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Una Segunda Oportunidad Cap 1 -6

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Una Segunda Oportunidad Cap 1 -6

Mensaje  Betsy Abraham el Miér Sep 25, 2013 10:33 am

Aquí les va el primer capitulo!!!! Recuerden que acepto toda clases de criticas...   



                                                             Una segunda
                                                             Oportunidad
 
 
                    Capítulo  1
 
 
                              Eugenio Bustos, 19 de noviembre de 2012
 
-Junto a aguas de reposo me pastoreará, confortará mi alma…-la voz del pastor se pierde en mi mente y por un breve minuto puedo descansar de tanta presión. Mis ojos recorren los rostros conocidos que nos acompañan. Mucha gente se ha acercado hasta aquí a presentar sus respetos, es lo que pasa en un pueblo chico donde todos se conocen. Mi papa nació en este lugar. Siempre fue un padre cariñoso, hasta que la bebida lo enredo por completo. Sin embargo aún en los momentos de ebriedad nunca fue violento ni nada por el estilo. Lo voy a extrañar.
 El discreto llanto de mi mama se escucha apagado por el pañuelo que tiene en su mano. Esta mas demacrada que de costumbre, los ojos rojos de tanto llorar. La verdad es que no la entiendo, de verdad que no, intento pero no puedo. Toda su vida estuvo quejándose del hombre que fue mi papa.  Primero porque era un inútil que no sabía mantener un trabajo, después porque tomaba mucho y a menudo tenía que ir a buscarlo al bar de José. Y ahora llorando como una magdalena porque ya no está. ¿Quién la entiende?
La mañana se me antoja calurosa, estamos a mediados de noviembre y ya no se soporta el calor y menos aquí en el cementerio a pesar de que hay árboles que dan sombra a lo largo de los pasillos empedrados. La tía Miriam sostiene a mi mama del codo y murmura palabras de consuelo a su oído. Mi hermana aprieta con fuerza mi mano, los nudillos se le ven blancos de tanto apretar. Me lastima pero no importa. Los demás escuchan con atención las palabras del pastor. Están las mujeres de la congregación, algunos hombres vestidos de manera informal y muchos vecinos del barrio. A mi papa le hubiese encantado ver esto. Tanta gente reunida por él.
Cuando el pastor Ricardo termina con el servicio varios pares de ojos se posan en nosotras.Somos un trio de lo más extraño. Nadie diría que Ema y yo seamos muy parecidas. Ema es mi hermana,medimos lo mismo pero hasta ahí llego el parecido.Ella tiene el pelo lacio y rubio, casi del color de las chalas del maíz. Lo heredo vaya a saber de quién porque mi mama tiene el pelo negro aunque ahora se le ve gris por las canas. Lleva el pelo recogido en un rodete. Se le notan más las canas. Mi papa era bien morocho. Nadie sabe de dóndesalió Ema rubia y de ojos azules, algún antepasado seguro era así. En cambio mi pelo es castaño rojizo, ni lacio ni rizado, más bien revuelto. Igual que mi abuela Mabel. Lo odio. Nunca puedo mantenerlo peinado, así que siempre lo llevo atado con una cinta para no quebrarlo. Como ahora.
Yo soy la mayor, tengo veintidós años, Ema tiene diecinueve y a pesar de que es más joven puedo asegurarles que es muy madura. Bueno, a veces no tanto. A principios de este año se fue a vivir a Italia, está estudiando pintura. Trabajó durante toda la secundaria a medio tiempo, ahorró lo más que pudo y se fue del pueblo.  No la culpo.Siempre soñó a lo grande. Yo me conformo con menos, trabajoen una de las  bodegas que hay en Altamira.Soy secretaria de Adriana, la gerente de ventas. Es buena. Me gusta trabajar ahí. Hacen cuatro años que estoy en ese lugar.
-Lo siento mucho. – me dice Estela, la que fuera mi maestra dominical. Y una punzada de nostalgia se cuela por mi pecho sin poder contenerla. Ya es tarde. Nunca voy a volver. La iglesia no es para mí. Los ojos suplicantes de Estela me preguntan en silencio. Pero no puedo. La culpa es más fuerte que el deseo de volver.
-Gracias. – contesto con un nudo en mi garganta. Pero hasta ahí llegó todo. Le tomo la mano a Ema y tironeo de ella para que salgamos del lugar.
 El sol calienta y por momentos la brisa arrastra oleadas nauseabundas de algún mausoleo. El estómago se me revuelve y tiro más fuerte para que ella se apure. Antes de salir me permito dar una última mirada hacia atrás. Chau papa, de verdad que te voy a extrañar.
Tengo que levantar el asiento del Spazio para que mama pueda sentarse atrás. Ema arruga la nariz al subir y tengo que contenerme para no decirle algo.
-¿qué? – le pregunto al fin.
-Nada. -  Contesta. Pero no se contiene. – Sabes que con lo que ganas podrías comprarte algo mejor.
- Si, pero no me interesa. Este auto me lleva a cualquier lado y es barato. –
Suspira. No digo más.
Doy arranque y salgo marcha atrás. Mama esta callada perdida en sus pensamientos.
-Mañana podrían acompañarme a la iglesia. Las dos no van desde hace mucho tiempo.
-Yo paso. – contesta Ema.
-Mama, ya hemos hablado de esto. La iglesia no es para mí. – le digo mirándola por el retrovisor.
-El Señor es para todos los pecadores.- sentencia.–Él va a venir pronto y ustedes se van a quedar. – agrega.
Prendo el estéreo para no escucharla. La música de Il Divo empieza a sonar llenando el interior con una melodía maravillosa.
-Caruso siempre me pareció la más hermosa de las canciones. – comenta Ema con los ojos cerrados. El pelo se le vuela por el viento. Se lo acomoda detrás de la oreja.
-Si, a mí también. – le contesto y me mira aliviada de que no esté enojada con ella. ¿Cómo podría? La quiero.
-Pero Isabel te va más. – continua sonriendo.
Sonrío también. Isabel es mi nombre.
Disfruto del viaje mientras nos dirigimos hasta la finca. La ruta 40 se extiende delante nuestro bordeada de innumerables álamos verdosos. Siempre quedo admirada de esta parte del camino. Es como dice la canción, no es lo mismo el otoño en Mendoza aunque yo agregaría también  el verano.
La casa se encuentra al final de un callejón. Los árboles frondosos forman un túnel verde oscuro hasta el final. El sol se cuela por entre las ramas arrojando haces de luz. Al final del túnel se vislumbra la entrada a la casa. El  parral que la rodea fue plantado por mi abuelo paterno hace ya muchos años. El olor a lavandas nos recibe en un suave abrazo y por un breve momento me permito recordar mi infancia en este mismo lugar.
 
