dejando algunas cosas en la sala de conferencias, para cuando volvieran después de la pausa de tres horas que tenían para comer, debía dejarlo todo preparado si iba a darse el lujo de irse y no aparecer, no quería delegar todo en Judit, aunque sabía que la mujer sería eficiente como siempre, no quería dejar nada al azar.

Judit estaba en la entrada, lo sabía porque estaba escuchando sus risas, eran las típicas risas de la mujer, cuando estaba delante de algún varón impresionante y quería llamar la atención.

Hasta hace bien poco no se había dado cuenta de que Judit la imitaba en casi todo. Podría haberse pensado que fuesen hermanas, mismo color de pelo, mismo color de ojos, gracias a las lentillas que usaba, y gracias también a la cirugía casi que el mismo tamaño de pecho. Judit era un poco más bajita que ella, aunque poco, y con los zapatos de tacón que también usaba no se le notaba demasiado. Hasta ese momento no se había dado cuenta de que reía imitándola a ella. ¿Alguien más se daría cuenta de eso? Cuando corrió las cortinas para que no se viera nada desde fuera, aunque las puertas iban a estar cerradas, una vez todo en su lugar, miró hacia donde había estado escuchando reir a la mujer, Xavier estaba con ella… muy cerca de ella, demasiado cerca… y por la forma en la que hablaba con ella y la miraba, deducía que estaba ligando con ella de una forma descarada. No escuchaba que le decía, pero veía como a Judit le subían los colores a la cara y le entraba la risa floja. Luego una mirada intensa, de nuevo cuchicheos y de nuevo el rubor y la risa. La ira estaba creciendo desde su estómago y haciéndose cada vez más grande. ¿Cómo se atrevía?



-¡Judit!... necesito que te encargues de todo hasta mi vuelta, el Sr. Valhonrat y yo tenemos una reunión y debo dejarte a cargo de todo, ya sabes que no me gusta que quede nada en el aire, estaré en mi móvil si necesitas cualquier cosa. – ¿Nos vamos Sr. Valhonrat?

-Claro, tengo el coche esperando fuera. Adiós Judit… recuerda lo que te he dicho. Te recogeré a las ocho. Se puntual.- acarició con sus nudillos la cara de la mujer, mirando a Diana y poniendo una media sonrisa. Se despidió con un beso en su mejilla.

-¿lista?... sin esperar respuesta, puso una de sus manos en la parte baja de la espalda de Diana y la condujo al coche. Ella estaba que echaba humo, él notaba su mal humor pero no hizo ningún comentario. La ayudó a subir al coche y subió tras ella. No tubo que decir a donde iban, su chofer ya lo sabía y lo único que hizo fue saludarlo y decirle que estaban listos para marchar. Apretó un botón y el cristal separador subió dejándolos aislados de las posibles miradas.

-¿Dónde me llevas a comer? Estaba que se subía por las paredes, pero estuvo intentando no hacerlo evidente en su voz. Cuando lo miró a la espera de una respuesta. Xavier, la observaba, tenía un brillo en su mirada… él era consciente de su reacción ante la vista de él con la otra mujer. Aunque no lo esperó, fue muy agradable darse cuenta de que ella se había sentido furiosa por su coqueteo. No contestó a su pregunta.

Apretó la puerta de la nevera que había allí y sacó un botellín de agua, se lo ofreció sin decir nada, ella lo rehusó y él tomó el agua de la botella sin quitarle el ojo de encima. – Tienes una ayudante muy… eficiente, estoy tentado a robártela. – vio como sus ojos se ponían más brillantes y su cara se ponía aun más seria. – Tranquila, sólo te la robaría por unas horas, una noche quizás, si es muy eficiente, puede que dos noches. Y su risa lleno la parte trasera del auto.



Ella se sentía indignada, no entendía que le estaba pasando, pero respiró varias veces y no respondió al comentario, ya que sabía que lo estaba haciendo adrede. Pero aunque no fuese así, ella no debía de sentirse de esta manera, él era un hombre libre y podía hacer lo que quisiera con quien quisiera. Al igual que ella, se recordó a si misma.

-Puedes decirme, ¿quiénes eran los hombres que anoche te acompañaron a tu suite? ¿Estás en problemas? ¿Son guardaespaldas? – Ella lo miró y una carcajada salió de su boca por el comentario.

- Puedes invitarla a lo que quieras Xavier, no tienes que pedirme o darme explicaciones de lo que hagas. Al igual que yo, no debo darte ninguna explicación a ti.

- Por supuesto, eres una mujer libre de hacer lo que quieras. Sólo me preocupaba por ti.- Sentía que estaba perdiendo la paciencia, esta Diana no era la Diana con la que él había estado tan unido, había habido una metamorfosis en ella, al igual que en él, se dijo. Pero eso no quitaba que la deseara… que la deseara para él… y sólo para él.

-¡Oh!, no debes preocuparte, se cuidarme bien. Y esos hombres sólo son invitados en mi cama, no tienen el deber de cuidar de mis espaldas.

Su cara rebeló más de lo que quiso hacerlo. Ella notó su cambio de humor. No le había gustado su respuesta. Y ella esperaba que fuera cogiendo las indirectas que le iba dando. Antes de echarse sobre él y….

No debía de seguir por ahí.

Llegaron al Restaurante, donde Xavier había hecho la reserva. Tenía reservada una mesa en un reservado especial, aislado de miradas. Él no era tímido, pero no sabía como reaccionaría y quería curarse en salud. Aunque después de lo que ella le había dicho… ya no sabía como serían las cosas que él tenía en mente para ambos.



Ella mantenía relaciones con tres hombres a la vez… bueno, él también había mantenido relaciones con varias mujeres a la vez, aunque le gustara hacerlo de vez en cuando, siempre le gustaba centrarse más en una sola pero no podía decir que le sorprendiera. Ella se veía una mujer segura de sí misma. Pero… hasta que extremo eso era aplicado en el dormitorio, era la cuestión que debía averiguar. Y por los pequeños detalles que ella estaba dejando caer, no le gustaba nada la idea.

Se sentaron en el reservado, él había pedido la comida para ambos y en cuestión de minutos los camareros entraron con los carros de los platos que él había pedido. - ¿Cómo sabes si lo que has pedido es de mi agrado?, deberías haberme consultado.- otro latigazo-

-Si algo no es de tu gusto, sólo tienes que decirlo y se pedirá lo que te apetezca.- cató el vino que le estaban dando para su visto bueno y después de una mirada al camarero y asentir con la cabeza, las copas de vino fueron llenadas y los camareros abandonaron el reservado.

- Así ¿qué? …. Háblame de ti Diana… ¿Qué es de tu vida? – La miró y fulminó con la mirada, estaba de un humor de perros, ¿cómo la mujer dulce y complaciente de su juventud, había cambiado tanto? Era fría, calculadora y ahora sabía con certeza que su vida sexual era bastante diferente a lo que él había pensado. Pero tenía que saber hasta dónde había cambiado.

-Bueno, en realidad no hay mucho que contar. Desde la muerte de mis padres, me hice cargo de todo lo que me habían dejado, me volqué en hacerlo bien, pero sobretodo en hacerlo a mi manera.- Vio como los ojos de él le decían que no sabía nada de la muerte de sus padres – Ahora tengo una fortuna un poco mayor de lo que mi padre tubo, jajajajaja, si estuviera vivo, creo que estaría bastante contento con los resultados, aunque creo que quizás no tanto con los métodos y manera de vivir mi vida.

- Siento lo de tus padres. ¿Porqué dices que la manera de conseguirlo quizás no le habría gustado? no te veo haciendo cosas ilegalmente….



-No, no hago nada ilegal. Sólo que… bueno uso mis propios métodos para conseguir lo que quiero. Siempre mis métodos. No acepto que los demás me digan como debo de hacer las cosas… bastante tuve ya de eso. Y bueno, lo cierto es que no me ha ido nada mal…

-Y tú Xavier… ¿Qué has hecho con tu vida?, aunque ya he visto que has formado tu propio imperio. ¿Cómo lo has logrado? ¿Has tenido ayuda de… alguien?- No iba a preguntar si se había casado o si alguna mujer le había prestado dinero para formar todo lo que tenía.- Pero estaba ansiosa porque él le negara todo eso. ¡Hipócrita!. Se decía así misma.

- Bueno al igual que tú, he estado utilizando mis propios métodos. Pero me ha costado mucho llegar donde estoy, todo depende siempre de las ganas que tengas de conseguirlo. El afán de lograrlo y la manera de hacerlo, es lo único que tengo para decir. Es todo mio, creado con mi sudor y mi esfuerzo. Y no, nadie podría reprocharme nada, en mi forma de conseguirlo.- Su mirada fue gélida, estaba empezando a hacerse una idea de lo que ella quería que él viera. Y le estaba diciendo de la misma manera que estaban a la par. ¿Estaría todo perdido? ¿Su amor por esta persona, habría de terminarse así?

- Bien, me alegro de oírtelo decir. Ahora que ya sabemos que nos ha costado y que hemos tenido que luchar por lo que tenemos… quizás uno más que otro… ¿Qué me cuentas de tu vida personal?

-Sigo soltero, no soy un santo…. Pero no tengo intenciones de crear una relación seria con nadie. Puede resultar muy doloroso, confiar tu corazón a una persona. Puede destruirte… Y eso no lo voy a permitir, si es que puedo evitarlo. Y tú Diana… ¿Qué es de tu vida personal? Me pareció escuchar hace años que estabas comprometida.

- Sí, lo estuve… y también deje de estarlo. No estoy casada, sigo soltera y seguiré soltera todo el tiempo que pueda permitírmelo. Tampoco soy una santa… bueno, supongo que cuando te he dicho que estuve con tres hombres en mi noche de ayer… eso te ha quedado claro. ¿Te resulta incómodo? ¿Te molesta?



- Oh sólo… como tener los pantalones llenos de brasas… pero no voy a dártelo en bandeja, pensó.

- Es tu vida… ¿Porqué iba a molestarme? Ya te he dicho que yo, tampoco soy ningún santo. Quizás… podríamos quedar alguna vez, si te parece bien… podría ser…. Entretenido.

-No se… tengo la sensación de que…

-De que ¿qué?- Nada, sólo que… bueno dices que no eres tímido… pero… bueno no se hasta que punto tu vida sexual y la mía, Xavier… puedan compenetrarse.

-¡Está bien!, seré franco. Quiero follarte Diana, lo he deseado desde siempre y ahora que te tengo aquí… no quiero dejar escapar el momento de poder tenerte en mi cama, de poder saborearte, disfrutar cada centímetro de ti, de poder estar dentro de ti de todas las maneras posibles, de poder hacerte chillar de placer, de hacer que ruegues por más… sólo puedo asegurarte de que no te harán falta más hombres que yo en tu cama… quedarás totalmente satisfecha. ¿Demasiado directo?

-No, está bien así… - un rubor había subido a su cara, su cuerpo se había excitado, pero su mente se negaba a dejarse gobernar por nadie, incluido Xavier.