La brisa acaricia mi cara. El mismo aroma a lavandas envuelve mis sentidos. Estoy corriendo detrás de Ema intentando alcanzarla. Ella ríe con alegría infantil. Quiero alcanzarla pero no puedo. Justo en el segundo en que mi mano roza su brazo Ema salta y chilla de gozo al caer en el agua helada de la represa. No lo dudo ni un instante y salto detrás de ella. Al subir a la superficie me acuerdo de que estamos vestidas. Mama se va a enojar. Chapoteo hasta llegar a Ema.
-te alcance. – le digo con alegría.
-¡el agua esta helada! – se queja ella.
-si, y  nosotras estamos vestidas. – le digo-
-¡huy! mama se va a enojar. Salgamos antes de que venga a buscarnos.
-vos primero.- le digo.
-¡serás babosa! – contesta  salpicándome en la cara.
Sonrío con deleite.
 
-¡he! ¿Dónde estás? – pregunta Ema mientras chasquea su dedos frente a mi cara. Esta parada del lado de afuera del auto. Mama entra a la casa.
-Aquí. Me estaba acordando. ¿Te acordás el día que nos largamos a la represa vestidas?
-Sí, nos ligamos un reto de película. – me contesta poniendo los ojos en blanco. – hiciste que yo saliera primero del agua. Mama estaba mirándonos desde la ventana. No me voy a olvidar nunca. Estuvimos una semana entera sin poder salir a jugar ni ver dibujos animados. Fue la semana más larga de mi vida.
-Sí, es cierto.
-¿Querés unos mates? – pregunta terminando con los recuerdos.
-Bueno dale, pero con azúcar. Yo te espero aquí. – le digo mientras bajo del auto y camino con paso lento  hacia la sombra del parral. Me siento en un sillón de mimbre viejo y suspiro profundo.
Ya casi es mediodía pero a la sombra la temperatura es fresca. Mama está cocinando. Lo sé porque se escucha el sonido de las ollas y cacerolas. Y porque además está tarareando una de esas canciones que cantan en la iglesia.  Siempre canta cuando cocina. No le gusta que le ayuden así que cierro mis ojos y me relajo.
Me permito llorar un poco. Mama sigue con su tarareo. Alguien pone un pañuelo en mis manos. Es Ema. Mis sentimientos oscilan desde el alivio hasta el dolor por la pérdida. Y es un consuelo  tener con quien compartirlos.
-Yo no puedo llorar. – Confiesa Ema-  es un alivio ver que alguien de esta familia lo haga. Se sienta a mi lado.
-A ella no le quedan lágrimas. –le digo mirando hacia la cocina.-  Lloró mucho cuando nos enteramos de la enfermedad de papa. Y de a poco nos fuimos acostumbrando a la idea de que él iba a morir.  No la culpo. Aunque a veces tampoco la entiendo.
-¿Cómo fue? Me refiero a cómo llegó papá a ese estado.
-Ya sabés que tomaba.
-Bueno, pero no me acuerdo de que tomara tanto.
-Sí, pero empezó a tomar más. A veces nos avisaban de que lo habían visto caminando a orillas de la ruta totalmente borracho. Todavía no entiendo cómo hizo para que no lo atropellaran.
- ¿Pero por qué? ¿Qué le pasó?. Cuando me fui no estaba así.
-No sé. Pero se fue agravando cada vez más. Ha sido una larga pesadilla. Mamá lo sermoneaba constantemente. Y a veces la sorprendía llorando con mucha amargura. Algo pasó entre ellos que hizo que papá tomara más. Le pregunté una vez a ella pero no quiso decirme nada. Le insistí pero no cedió. Al final dejé de preguntar.
-Sea lo que sea que haya pasado entre ellos la verdad es que ya no importa. Papá ya no está. Y enterarnos ahora no va a hacer que él vuelva. – se lamenta mi hermana.
-¿Y si de verdad importa? ¿Y si fue algo que nos involucra a una de nosotras? – le pregunto.- ¿O a las dos?
-¿Qué tenemos que ver nosotras? Esos eran sus problemas Isabel, no nuestros. La gente casada se pelea por infinidad de cuestiones y casi siempre nada tiene que ver con los hijos.  
-Sí, pero ahí  había algo más. – le digo segura.
-Es tu imaginación.
-No, yo escuche a papá una vez que estaba sobrio decirle a mamá algo que jamás me hubiera imaginado. – le digo bajando la voz más convencida. – para mí eso fue lo que empeoró todo.
Ema se inclina para escuchar lo que le iba a decir.
-¿Qué?- pregunta con ansiedad.
-Él le dijo “que Dios te perdone por haberme mentido todos éstos años Elena porque yo no voy a perdonarte nunca”. Me acuerdo patente de eso.
-¿Eso le dijo? ¿Estás segura? – contesta con sorpresa en su mirada.
-Sí, muy segura. Mamá no supo que decir. Estaban en la cocina y lo vi cómo la miraba. Podría decir que se sentía defraudo, dolido o  incluso humillado.¡Humillado! Pero ¿por qué? Pensé en ese momento. -  Ninguno de los dos me vio. Desde ese día las cosas se pusieron peores. Papa empezó a sentirse enfermo, adelgazó mucho. Cada día estaba más débil. Decidimos internarlo para hacerle algunos estudios pensando que no era algo tan grave.El médico nos explicó que al parecer papá había tenido hepatitis de niño. Tenía el hígado muy dañado, seguramente no lo habían cuidado como se espera en esta clase de enfermedades.Le dio cirrosis. Los médicos intentaron de todo pero nada pudo hacerse.
-Hepatitis. – dice Ema pensativa como si fuera eso el meollo de la cuestión.
-Sí, hepatitis. Parece que la abuela no le prestó mucha atención.
Ema se paró de la silla con aire cansado.
-Hubiese querido estar acá con ustedes. Haberme despedido de él. – llora Ema. – ¡no tendría que haberme ido nunca! – se lamenta.
-Igual se hubiera enfermado. No podrías haber hecho nada. Era como si ya no le interesara vivir. Miro a Ema con pesar. ¿Cómo decirle que su padre no preguntó nunca por ella? ¿Cómo explicarle que cuando queríamos llamarla papá no nos dejaba? ¿Qué cuando hablábamos de ella en su presencia el semblante se le desfiguraba y con profundo desprecio miraba a mamá y apartaba la vista? Ema su querida Ema. No podía entender ese cambio de actitud hacia mi hermana. La regalona y consentida de papá ahora era la que causaba rechazo en él.
Poco a poco dejé de hablar de mi hermana en presencia de mi padre. En aquellos solitarios meses la añoré. Ningún correo electrónico compensaba su ausencia. Ningún llamado telefónico llenaba la necesidad de sentarme a charlar con ella como lo habíamos hecho hasta el día en que fui a despedirla al aeropuerto. Y ahora estaba aquí llorando y lamentándose por no haber podido llegar a tiempo para despedirse de su padre. ¡Y el murió despreciándola! ¡Qué raro se me hacía todo! ¿Alguna vez iba a saber la verdad?.
-Bueno ya nada se puede hacer! Ahora hay que concentrarse en mamá. Tenemos que acompañarla hasta donde más se pueda. Cuidar de ella.
-si es cierto. Aunque si antes hablaba de ir a la iglesia ahora va a insistir más. – le digo imaginándome el bombardeo.
-Bueno pero que conmigo no cuente!. – salta Ema enojada secándose las lágrimas. – esas son tonteras de ella. No tienen nada que ver conmigo. Si antes no fui menos ahora!. Que ni sueñe que voy a entrar alguna vez a una iglesia! –  sentencio cruzando los brazos como una niña empecinada. – y si insiste mucho no me va a quedar más remedio que irme antes de lo previsto. ¡Ja! ¡Son todos una sarta de fanáticos!.
Ema siempre se salía con la suya. No le importaba si en el proceso alguien salía lastimado. Yo en cambio lo pensaba mil veces antes de hacer. Aunque con la cuestión de la iglesia me había plantado. ¡No gracias! Pensé. ¡Era verdad! ¡Suficiente con las cargas propias de la vida para agregarle también un dios con látigo en mano para zurrarme cada vez que según sus estándares yo metiera la pata!¡No gracias de nuevo! Eso había quedado atrás. ¡Yo nunca iba a  volver a una iglesia! ¡NUNCA DIGAS NUNCA! Oí en mi mente.
-Ya está lista la comida. –dice mamá secándose las manos en el delantal.
- Yo no tengo hambre – la rabia de  Ema es palpable. Entra a la casa fulminándola con la mirada.
-¿Qué pasó? – pregunta mamá con cara de incredulidad.
-Nada. – niego. – vamos a comer. – apaciguo tomándola del brazo. ¡Los cambios de humor de Ema a veces desconcertaban hasta al más cauto! ¡Pobre mamá! 
-¿Qué le pasa ahora a tu hermana? ¡No le habrás dicho algo! – la alarma  hace que sus ojos me observen brillantes.
-¿Qué le puedo decir que la ofenda? ¿Me perdí de algo? ¡Si yo no tengo idea! – le dijo encogiéndome de hombros.  - ¿Por qué tanta alarma?
-Por nada.
Paso a la cocina con más duda que nunca. Definitivamente algo raro había. Y al parecer mamá se creía que yo lo sabía. ¡Qué podía saber yo! ¡Me cachis!
 