- ¿Quieres franqueza?, no sé si funcionaría. Xavier, has sido al único hombre que he amado toda mi vida, (la expresión en la cara de Xavier, le decía que estaba eufórico y desconcertado) pero… yo he cambiado, no me gusta que me mangoneen, me gusta tener las riendas en la cama Xavier… ¿aceptarías eso?- su expresión volvió a cambiar, por mucho que pusiera la máscara que había estado utilizando con ella todo el tiempo, ella sabía que le había dado un golpe bajo. Sabía que eso no era lo que pensaba que ella estaba haciendo. Supuso que sería liberal, que estaría siendo compartida con los tres hombres que le había dicho que estuvieron con ella… pero de ahí a ser la que lleva las riendas en la cama…

- Yo… - no sabía que decir, él no había dejado que nadie volviera a hacerle daño, se había encerrado al igual que ella en ese caparazón de invulnerabilidad. Pero la deseaba, sabía que si podía tenerla y no lo aprovechaba, se lo estaría recriminando el resto de sus días, debía quitarse a esta mujer de la cabeza y si esta era la manera de ver que no congeniaban, sería lo mejor. – Bueno… quizás, sólo quizás… deberíamos de probar a estar los dos solos en una habitación con una buena cama y… bueno, ver que ocurre. Si no funciona…. Quizás sea lo mejor, pero por mi parte no quiero quitarme de el medio sin probar. He probado de todo Diana, suele ser a mi manera, igual que tú dices que suele ser a la tuya. Pero creo que nos merecemos una oportunidad de ver como reaccionan nuestros cuerpos estando juntos. Dime que no quieres probar, dime que no me deseas y….

Diana se levantó de la silla, se dirigió a él… cogió su cara con las dos manos y pasó su lengua por sus labios, cuando él abrió sus labios dejándola pasar, ella entro invadiéndolo, saqueando todo lo que quiso, él se agarró a la silla, no se atrevió a tocarla, si lo hubiera hecho, la habría echado encima de la mesa y…

El beso los dejó a ambos sedientos de más, sus respiraciones aceleradas, sus ojos medio cerrados por el placer… Ella guardó la compostura, soltó su cara y se dio la vuelta a su silla como si nada hubiera pasado. Pero ella sabía tanto como lo sabía él, que les había afectado a ambos… y había sido un simple beso. ¡Que Dios les ayudara!


Última edición por DIABLESA el Jue Nov 29, 2012 11:30 pm, editado 2 veces

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Re: EL AMOR HACE CAER A LOS MÁS FUERTES

Mensaje  yolandacaste el Vie Nov 23, 2012 11:51 am

Necesito más.
Como sigue? No nos puedes dejar así.
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Re: EL AMOR HACE CAER A LOS MÁS FUERTES

Mensaje  Susana el Vie Nov 23, 2012 12:15 pm

Di esto es jugar con lo sentimientos del personal........ yo que soy de no dormir por leer si me interesa no paro ..... y tu me lo das con cuentagotas deja la distracciones ......todas ...... Twisted Evil........ y reescribir

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Re: EL AMOR HACE CAER A LOS MÁS FUERTES

Mensaje  DIABLESA el Vie Nov 23, 2012 1:40 pm

Jajajajajajajaja.... que quieres decir con -reescribir???? pero si he puesto un capitulo ayer y otro hoy como aquel que dice joooo.. ¿que es lo que quieres que reescriba? ¿la escena del cuarto de juegos? jajajajajajaja. Un beso

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Re: EL AMOR HACE CAER A LOS MÁS FUERTES

Mensaje  Susana el Vie Nov 23, 2012 1:52 pm

re...re...se me iría los dedos.....era escribir

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Re: EL AMOR HACE CAER A LOS MÁS FUERTES

Mensaje  SILENIO ATE el Sáb Nov 24, 2012 7:29 am

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Re: EL AMOR HACE CAER A LOS MÁS FUERTES

Mensaje  DIABLESA el Sáb Nov 24, 2012 8:17 am

De momento Silenio en esta historía que ya casi que tengo terminada... no va a ver tren. Pero ehh! recojo el guante y al igual cuando termine hago un boceto, con sólo esa escena para ver si os gusta como monto el tren o lo que sea que monte ok??? jajajajajajaja.... todo se puede escribir... y tanto que siiiii... que por eso no diga. jajajajajajajaja.

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Re: EL AMOR HACE CAER A LOS MÁS FUERTES

Mensaje  DIABLESA el Sáb Nov 24, 2012 10:09 am

CAPITULO III

Habían acabado el primer plato y les sirvieron el segundo. No dejaron de hablar, aunque ya no volvieron a sacar el tema de lo que querían hacer el uno con el otro. Había habido risas, recordando viejos tiempos y también había habido momentos difíciles, cuando ella contó lo de la muerte de sus padres y él contó lo duro que le había resultado todo, después de que su padre le dejara claro que no tenía nada que hacer con ella.

Estaba siendo una velada inusual para ambos. Él cogió de su plato con mucho mimo un poco de cada cosa que pudo pinchar con su tenedor, parecía una banderilla, un pedacito pequeño de cada cosa. Se la quedó mirando fijamente y le pidió que abriera la boca, ella miró el tenedor, luego sus ojos y luego de nuevo el tenedor. No sabía que hacer, su corazón iba a mil por hora, eso era lo que ella hacía con sus sumisos y seguramente él también lo hacia con sus sumisas. ¿En qué postura les dejaba eso? Al final después de ver por un instante en su mirada una silenciosa súplica para que accediera. Cerró los ojos y abrió la boca.

Él metió con sumo cuidado el tenedor en su boca, hasta que sus labios se cerraron sobre este. – Eres la mujer más erótica y sexi que he conocido- ver como comes me pone en un trampolín. Quisiera saltar y meter otras cosas en esa linda boca.

Ella se echó a reír, siempre lo había pasado bien con Xavier, era con el único que había podido ser ella realmente. Y le había gustado ser mimada por él. Le había parecido erótico el mimo que él había puesto en el ensartado de comida que había en el tenedor, el cuidado con el que se lo había tendido para que ella, cerrara la boca en él. Entonces cogió y ella hizo lo mismo.

Él la miraba como elegía pieza a pieza lo que iba a pinchar con el tenedor, estaba temiéndose que ella hiciera la misma jugada que él. Pero… ¿Cuan delicioso podía estar ese bocado, viniendo de ella? Su miembro empezó a doler, el pantalón era incomodísimo y en la postura que estaba mucho más, quería moverse y cambiar de posición pero… ¿Cómo hacerlo sin quedar mal?

Ella notó la tirantez en su cara, debían leerse mutuamente, ya que él respondió a su mirada interrogadora con una sonrisa que la cautivó.

-¿Tenemos que volver a la Convención verdad? – Preguntó Xavier con una sonrisa traviesa en los labios. –Creo que quedaría bastante feo que el invitado de honor faltara en el último minuto y que la organizadora también lo hiciera… aunque… pensándolo bien, siempre puedo mandar a alguien en mi lugar- estaba viendo la cara que ponía Diana y se mofaba de ella, le encantaba poder sorprenderla o ponerla en el apuro de tener que decir que lo deseaba tanto como él la deseaba a ella.- Para eso soy el jefe, Srta. Gálvez.- Ella lo miró y comprendió la burla en sus ojos. Los dos se echaron a reír.

Lástima que sólo tuvieran esas horas, deberían haber quedado para cenar y no haberlo hecho con el tiempo justo, se reprendió ella. Había estado apunto de pensárselo… ella podía delegar en Judit. ¡Arrgg! ¡Judit!... eso le hizo recordar que Xavier había quedado con ella para esa misma noche. ¿Sería capaz de follársela después de lo que había ocurrido en este rato? ¡Hipócrita!, era la segunda vez que ella misma se llamaba así, ¿Es que ella iba a dejar a sus tres hombres abandonados esta noche, sólo por lo ocurrido con Xavier aquí?

Las cosas se estaban complicando por segundos, a ella le encantaba estar con Xavier, lo había amado desde siempre, lo había deseado y ahora lo tenía aquí delante de ella a su disposición. Pero ella había cambiado ¿no? ¡Por supuesto! Aunque ya no tenía las mismas ganas de estar con los tres hombres de nuevo, quería tenerlo a él, quería atarlo, lamerlo, saborearlo, hacerle pedir clemencia para que ella lo poseyera, para que ella le dejara entrar en su dulce coño o donde ella quisiera tenerlo… y por ella lo tendría en todos los lugares posibles. ¡Judit! Odiaba a su ayudante, esta noche iba a disfrutar de los placeres de este hombre y este hombre, Xavier, era… ¿suyo? ¿De dónde había salido eso? Xavier era libre, no tenía nada con ella… de momento, podía llevarse a la cama a quien él quisiera… pero, ¿por qué se le estaba calentando la sangre de esa manera? Tenía ganas de coger a Judit y… Debía dejar de pensar en todas esas cosas y centrarse en lo que estaba pasando, en el aquí en el ahora. Debía aprovechar cada momento que pudiera estar con él. Sería un bonito recuerdo de todo lo que se habían perdido antes. Lo había echado de menos. ¡Joder! No podía dejar que él tuviera tanto poder sobre ella. Debía aclararse las ideas y cuanto antes lo hiciera mejor. Mejor para ambos ¿verdad?

-¿Qué ocurre Diana? ¿Te encuentras bien?- Había notado como a ella le cambiaba la cara en varias ocasiones, vio que sus ojos habían pasado del deseo y la lujuria, al dolor y la rabia, terminando con tristeza y resignación.

-Nada, estoy bien. Es sólo que pensaba que… tengo demasiadas cosas en la cabeza. Estoy buscando una colaboradora aérea para hacer un nuevo negocio. He pensado en mi clientela fija, ya no sólo la de los Hoteles de Madrid, si no en todos los que tengo repartidos por Europa. Necesito transporte para aquellos que deben de viajar a menudo con poco tiempo, muchas veces a cosas inesperadas y… bueno como yo. Tengo que salir varias veces a pasar revista a las cosas, aunque tengo gerentes y ayudantes en cada lugar, incluso asesores que me van informando… no puedo dejarlo todo en sus manos, son cosas que tienes que mirar tú mismo para tenerlo todo bajo control y que las cosas se hagan a la manera que te gusta y… bueno me resulta bastante incómodo tener que ajustarme a unos horarios de vuelos o esperar días para poder organizar dichos viajes. Me gustaría poder disponer de una compañía la cual pusiera a nuestra disposición unos cuantos aviones, sobre todo para los que viajan a menudo y para los que van de convención en convención. Tengo a muchos clientes representantes y ellos son los que más necesitan de un transporte que esté a su disposición y no estar al contrario, pendiente de cuando pueden salir por los malditos horarios. Bueno sería para algunas cosas más… pero, en fin tengo que hablarlo con algunas personas y ver que me contestan y cuanto cacho es lo que querrían del pastel.

Los camareros empezaron a recoger los platos y tras unos minutos escasos, los postres estaban en la mesa. Fruta fresca para él y un delicioso dulce de varios chocolates para ella. Se lo quedó mirando… ¿desde cuándo no se comía un dulce así? Hacía años que había pasado a comer más sano sin azúcares saturados y un montón de cosas menos. Y lo cierto es que se daba algún caprichito que otro de vez en cuando… pero…

-¿No te gusta el postre? Siempre te habían gustado los dulces. – Ella lo miró, él aun recordaba sus gustos… éste hombre se le estaba metiendo bajo la piel. Bueno realmente jamás había podido sacarlo de su organismo, pero… había quedado como algo platónico, nunca pensó que después de tanto tiempo, volverían a coincidir y seguiría afectándola de esta manera.