Es de noche. El  aire nocturno sopla a través de la tela mosquitera. No me hace falta usar cortinas. No hay vecinos  a cientos de metros a la redonda. En el patio se escucha cantar a los grillos.  Miro a través de la ventana y puedo ver alguna que otra luciérnaga. Cuando éramos niñas Ema y yo perseguíamos luciérnagas y las guardábamos en un frasco de vidrio. Nos gustaba ver como se encendían y apagaban. A veces las colocábamos encima de la mesita de luz y nos dormíamos mirándolas embelesadas. Ahora ya casi no hay. Los pesticidas han ido acabando con algunos insectos. Es una lástima.
El cielo está despejado permitiéndome  ver un paisaje de puntos brillantes. Ema duerme en la cama contigua. Su respiración es lenta y acompasada.  Acomodo los auriculares de mi iPod y me acuesto encima del cubrecama. Rolling in thedeep suena en mis oídos. No entiendo mucho el inglés pero me gusta la canción. El ritmo es pegadizo. Los parpados me pesan. La música se aleja de mi mente.
Cuando abro los ojos de nuevo el sol ya entra por mi ventana. Me sobresalto. El reloj indica las ocho y dos minutos. ¡Voy a llegar tarde a mi trabajo! Adriana me va a matar. Dije que es buena pero también es exigente, no le gusta que llegue tarde a la oficina. En realidad jamás lo hago. A mí tampoco me gusta. Por lo general soy ordenada y puntual. Prefiero llegar diez minutos antes a cualquier cita. A decir verdad soy la primera en llegar a las oficinas de la bodega. Adriana me ha dado un juego de llaves de todo el edificio. Salvo Juan, el sereno, nadie se encuentra ahí cuando llego.
Apurada me dirijo al baño para prepararme. Cuando estoy lavándome la cabeza me acuerdo que tengo una semana libre en mi trabajo. ¡Que cabeza la mía!
Adriana y algunos compañeros me llamaron para saludarme. “Tomate una semana”, me dijo ella. “Descansa. Cuando te sientas mejor volvé”. Pero yo no quería tomarme una semana. ¿Qué iba a hacer? Necesitaba estar ocupada. Volver a la rutina No quería tener tiempo libre, no me gustaba.Prefería hacer algo con el tiempo.
Entré a la cocina a desayunar. Ema no estaba por ningún lado. Miré hacia afuera. Busqué en el pequeño galpón donde guardo el auto. Tampoco estaba. Supuse que ella se lo había llevado. Mamá no sabe manejar. Resignada a desayunar sola pongo agua a hervir. Coloco el saquito de té en una taza y vierto el agua caliente. Me gusta el te fuerte así que dejo el saquito en la taza mientras lo tomo.Unto una tostada light con mermelada de durazno. Mama entra apurada.
-¿Ya te levantaste? Pensé que ibas a dormir un rato más. – su sonrisa no llega a sus ojos.
-Me desperté de repente. Me olvidé que hoy no voy a trabajar. – le digo mientras mastico una tostada.
-Cuando terminés podrías ayudarme con las plantas. – sugiere.
-Bueno, ya voy. – le digo mirándola a los ojos.
Incómoda sale al patio. ¿Incómoda? ¡Pero si no le voy a decir nada! ¡Que miércole está pasando aquí!
Suspiro resignada.
La jardinería es relajante aunque no es mi fuerte. Nunca prendió ninguna de las plantas que sembré. En cambio todo lo que Ema toca florece. Es la mano, querida. Solía decirme mi abuela. Bueno, no todos servíamos para todo. Me consolé. De a poco y con cuidado voy sacando los hierbajos de entre las calas. A mamá le gustan. A mí también.
La mañana transcurre sin ningún contratiempo. Cerca del mediodía Ema vuelve. Le pregunto dónde ha estado. Contesta que por ahí visitando sus amigas del secundario. ¡Ella tan sociable!¡A mí me tienen que sacar las palabras con tirabuzón! Saca unas bolsas del auto.
-Te traje algo. – me dice con la mirada brillante.
-¿Qué es? – le pregunto mientras me quito los guantes de jardinería. Sé que soy un desastre pero al menos me cuido las manos.
-Un regalo. – ¡¡me encantan los regalos!! Mis ojos buscan la bolsa indicada.
-¿Por qué? – pregunto frunciendo el ceño.
-Porque quise.
¿Porque quise? ¡Eso no es propio de ella! Algo está tramando. Ema me mira ofendida. Mi cara es demasiado transparente. No se esconder mis emociones.
-Lo vi y me gustó para vos. – me dice con gesto despreocupado. Así es ella, un momento enojada y al otro como si nada.
-Gracias. – le digo mientras me pasa una bolsa de una marca  conocida. La interrogo con la mirada.
-Tunuyán.
-Ah.
El vestido es hermoso. De un verde profundo como las esmeraldas. Tiene un corte debajo del busto con una ancha cinta de seda negra. Me lo pruebo por encima. El escote también es profundo. Mi ceño se arruga.
-Te vas a ver fabulosa con él. Te hace resaltar el verde de tus ojos. – aplaude Ema con entusiasmo.
-Y a dónde se supone que voy a ir con él. – le pregunto con sequedad.
-¡Hay! ¡Isabel no seas aguafiestas! ¿No tenías acaso la cena de fin de año en tu trabajo?
-Sí, pero eso es dentro de ¡dos semanas! – le digo.
-Bueno ¿y que se supone que hiciera? Dentro de dos semanas ese vestido ya no iba a estar ahí. ¡Tanto problema por un estúpido vestido! En serio Isabel ¿Qué te pasa?
-Papá no lleva ni dos días enterrado. No quiero hablar de cenas o fiestas. – me lamento. – No me apetece.
Ema me abraza.
-Perdoname. Tenés razón. No sé lo que me pasó. Si querés lo devuelvo. – sugiere no muy convencida.
Suspiro. No lo va a devolver.
-No, es muy bonito de veras. Me gusta. Gracias. – contesto aunque quisiera agregar algo mas pero no me animo.
-Dentro de dos semanas las cosas van a ser diferente.-concluye.


Última edición por Betsy Abraham el Miér Jun 18, 2014 4:32 pm, editado 5 veces
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Re: Una Segunda Oportunidad Cap 1 -6

Mensaje  Heidy78 el Miér Sep 25, 2013 10:43 am

Lo voy a leer y te cuento que me a parecido!!!
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Re: Una Segunda Oportunidad Cap 1 -6

Mensaje  MEG el Miér Sep 25, 2013 10:47 am

OK mañana lo leo y te cuento linda!!!

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Re: Una segunda oportunidad cap 1y 2

Mensaje  Betsy Abraham el Mar Oct 15, 2013 12:53 pm

Hola a todos estoy de vuelta!!! Despues de haber estado un tiempo alejada he vuelto con las pilas recargadas...Les dejo el segundo capitulo para que lo lean, espero que comenten si es de su agrado o no!!!Very Happy Very Happy 


Capítulo 2
 
 
Dos semanas después las cosas sí que fueron diferentes. Ese fin de semana tenía lugar la celebración de fin de año. Todo el personal de Bodegas Weich estábamos invitado. Ema había insistido en que fuera, por supuesto ella también quería ir, así que me deje convencer por una hermana bastante obstinada. A mí no me gustaban las fiestas. Prefería ir a cenar a algún lugar tranquilo o al cine pero definitivamente no a una fiesta. No me gustaba estar tan expuesta. Me ponía nerviosa.
Hacía unos días que había reanudado mi trabajo. Esa mañana como todas me levante bien temprano para tener tiempo de cargar combustible y desayunar. Lo malo de mi auto es que tiende a ser muy tragón. Papá me decía que con gas gastaría menos. Nunca me decidí a cambiar.
Me gustaba esa hora de la mañana. El aire era fresco. El cielo limpio. Mientras el empleado llena el tanque de combustible  bajo por mi cappuccino matinal. Un flamante Mercedes Benz blanco con vidrios polarizados se acerca y estaciona al otro lado de los surtidores. Es la clase de autos por la que muchos giran la cabeza para admirar. Es descapotable.El conductor baja.
-Hola Pedro. – dice la voz profunda. – el tanque lleno como siempre. – se oye decir.
Trato de ver de quien es la voz pero la bomba me lo impide. Es una voz profunda y melodiosa. Desisto y me dirijo hacia la puerta acristalada del shop. Me urge tomar algo. No puedo empezar la mañana si no ingiero algo sólido.
-Hola Ceci – saludo a la cajera de turno. Ella está acomodando la mercadería.
-Hola Isabel. Recién me llegan las medialunas. – me dice. Ella sabe que me gustan las facturas fresquitas.
- ¿De manteca?- Pregunto esperanzada. Se me hace agua la boca.
-Sí, tus preferidas de siempre. – contesta mientras extiende una brillante y dorada medialuna hacia mí.Me dirijo hacia un rincón del shop y tomo asiento en una de las sillas. ¡Qué placer es comer sin culpa!  Me deleito en el sabor suave de la masa dulce recién horneada. Suspiro de placer mientras mis ojos se cierran de forma involuntaria.La bebida caliente esta deliciosa. El aroma a chocolate y canela envuelve mis sentidos. Amo ese momento de la mañana. Lo disfruto. ¿Qué importan dónde terminen esos gramos de más?. Seguro que en alguna parte por debajo de mi cintura. Tiendo a ser rellenita. Pero no me importa. Nunca he hecho dieta. Estoy bien así. Me gusto. ¿Y qué? ¡Al que no le guste que no mire!.
La puerta se abre de nuevo. Es el conductor del Mercedes Benz.El aire empuja una suave fraganciaalmizclada hacia mí. Es de él. Aspiro con disimulo. Es agradable. Y es raro porque normalmente los perfumes de hombre no me agradan. Son demasiados fuertes para mi gusto. Trato de echar un vistazo. Las máquinas de café no me dejan ver su cara. Mi estatura tampoco ayuda. Pero es alto. ¡Bah a mi lado cualquiera es alto! Se está sirviendo un café. Parece apurado o impaciente.Su teléfono suena con una música que reconozco como ópera.
-Hola. – escucho su voz con atención.- si, en un rato estoy por allá. Es mi bodega claro que se llegar. – se impacienta. – no, ya voy. – cuelga. ¿Mi bodega? No lo creo. Sería mucha coincidencia. Hay muchas por esta zona. Pienso.No. No lo creo.
Me apuro en terminar mi cappuccino. Salgo del shop y me olvido por completo del extraño.
El camino hacia mi trabajo es hermoso. Un largo recorrido de calles sinuosas me aleja de las zonas urbanas. De a poco las casas van desapareciendo. Antes mis ojos las grandes extensiones de viñas se abren en un paisaje típico de este lugar. Todo es verde y maravilloso. De fondo se ve la impresionante Cordillera de los Andes en tonos que van desde el marrón azulado hasta los típicos picos blancos. Parece al alcance de la mano.
Llego a la bodega sin ningún contratiempo. Ernesto me saluda con la mano en la garita de entrada. Manejo por la ancha calle de tierra. El camino discurre por entre las viñas que se extienden hacia los costados en filas ordenadas y limpias. Como siempre soy la primera en llegar.
-Buenos días señorita Cortez. – saluda Juan acercándose al auto. – recién termino, es todo suyo. – duda un poco. – quería decirle que siento mucho lo de su padre, me hubiese gustado saludarla antes. Estuve fuera.
-Gracias Juan. Es muy amable. ¿Qué tal la noche? – bromeo con él intentando cambiar de tema.Me pone incómoda hablar de mi padre. El hombre se jacta de ser todo un valiente al quedarse solo en el edificio. Aunque no está totalmente solo. Ernesto, el guarda de la entrada principal, lo acompaña todas las noches. Sin embargo Ernesto está a una distancia de poco más de un kilómetro. Si Juan necesitara ayuda tendría que recorrer esatrayecto a pie. En varias ocasiones me ha contado que oye ruidos extraños en el techo. Le sugerí que quizás eran gatos o lechuzas, las había a montones por aquí. Pero él insiste en que es un alma en pena. “Almas indígenas” más precisamente. A mí me da mucha risa pues no creo en ninguna de esas cosas. Aunque es verdad que a hasta principios del siglo pasado estas tierras estuvieron habitadas por los huarpes. Ja!, pero de ahí a que anden rondando sus fantasmas hay un abismo.
-ha sido una noche tranquila señorita. Nada raro para contar. – contesta con humor.
-bueno, me alegro entonces. –le digo con una amplia sonrisa.- que descanse.
-Gracias señorita. ¿ está usted  bien? – pregunta preocupado.
- Sí, estoy todo lo bien que se puede  en estas circunstancias. – le digo. Su insistencia me pone incomoda. No me gusta hablar de eso.
-Bueno, entonces que tenga un buen día.
-Gracias Juan. Que descanse. Saludos a doña Basilia. – le digo mientras abro la puerta de entrada. Lo veo alejarse por  el camino empedrado con paso lento. Mauricio su hijo ha venido a buscarlo. Me saluda con la mano desde el auto. Le devuelvo el saludo. Empujo la puerta y  entro al edificio.