-Seguro que está delicioso… pero hace mucho que no como postres así, a no ser alguna ocasión especial. – Y que más especial que esto Diana, el rencuentro con un viejo amigo al que hace mucho que no ves, y con el que estás celebrando tu nuevo comienzo…- O eso era lo que él esperaba, que fuera un nuevo comienzo para ambos, aunque después de haber visto con anterioridad su mirada y ella contarle esa mentira sobre lo que le había pasado por la cabeza, quizás sería sólo por el comienzo en ese proyecto que le acababa de contar.

Ya disponía de una cita concertada con ella, sólo tendría que hacerle una oferta que ella no pudiera rechazar… así de una u otra manera la iba a tener cerca de él. ¿No sería eso lo peor que se pudiera hacer, si lo suyo no funcionaba?- Bueno un nuevo negocio no le iba mal, y si ella le contaba todos los pros y los contras de sus planes, es posible que resultara rentable en pocos meses.

Xavier, se levanto de su silla y se acercó a ella, moviendo la silla para colocarla a su lado. Traspasó su plato de fruta y como el que no quería la cosa empezó a untar la fruta con un poco cantidad de chocolate sobre ella, para después dársela… y que Diana comiera de sus manos, le había gustado la experiencia, no sabía si tanto como a ella, pero lo averiguaría de inmediato.

Ella lo miraba con ojos de querer salir huyendo, de no saber como reaccionar, esa debilidad le cercioró de que a ella, él le causaba una debilidad que le costaría de asimilar a su forma dominante de llevar las cosas, pero ya era un paso. Ella no huyó, sólo lo miraba con aquellos ojos que le provocaban querer darle toda clase de placeres, había vuelto su Diana, aunque no le diría nada por temor a que levantara un muro entre ellos. Él sabía por experiencia, que dos dominantes no eran compatibles en el mismo dormitorio… a no ser que tuvieran algún sumiso o sumisa para compartir. Y sabía que a ella le iba a costar bajar su defensas tanto o más que a él.

Él haría lo que fuera necesario por tenerla… aunque saliera de él, el querer cuidarla y protegerla, mimarla y hacerla suya. Intentaría dejar su lado dominante en casa cuando estuviera con ella. Pero no sabía si lo lograría, el que es dominante lo es y punto. No se vuelve sumiso. Y menos de la noche a la mañana. Y ella había cedido en pequeños detalles, pero se había recompuesto muy rápidamente y había dejado claro que ella no dejaría de ser lo que era.

Siempre había sido una muchacha con ideas fijas, incluso cuando contrariaba a su padre, aunque luego tuviera que aguantarse con ser castigada. Sólo que ahora ya no había quien la castigara, ni quien la hiciera hacer algo que ella no quisiera hacer. Esto… iba a ser más complicado de lo que él hubiera querido que fuese.

Se tomaron el postre, dándoselo el uno al otro, ya estaban cediendo en eso… ambos. Pero en cuantas cosas estaría Xavier dispuesto a delegar su poder en ella, era algo de lo que ella estaba ansiosa por averiguar y también temerosa del resultado. Le habría gustado que funcionara para ellos, pero sabía que no todo era siempre fácil, por mucha atracción que pudiera sentir el uno por el otro.

Faltaban menos de cuarenta minutos para que diera comienzo la convención. Debían marcharse. Debían ponerse cada uno con sus negocios y obligaciones. El corazón de Diana, dolía por la pérdida que aun no había llegado. Pero sobre todo, sangraba al pensar que él no le había dicho nada más sobre lo que podrían hacer ellos dos. Y sabía que había quedado con Judit para aquella noche… era algo que no se le iba a olvidar tan fácilmente. Su corazón, su mente y su cuerpo, tenían puntos de vista totalmente diferentes respecto a Xavier.

En el trayecto de regreso al Hotel, habían pillado un poco de retención. Eso era Madrid, un caos total de coches en las horas punta. Lo que les había dado unos cuantos minutos de más para disfrutar de la compañía del otro.

-Bueno, espero que esta noche lo pases bien con mi ayudante. – le soltó sin ni siquiera pensarlo, era su espinita y no pudo aguantar más. Ella no era de las que dejaban las cosas a medias.

-Y usted Srta. Gálvez… ¿Qué es lo que opina sobre ello? ¿Le molesta que pueda entretenerme con alguien tan parecido a usted?- Ella se quedó de piedra, no pensó en que él se hubiese dado cuenta de esos detalles. Pero como no, él era un Dom, se fijaba en todos los detalles y tenía en cuenta todo.

-No me molesta en absoluto Sr. Valhonrat, ya le he dicho antes que…

No pudo seguir hablando esta vez, fue él quien la cogió a ella con una mano tras su cuello y se acercó a su cara. El beso empezó pidiendo consentimiento, pasándole la lengua por los labios, tirando de ellos con los dientes, para que ella cediera al beso. – Al cuerno- Pensó ella, sólo es un beso. Abrió su boca para él y no fue un beso suave, tanto uno como otro se pidieron, se exigieron la correspondiente respuesta a lo que se hacían, ambos tenían una lucha de caracteres que ponía al otro en un aprieto. Pero lo resolvieron, fue una lucha entretenida midiendo fuerzas y dando todo de cada uno para el otro. Los dos querían complacerse, aunque los dos quisieran llevar las riendas.

Después de recomponerse tanto uno como el otro del duelo de lenguas que habían tenido, recogieron, el Sr. Valhonrat pidió la cuenta y salieron del restaurante, el coche estaba esperando en la puerta. Les quedaban veinticinco minutos para llegar al hotel y poder arreglarse para la ronda de la tarde.

Hubo un silencio sepulcral dentro del automóvil, durante todo el trayecto, ella miraba por la ventana pensando en si despedir a Judit o simplemente hacer como que no le importaba, por mucho que eso la hiciera sufrir como si estuviera de nuevo en la adolescencia.