 La temperatura ahí es agradable. Solo se oye el zumbido del aire acondicionado. En pocos minutos van a llegar los demás. Así que aprovecho los minutos de silencio. Mis tacos repiquetean en el  frío y brillante suelo de cemento. El mostrador principal es curvo y amplio y tiene toda clase de artilugios tecnológicos. Todo en este edificio es de ladrillos y cemento crudo. En las paredes cuelgan grandes fotografías antiguas. Se pueden ver al dueño de la bodega en diferentes situaciones. Montado en un viejo tractor con un niño pequeño sentado en una de sus rodillas. Podando viñas. Cada foto fue tomada en Inglaterra y Argentina  en las viñas familiares según me explicó Adriana cuando se lo pregunté.      
Abro la puerta de mi oficina y camino hacia la ventana para levantar las persianas.La luz natural entra a raudales. Hago lo mismo con la oficina de Adriana. Esta es más amplia que la mía y más personal. Diferentes retratos familiares descansan en su escritorio. Puedo ver una Adriana sonriente con dos niños tan rubios como ella.  Un labrador soñoliento. A ella con su esposo Tomás en alguna playa. Recorro mi vista por el lugar buscando que esté todo en orden para cuando ella llegue.
Mi oficina en cambio es pequeña y estéril. Nada está fuera de lugar. Ninguna fotografía que indique nada personal. Solo cuadernos y lapiceros, un teléfono de dos líneas y mi computadora. Lo justo y necesario para hacer mi trabajo de forma eficiente. Me gusta lo que hago y lo disfruto. La etapa de comercialización del vino es algo que se toma muy enserio en Bodegas Weich tanto como su elaboración. Un vino bien producido no tiene chances si no se proyecta una buena campaña publicitaria o si no se cuenta con el cliente apropiado.  Yo era parte de eso. Me complacía.
De a poco mis compañeros de trabajo van ocupando sus lugares. El edificio comienza a cobrar vida. Los sonidos característicos, las risas y conversaciones son parte del día a día en este lugar. Somos un gran equipo que trabaja codo a codo para posicionar a nuestros vinos en los primeros lugares a nivel mundial.
-Hola Isabel.– la voz de Adriana me saca de mis pensamientos.
-Hola Adriana. ¿Cómo estás?
-Buf muerta de sueño! – Rezonga – Anoche no pude pegar un ojo.
-¿Qué te pasó? – pregunto con interés. Le noto los ojos cansados.
-Belén tuvo fiebre toda la noche – Belén es la hija pequeña de ella. Tiene cuatro años - Por momentos deliraba. Tomás tuvo que llevarla al hospital. – concluye.
-¿Qué le dijeron?
-A simple vista no le encontraron nada. El pediatra que la vio dice que parece infección urinaria o eso parece. Le pidió análisis así que Tomás la llevo esta mañana al laboratorio. – arruga la nariz al pensar.
-Agg!! Agujas, pobre niña!!- me estremezco de solo pensarlo. Odio las agujas y todo lo que tenga que ver con hospitales.
-Sí, lo mismo pensé yo. – suspira preocupada.
-Seguro que se repone. Los niños tienen capacidad para reponerse mejor que los adultos.
-Tenés razón. Lo más probable es que en dos o tres días ande como si nada. Por lo menos para su cumpleaños ya va estar mucho mejor. No me iras a fallar? – achica los ojos al preguntar.
-Claro que no!. – pongo los ojos en blanco. Ella sabe que no me gustan los eventos donde hay mucha gente. No se me da bien el entablar conversación con extraños. Pero por Belén cualquier cosa. Esa niña me puede. Es una ricura!
Cambio de tema.
-En tu escritorio puse  la lista de clientes que ayer me pediste. Están por orden alfabético. – le digo. Enciendo la computadora y me siento a llenar unos formularios.
-Gracias. – se oye decir desde el otro lado. – ¿te volviste a quedar hasta tarde? – el tono de voz es de reproche. No le gusta que me quede sola trabajando.
-No me quedó más remedio. – le digo. Aunque la verdad es que no me importa.
-Podrías habérmela dado a la tarde. Al fin y al cabo podía prescindir de ella por unos días más.
-No hay problema. Además cuando menos lo esperemos va a empezar la temporada de verano. Y se nos va a acumular el trabajo. – le prevengo.
-Bien. Entonces no te importa si te pido que te contactes con la mitad de esta lista. - Pregunta parada en la puerta mientras agita la lista en su mano.
-No, mientras antes empecemos con eso tanto mejor. Ayer llamaron del Ecuyo. Quieren duplicar el pedido que hicieron el mes pasado.
-Bien, eso nos quita como mínimo una semana. Vamos a tener que llamar a Claudia para que nos ayude o no vamos a llegar a tiempo para las fiestas.
-Ok, yo la llamo.
Pasamos la mañana llamando a los clientes y confirmando la cantidad de pedido para cada uno. Es gratificante ver cómo se trabaja en esta época del año.Los hoteles de la zona o de otros departamentos y los diversos  restaurantes son visitados por turistas, en su gran mayoría extranjeros. Y a medida que se intensifica el turismo aumenta también la demanda. Son meses agotadores, pero como dije muy gratificantes. Los vinos Weich son recomendados en todas partes del mundo especialmente el Malbec Premiun y el Syrah Golden.
-Yo creo que con esto terminamos por ahora. – dice finalmente Adriana mientras se toca el puente de la nariz. La mañana ha avanzado velozmente y pienso que ha sido provechosa.- en pocos minutos llega el hijo del señor Weich, tengo que hacerle un recorrido completo de la bodega. Vamos a tener nuevo jefe. – explica.
-¿Cómo nuevo jefe? ¿Qué paso con el actual? ¿Y quién es el hijo?. – ¿No será? No demasiada coincidencia. Que estoy pensando, solamente escuche su voz. Ni siquiera lo vi. Pero esa voz… ¡Pero qué estoy pensando como si se fuera a fijar en mi Ja! ¡Que tonta!
-Sebastian Weich. – me contesta como si yo supiera quien es ése.
-Si bueno mucho gusto. En los años que llevo aquí nunca lo había escuchado nombrar. ¿Y qué paso con su padre?
-El hijo prodigo ha vuelto y quiere ayudar a su progenitor a administrar las bodegas. Se cansó de vagar por el mundo. – la miro. ¿Cómo sabe ella tanto? – Es lo que escuche por ahí. – contesta a la defensiva.
Por ahí ¿dónde? me pregunto.
-Sea como sea no voy a poder descansar ni siquiera para almorzar. Dicen que es un engreído de aquellos – se lamenta. A veces Adriana parece una adolecente y no la gerente de ventas que se supone que es.
Se me ocurre una idea. Nono, mejor no. Pero sin contenerme me ofrezco. ¿Y si no fuera él?.¡Solo fue una voz Isabel! ¡Un día de estos mi curiosidad me metería en apuros! La curiosidad mato al gato, así dicen. En todo caso si no era la curiosidad el aburrimiento sí que me iba a matar.
-Si tanto te molesta puedo hacerlo yo.- digo al fin como quien no quiere la cosa, tratando de no demostrar ansiedad.