Él sin embargo no hacía más que evaluar la situación. Ella esperaba que esa noche tuviera sexo con su ayudante, estaba que se mordía las uñas, unas uñas preciosamente cuidadas por cierto. Se estuvo fijando hasta en el más mínimo detalle, en todos los gestos de su cara, en todos los cambios en su mirada, en la forma de poner las piernas, de anclar las manos, apretándolas y luego estirándolas e intentando calmarse de lo que estuviera pensando. Él estaba seguro de que ella no dejaba de darle vueltas a lo de la cita con Judit. Pero ¿y si se equivocaba? ¿Y si al final después de todo lo que él estaba dispuesto a ceder ella no reaccionaba como él esperaba? Tubo que dejar de hacerse preguntas, no encontraría respuesta que le hubiera satisfecho lo suficiente. Las respuestas tendría que averiguarlas de la forma convencional, con sus actos.

Tras una despedida fría en la puerta del hotel, cada uno tiró para un lado. Él había esperado que ella subiera a su suite, pero no fue así, ese ya fue el primer error dentro de sus planes. Todo tenía solución aun.

Ella pensaba que él iría a su suite por eso había decidido no pasar más tiempo con él, en el ascensor y fue hacia la zona donde estarían reunidos el equipo que trabajaba en los detalles de la organización. Todos estaban allí, en cuanto ella llegó todos sin excepción contuvieron el aire, nadie le miraba a los ojos, pero ella notó que algo no era como de costumbre. No le dio demasiada importancia ella se encontraba demasiado irascible en aquellos momentos.

Tras informarla de todo, Judit se disculpó y salió de la sala para dirigirse a hacer algunos retoques de última hora. Ella dio el visto bueno a sus actos y empezó a tranquilizarse en la medida de lo posible. La mujer no tenía que pagar los platos rotos, ¿quién podría negarse a Xavier?, si con ella las cosas no iban bien, ¿cómo iba a negarle ella que él pudiera hacer su vida a su manera con quien él decidiera? Fuera quien fuera la persona elegida para eso, ella se alegraría por él.

Judit subió corriendo a la segunda planta del hotel, después de dejar todo como su jefa le había ordenado. Justo en el salón que había detrás del bar que estaba en aquella planta, se encontraba Xavier.

Se disculpó por retrasarse, pero no había podido evitarlo. Debía de dejar todo en orden antes de poder desaparecer para encontrarse con él sin que nadie la echara de menos.

-¿Has podido arreglar todo lo que te he pedido Judit?, la mujer lo miró con ojos soñadores y asintió. Le ofreció un sobre y él lo guardo en el interior de su americana. – Todo preparado, ha sido fácil, no pensé que la Srta. Gálvez… - No podías pensar que la Srta. Gálvez… ¿qué?- preguntó él a su vez.

-Bueno en realidad después de todo el tiempo que llevo con ella, siendo su ayudante, jamás la había visto comportarse como lo hizo cuando nos vio antes Sr. Valhonrat. Siempre pensé que era una mujer con un gran corazón, pero que a su vez se comportaba como una mujer fría y… - ¿y? volvió a preguntar él. – Pues que a pesar de tenerlo todo, jamás ha parecido contenta con ello, es como si siempre le hubiera faltado algo. Ha tenido a todos los hombres que ha querido, pero jamás la he visto perder la compostura o subir el tono de voz a nadie, por muy enfadada que estuviera, siempre ha sabido como manejar a las personas. Sin embargo hoy, si usted no llega a estar conmigo, me habría asustado de su forma de hablarme, no dijo nada que no tuviera que decirme, pero… fue su forma de decirlo, ¿no se si me entiende?

-Perfectamente. Sólo espero que todo esté como le he solicitado Srta. Judit, muchas gracias por su ayuda. Por cierto… ¿de qué color son sus ojos realmente, Srta. Judit? La mujer quedó sorprendida por la pregunta, luego miró a la cara de ese hombre tan espléndido que tenía delante y vio en ella una expresión de ternura y complicidad. – Negros, señor. Mis ojos son negros- Pues debería de mostrarlos más a menudo y dejar de usar lentillas a no ser que sea que las necesite para su visión. Ella sonrió ante aquella frase y asintió con la cabeza. –Gracias señor, lo tendré en cuenta. Espero que todo salga como tiene planeado Sr. Valhonrat, por cierto, ¿anulo la cita que tiene usted con la Srta. Gálvez para dentro de tres días? – Preguntó con una sonrisa en los labios- No Judit, no lo haga. Puede ser que tenga que utilizarla de igual manera. Muchas gracias por sus servicios. Le acarició la mejilla y le dio un beso en la mejilla, tras eso, salió directo para su Suite.

Al final llegaría tarde si no se daba prisa. Él no era el que iniciaba la sesión, pero no tardarían en anunciarlo, a lo sumo tenía diez minutos. Tenía que prepararlo todo para que los esfuerzos de la ayudante de Diana, no hubieran sido en vano. Preparar una muda de ropa, darse una ducha y vestirse para dar su discurso. Esperaba no olvidarse de todo lo que tenía en mente de decir en su oratoria. Era de suma importancia que no se mezclaran los negocios con el placer. Y en este caso, el no esperaba que el placer hubiera estado tan cerca de sus negocios. Pero no podía por ello arriesgarse con nada, su imagen tenía que corresponder al hombre que dirigía la compañía más codiciada y envidiada en esos momentos, dentro del ámbito aéreo.

Todo iba viento en popa, su hotel estaba danto el cien por cien a los miembros de la convención, además de atender a los clientes que usaban el mismo, por otros motivos. Todo estaba saliendo como ella quería que saliera, como había esperado que saliera. Magnífico. Ya sabía a quién tenía que hacer su propuesta de negocios. Y eso también era un aliciente añadido. Aunque su actual encuentro con el hombre de sus sueños, no había sido como ella habría esperado, al menos podría tenerlo como socio, claro está, si él aceptara su propuesta. Cuando se lo había comentado por encima en la comida, él no había dado ningún signo de estar interesado, simplemente la escuchaba. Y estuvo de acuerdo con que era una buena empresa la que tenía en mente.

Había estado espléndido, lo había escuchado dar su discurso, sin poder perderse ni una palabra de lo que decía, no podía quitar los ojos de encima a aquel hombre impresionante, le habría echado el guante de no ser quien era, en cuanto hubiera salido de la convención… pero, ese hombre, era distinto, ¡joder! Le deseaba, deseaba poder llevarlo a su cuarto de juegos y poder hacer que el hombre se corriera tantas veces que olvidara como se llamaba. Pero eso no era posible, ella sabía que dos personas iguales, no podrían encajar de ninguna de las maneras, eso sólo pasaría en las novelas rosa.

Se giró y salió del salón dispuesta a meterse en su suite y olvidarse de Xavier, con la ayuda de sus tres sumisos. Debían de estar esperándola, esperaba no perder los nervios con ellos, esperaba que todo marchara como siempre.

Faltaba una hora para las ocho de la noche cuando miró su reloj. Suspiró sin querer darle más vueltas al asunto y apretó el botón de llamada del ascensor. Cuando Judit la llamó, desde la oficina detrás de recepción. La mujer todavía no se había arreglado para salir, al menos esperaba que no fuera con aquellas ropas, las había estado usando durante toda la tarde.

[i]Cuando Diana se acercó a su ayudante, se quedó parada en el sitio. Ella no llevaba las lentillas puestas, sus ojos negros resaltaban con su tez blanca. En verdad era una mujer atractiva, no era de extrañar que le hubiera gustado a Xavier. - ¿Qué has hecho con las lentillas?- fue lo primero que le salió, sin poder evitarlo. – Bueno… en realidad el Sr. Valhonrat me dijo que le gustaría más que fuera lo más natural posible. Y que el color de mis ojos era perfecto, que no debía de taparlos por ningún motivo.- Judit se sonrió a ella misma, al ver como los ojos de su jefa se fueron oscureciendo de la rabia- conocía a esta mujer como a ella misma y no la había visto actuar así por un hombre jamás.


-Bueno eso está bien, dijo más para creérselo ella misma que para la otra mujer. -¿qué es lo que querías Judit?, se te hará tarde para tu cita.

-En realidad quería pedirle un favor personal… verá éste hombre me gusta mucho, no me gustaría meter la pata y… - ¿qué ocurre, en qué crees que puedo ayudarte? Soltó con resignación, ya que no podía ayudarse a ella misma.

-Pues lo cierto es que no voy a poder asistir a la hora que me ha dicho, debería de estar a las ocho, pero… mi hermana se ha puesto de parto, ya sabe, su marido está fuera de la ciudad y… me ha pedido que la acompañe al hospital mientras su esposo llega. Tenía pensado llevarme las cosas y arreglarme en el hospital mientras mi cuñado llega y salir de allí en cuanto me sea posible, he hablado con él y me ha dicho que en dos horas estará sin falta, a no ser que le surgiera algo en el camino… esperemos que no. Así es que una hora la tengo cubierta, pero la otra… y no quisiera que el Sr. Valhonrat, anulara la cita, tengo mucha ilusión de poder asistir. Y sé que si le digo lo que pasa la anulará. Me preguntaba… que ya que el Sr. Valhonrat me había comentado que se conocen desde la niñez, podría hacerme usted el favor de asistir a la hora convenida y explicarle lo ocurrido. Podrían tal vez, charlar un rato y hacerme tiempo para que yo pueda llegar. Si no es mucha molestia para usted claro. Si ya tenía planes lo comprenderé. No tiene porqué hacerme el favor si no lo desea… Es sólo que… bueno estoy tan ilusionada, he estado todo el día pensando en que iba a ponerme y en tenerlo todo perfecto y ahora… Había pensado en usted… pero la verdad que si no quiere…

-No entiendo que no se lo digas a él personalmente Judit, es un hombre comprensivo, seguramente le daría la oportunidad cualquier otro día… - estaba viendo como a Judit se le humedecían los ojos, su cara había cambiado de la euforia al sumo pesar en un instante.- ¡Oh!, está bien… no creo que haya ningún problema en poder entretenerlo una hora, para que le de tiempo de venir. Pero por favor no vuelva a meterme en sus asuntos personales de nuevo.

-¡Gracias, gracias! Se lo agradezco muchísimo, sabía que podría contar con usted, debo marcharme ya… mi hermana me estará esperando.- se giró y salió corriendo, pero al llegar a la recepción y recoger una pequeña maleta de fin de semana, se giró y le dijo a su jefa. – Srta. Gálvez, debe de estar en el bar “sex” a las ocho en punto, dijo que me esperaría en la puerta. Lo cierto es que no se donde está ese sitio, tendré que coger un taxi después. Muchas gracias por todo.- Y salió corriendo del hotel sin dar tiempo a que su jefa reaccionara ante la noticia que acababa de recibir.

-¡joder! “Sex”, era un sitio privado, nadie entraba si no era socio o entraba invitado por algún socio, lo sabía perfectamente. Era un sitio donde el BSDM, se llevaba con la mayor discreción y sus miembros firmaban una clausula para no poder difundir lo que vieran o a quien vieran dentro de aquel lugar. ¿Dónde coño se estaba metiendo? ¿Pero cómo se atrevía a llevar allí a Judit? Sin que ella supiera de lo que era aquel lugar. Le iba a cantar la caña en cuanto lo viera, ella pensaba que habrían quedado en la entrada del hotel. ¡Joder!, ahora tendría que cambiarse y arreglarse en menos de media hora para poder llegar al lugar a las ocho.