-¿Me harías ese favor?. – la esperanza brilla en sus ojos azules.
-Sí, ¿por qué no? Ya termine lo que tenía que hacer.
-¡Sos un ángel! ¡Gracias! – pero ya estoy dudando. Y si no fuera él. Planta un sonoro beso en mi  mejilla.
-Si bueno ¡esa soy yo! – trato de convencerme a mí misma.- ¿Pero no se supone que Joaquín le haga el recorrido? – pregunto. Joaquín Fontana es el ingeniero agrónomo de la bodega y se supone que es él quien tiene mayor conocimiento del manejo del lugar. Él y diez personas más se encargan del funcionamiento de todo el lugar. Al menos podría hacerlo algún subordinado suyo. Pero definitivamente no el departamento de ventas.
-Joaquín no está. Uno de los tractores se descompuso y hasta que él no vuelva no hay nadie más. Todos fueron a ver que paso – contesta con una mueca. – si te estas arrepintiendo…
-¡No! ¡Nada más preguntaba! Lo hago yo no te hagas problema, total ya terminamos. – me apuro a contestar.
-Bien entonces, mucha suerte porque me parece que ahí viene. – contesta nerviosa.
El murmullo de voces se oye cada vez más cerca. Aldana, la recepcionista aparece en el umbral con aspecto asombrado y un tanto nervioso. Detrás de ella viene un hombre alto y apuesto. Su atractivo quita el aliento. Le calculo unos treinta años más o menos. Viste jean negros y camisa blanca. El pelo corto alborotado. Le queda bien. Es realmente apuesto como esos modelos publicitarios que uno sabe ver en los catálogos.
-Por aquí señor Weich. - le indica con la mano para que pase al tiempo  que se hace a un lado.
 Adriana se pone de pie para saludarlo.
-Señor Weich mucho gusto mi nombre es Adriana Morales y soy la gerente de ventas. – se presenta mientras extiende la mano. Noto que su pulso tiembla levemente.
-Señorita Morales, el gusto es mío. – me paralizo. ¡Es la misma voz de la estación de servicio!. El corazón me retumba en los oídos.¡¡No puedo creerlo!!¡¡De todas las bodegas que hay por aquí y termina justo en esta!!
-Por favor llámeme Adriana. – pide ella. – ella es Isabel Cortez, mi asistente. – me presenta.
Sus ojos chocolates se posan en mí con interés. Sigo paralizada. Intento hilar mis pensamientospero no puedo. Adriana carraspea para sacarme del trance. ¿Qué tengo que decir? ¡Dios mío! ¡Va a creer que soy una completa idiota! ¡¡No séqué tengo que decir!!
-Isabel él es el señor Weich. – insiste Adriana.
-Señor Weich… - grazno y me aclaro la garganta. – mucho gusto. – al menos eso sonómás seguro.¡Pobre de mí!
-Mucho gusto señorita Cortez. – me saluda con un apretón cálido y firme. Mi corazón se dispara a mil. Para mi consternación me sonrojo.
-Por favor llámeme Isabel. – le contesto imitando a Adriana. Intento parecer segura.¡Dios mío es mucho más alto de lo que me pareció!
-Isabel. – pronuncia mi nombre haciéndolo con una cadencia musical.¡¡Creo que voy a derretirme!! Adriana se da cuenta. Pone los ojos en blanco sin que él la vea.
-Isabel le va a mostrar las instalaciones. Lamento decir que nuestro ingeniero no va a poder venir. Hubo un desperfecto en uno de los tractores que está trabajando. Me llamó para avisarme esta mañana.  Los demás están en las inmediaciones ocupados. – se disculpa.
-Si ya lo sé. Yo también hable con él esta mañana y me puso al tanto. Espero no haber llegado en mal momento. No me gustaría ser una molestia. – su mirada vaga entre ambas disculpándose.
¿Qué paso con el hijo engreído? ¿Acaso no dijo Adriana eso? ¿Por qué se disculpaba?
No por favor,no es ninguna molestia! – se apresura a contestar. Ella también esta asombrada. – Si le parece, Isabel puede mostrarle ahora mismo losestablecimientos.
-Como no.
-Por aquí – le indico.
Me apuro a salir antes que él por la puerta. Camina detrás de mí. Puedo sentir su mirada en mi espalda. O eso creo. No sé. Giro mi cabeza para mirarlo.
-Vamos a empezar por la bodega subterránea. Si le parece bien. – intento parecer tranquila. Solo se oyen mis pasosrepiqueteando en el pasillo de cemento.
-Lo que usted diga.
-¿Tiene algún conocimiento sobre el funcionamiento de una bodega? – intento parecer profesional. Estoy nerviosa. Esto no se me da bien.
-Me crie en una de ellas. – su tono es seco.
-Disculpe, tiene usted razón.  – ¡¡Que pregunta más estúpida Isabel!!
-Está bien, no se haga problema. – su voz es más suave.
Salimos al calor del sol. Es agobiante. Al momento me arrepiento de haber venido con tacos altos, si hubiera sabido me habría puesto algo máscómodo para caminar. El sendero que separa las oficinas con el área de producción esta enripiado lo que hace que me sea casi imposible caminar derecha. Es realmente vergonzoso e incómodo.
-Déjeme ayudarla. – se ofrece mientras coloca una mano en mi codo izquierdo. Me sobresalto. No estoy acostumbrada al contacto ajeno. Me da vergüenza y siento como mis mejillas se colorean. Otra vez su perfume. Su ceño se frunce. Parece disgustado por mi torpeza.
-Pensara que soy una tonta. Pero no creí que hoy tuviera que salir de las oficinas. – Me disculpo. Mi corazón late más fuerte a causa del calor y de su contacto. Su aroma me envuelve.
-No tiene usted que disculparse conmigo. Esto tendría que hacerlo Joaquín. – contesta entre dientes. – Ayer hable con él y le avise que estuviera preparado para recibirme. –parece disgustado con él, no conmigo.
Suspiro de alivio. ¿Qué te pasa Isabel? Es tu patrón o lo será muy pronto. ¿Qué importa si se enoja con vos? Me doy una patada en la sesera.
-Tiene que disculparlo. Hoy están todos muy ocupados. – le digo.
-¿Acostumbra a defender a todo el mundo? –  su voz destila ¿Qué? Fastidio. Diversión. No sé.
-Sí, algo así. Digamos que soy una especie de mediadora. – me encojo de hombros. – no lo puedo evitar, me sale de adentro. – concluyo. Hemos llegado a la sombra del inmenso galpón. Se detiene frente a mí. No puedo verlo. Estoy encandilada.
-¿Que más  le sale de  adentro? – su pregunta me desconcierta.
-¿A qué se refiere? – mi corazón se desboca.
Suspira. Mis ojos se acostumbran a la tenue oscuridad. Estáobservándome. No logro descifrar su mirada. Es intensa.
-Nada. No me haga caso. – contesta con el ceño fruncido. Se ve contrariado.– ¿Supongo que es por aquí? – concluye señalando el camino.
Intento ordenar mis pensamientos. ¿Qué quiso decir? ¿¡No estará coqueteando conmigo!? No lo creo. ¡¡Ya quisieras Isabel!!Seguro que fue otra cosa. ¡Lo más probable es que se esté riendo de vos Isabel! Se burla mi subconsciente.
-Sí,es por ahí. – me apuro a seguirlo.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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Re: Una Segunda Oportunidad Cap 1 -6

Mensaje  MEG el Mar Oct 15, 2013 12:56 pm

Gracias Betsy!!!

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Una segunda oportunidad

Mensaje  Betsy Abraham el Mar Mayo 20, 2014 5:39 pm

Después de mucho tiempo vuelvo a retomar...debo decir que se me pincho el animo de escribir y todo eso...el tiempo pasa  y a ninguna editorial le interesa lo que escribo y eso hace que mi animo se venga abajo....pero no quiero abandonar...
Si alguien de este foro leyó los dos primeros capítulos de Una segunda oportunidad y le interesa que siga colgando los demás capítulos avísenme y con gusto continuo...un beso para todos.
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Re: Una Segunda Oportunidad Cap 1 -6

Mensaje  fenrir_406 el Miér Jun 04, 2014 2:36 pm

betsy, acabo de leer los dos caspitulos seguidos, estan muy buenos aunque me gustaría que las cosas no fuese como parecen ser... un poco de misterio no sería malo por lo que de verdad espero que planees hacer no sea exactamente aquello que se puede predecir Very Happy porfiiiiis
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Re: Una Segunda Oportunidad Cap 1 -3

Mensaje  Betsy Abraham el Sáb Jun 14, 2014 8:32 am

Hola Fenrir espero que te guste y perdón si me salio un poco predecible!!!! no acomode nada...tal cual salio asi quedo!!!    