Él no debía de saber que ella era miembro de aquel selecto club. Él desde luego que no lo era ¿verdad? Vivía en Barcelona por el amor de Dios, como iba a ser socio de un club que no le pillaba nada cerca de su lugar de residencia. Debería de ir vestida… ¿cómo?, ¡joder!, allí la conocían sabían quien era ella y cómo actuaba, ¿cómo iba a ir vestida como si no supiera a donde iba? Está bien… subiría a su suite y quedaría con sus tres hombres en aquel club un par de horas después de la cita de Xavier, así al menos tendría la esperanza de que… ¿qué? ¡Arrrggg!

Llegó a los ascensores y metió su llave para que el ascensor subiera directamente sin hacer paradas en las otras plantas, debía ducharse y arreglarse, además de decirle a sus sumisos que fueran preparados para una noche bastante ajetreada. Pensaba quitarse la mala hostia y a Xavier de la cabeza a base de sexo, esta noche compartiría a sus sumisos con otra Domina para hacer lo que ya tenía en mente. Olvidaría el motivo por el cual había acabado allí la noche, al menos lo aprovecharía. Una noche de placer tampoco le iría mal, después de todo.

Entró en su suite y… el silencio le cayó como un jarro de agua fría. ¿Dónde estaban?, los llamó, pero no hubo respuesta, ¿qué coño había pasado? ¿Dónde se habían metido? Se acercó al teléfono y vio que tenía una carta y varios mensajes en el buzón de voz. Apretó el botón del teléfono para escuchar los mensajes, pero todos eran agradecimientos, por lo bien que había ido todo. Se masajeó las sienes y decidió que luego abriría el sobre, debía de meterse en el baño y arreglarse si quería llegar a tiempo.


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Última edición por DIABLESA el Jue Nov 29, 2012 11:31 pm, editado 1 vez

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Re: EL AMOR HACE CAER A LOS MÁS FUERTES

Mensaje  nefer el Sáb Nov 24, 2012 10:11 am

por dios, di, no nos dejes asi, queremos otro capitulo yaaa !!!!
que va a pasar en ese reservado??? madre de dios... tercer capitulo yaaaa.
jajajjajaja
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Re: EL AMOR HACE CAER A LOS MÁS FUERTES

Mensaje  DIABLESA el Sáb Nov 24, 2012 10:11 am

En el siguiente capítulo se acaba la historía, jajajajajajajaja. y siiiiiiiiiiii, ya llega todo lo que tiene que llegar, jajajajajaja

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Re: EL AMOR HACE CAER A LOS MÁS FUERTES

Mensaje  DIABLESA el Sáb Nov 24, 2012 10:12 am

nefer escribió:por dios, di, no nos dejes asi, queremos otro capitulo yaaa !!!!
que va a pasar en ese reservado??? madre de dios... tercer capitulo yaaaa.
jajajjajaja

Joooo, yo que quiero hacerlo interesante... para que lo pilleis con ganas, jajajajajajajaja.... que impacientes jajajajajajaja... para que luego no os guste... sería para matarme!!!!! jajajajajaja

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Re: EL AMOR HACE CAER A LOS MÁS FUERTES

Mensaje  nefer el Sáb Nov 24, 2012 10:31 am

sinceramente, creo que a esa cita deberian acudir los bomberos, porque entre esos dos van a saltar mas que chispas,jijijiji
y tranquila di, que no nos vas a defraudar, escribes muy bien, y algo muy importante, sabes mantener la intriga, mira que tengo mi libro en el sofa tirado...jajajja
esperamos el final, aunque te recomiendo que empieces a escribir mas capitulos, que eso no se va a quedar en una noche no??
haber como encajan, digo yo...jajajja
en fin que me quedo a la espera de mas
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Re: EL AMOR HACE CAER A LOS MÁS FUERTES

Mensaje  DIABLESA el Sáb Nov 24, 2012 3:54 pm

Gracias nefer por tus palabras!!! En principio sólo tenía que hacer una escena de una mujer dominante... porque Silenio hizo una en plan duro y a mi me van más en plan placer, jajajajajaja... pero como que me enrollo un montón, no puedo evitarlo, puesssss, ya ves, tres capítulos y todavia no han hecho nada más que darse un par de besos, hay que... jaajjajaajaja. Pero bueno que en este próximo tengo pensado que sea la escena ya por fin, jajajajajaja... luego... pues no se, es que tampoco tenía pensado de hacer un libro, solo una escena y... bueno lo dicho que me enrollo como las persianas, jajajajajaja. De nuevo GRACIAS por tus palabras.

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Re: EL AMOR HACE CAER A LOS MÁS FUERTES

Mensaje  Susana el Dom Nov 25, 2012 5:44 am

Di ....... no te hagas de rogar mas que no me puedo ni concentrar en el libro a espera de lo tuyo ...... ya no tengo uñas

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Re: EL AMOR HACE CAER A LOS MÁS FUERTES

Mensaje  yolandacaste el Dom Nov 25, 2012 7:33 am

La verdad, yo creo que eres buena escribiendo y que te enrollas lo justo, para ponernos nerviosas a las que leemos, para hacerlo más interesante.
Pero por favor, escribe el siguiente episodio, y si puedes un poco más. Je je.
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Re: EL AMOR HACE CAER A LOS MÁS FUERTES

Mensaje  DIABLESA el Dom Nov 25, 2012 2:08 pm

yolandacaste escribió:La verdad, yo creo que eres buena escribiendo y que te enrollas lo justo, para ponernos nerviosas a las que leemos, para hacerlo más interesante.
Pero por favor, escribe el siguiente episodio, y si puedes un poco más. Je je.

Gracias Yolanda!!! en serio que os agradezco las palabras, haceis que me suba el ego al techo, jajajajaa... (no se si eso será conveniente) jajajajaja. Un Saludo

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Re: EL AMOR HACE CAER A LOS MÁS FUERTES

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