Capítulo 3





 

Hoy es viernes. Mañana es la fiesta de fin de año. Ema estámás entusiasmada que yo. Me convenció de que la invitara a la cena. Le encanta esos eventos más que a mí. Nos ha pedido turno en la peluquería. Me estremezco de solo pensar lo que tiene planeado hacerme. No me gustan los peinados elaborados. Tampoco el maquillaje excesivo. Tengo un nudo en la panza de puro nervios. Ema tiene ese efecto en mí.

El día ha pasado sin pena ni gloria. Termine de mandar los últimos emails de confirmación para los clientes rezagados de la temporada. Siempre hay alguno. Los rayos del sol entran a través de las persianas en mi oficina. Afuera hace calor. Pero adentro se está fresco. Es agradable. No me gusta mucho el calor. Prefiero el frío. Me encanta el invierno. La montaña nevada es uno de los paisajes más fascinantes. Definitivamente el verano no es para mí. He perdido la cuenta de cuanto hace que no voy a una pileta pública. Creo que desde mi niñez. No me gusta exponerme. Creo que ya lo he dicho. Me da vergüenza. No me gustan los picnics. Tampoco tomar sol. No soporto el sol fuerte. En fin, nada de lo que tenga que ver con el verano es bueno para mí. Bueno sí. El helado. Eso sí que me gusta.

Suspiro. ¡¡¡Ay!!! Un helado estaría bien para esta hora de la tarde. Mi estómago protesta de hambre. Se me pasó el almuerzo.

Llamo a la puerta de Adriana.

-Si adelante. ella está mirando el monitor de su computadora y comparándolo con algunos papeles que descansan en su escritorio.

- Quería avisarte que termine antes. Voy al bufet a tomar algo. No he almorzado. ¿Querés que te traiga algo?

-No gracias estoy bien así. me mira con curiosidad. - ¿estás bien? ladea su cabeza. Lacuriosidad brilla en su mirada.

-Si ¿por? mi corazón da un brinco.

-Mm….por nada. baja su mirada a los papeles que tiene en su mano.

Aprovecho para huir. Prefiero no insistir.

Camino por el sendero empedrado hasta llegar al bufet al otro extremo de las oficinas. El camino discurre por entre pimientos que brindan apenas una sobra a medias. Uf!! El calor espesado. El lugar esta desierto. Pido una gaseosa con un tostado. La verdad es que estoy famélica. Es una suerte que no se me haya bajado la presión. No he comido nada desde el desayuno. Son las cuatro. Mucho tiempo. Me permito relajar un poco mi cuerpo.

La semana se me pasó volando, es increíble cómo transcurre el tiempo sin importar lo que hagamos para detenerlo. Vuela sin respiro. No se recupera aunque queramos.

Y en ese tiempo no he vuelto a verlo. No regreso a la bodega en ningún momento. Fue como si nunca lo hubiese conocido. Como si se lo hubiese tragado la tierra. O como si nunca hubiese existido. Sebástian no regreso. Aunque no pude sacármelo de la cabeza. El chocolate de sus ojossigue grabado indeleble en mi memoria. Estos últimos cuatro días han sido los más largos de mi corta vida.¿Qué te pasa Isabel? ¡¡No es propio de vos!!Grita mi subconsciente. ¡¿Que qué me pasa?! Bueno señoras y señores creo que este hombre me ha afectado más de lo que me gustaría admitir. Esa es la pura verdad.

¡Aunque no lo reconocería delante de nadie ni por todo el oro del mundo! ¡¡Típico!! Enamorarse del patrón. ¡¡Ja!! Isabel ni que fueras la heroína de una novela de Corín Tellado!!Bueno al menos puedo soñar por unos días ¿no? ¿A quién le importa si vuelo un poquito? ¡¡No le hago mal a nadie!! ¡¡Te estás haciendo mal a vos misma!! Mi subconsciente menea la cabeza con preocupación.

-¿Puedo sentarme?

La voz me saca de mis pensamientos no tan agradables. Es Luciano, del departamento de publicidad.

Suspiro con resignación aunque trato de disimularlo un poco. No sé si puedo. Este hombre es de lo más insistente. No entiende cuando una mujer le dice que no. No hay nada más desagradable y fastidioso que un tipo tirándote los galgos todos los santísimos días y que no entienda que no querés saber nada con él. Le he dicho de una y mil maneras que no me interesa para nada. Pero el muy bellaco insiste como si lo estuviera alentando a hacerlo.

Lo miro con una falsa sonrisa en mi rostro.

-Ya me iba. le corto. Al tiempo que me pongo de pie.

-Bueno te acompaño. sus pequeños ojos turbios me miran con insistencia.

Le hago una mueca a ver si entiende.Sí, creo que me entiende pero no le importa. O a lo mejor no entiende. ¡Qué sé yo! Me parece que le falta una corrida de ladrillos.

-Si insistís. no me queda otra. Camina a mi lado arrastrando los pies. Agg!! ¡Es irritante!

-Que notición, ¿no? intenta entablar conversación lo cual es una tortura. No tengo nada en común con este hombre.

-¿Qué? suspiro. No quiero tener que aguantarme una charla insustancial.

-Lo del nuevo jefecito. ¡Ja! ¡Estos tipos se creen que se pueden llevar el mundo por delante!¡Dos mangos de más y ya se creen unos dioses! Me han dicho que va a dar vuelta la bodega. la voz destila desprecio y un dejo de algoque no logro identificar. Mm ¿Envidia? Sí, creo que es eso.

Frunzo el ceño. No me gusta lo que está diciendo. Siento un intenso deseo de defender a Sebástian.

-No me parece de buen gusto hablar mal del señor Weich. mi voz lo desaprueba. eso es ruin y despreciable. lo censuro.

-¡Bah que importa! contesta con más desprecio aun. - ¿Qué? ¿Vos también lo defendés?

Cabizbajo se aleja de mi con las manos en los bolsillos y murmurando algo como "esta también, son todas iguales". O algo por el estilo. Bueno al menos me dejo tranquila. Bah. ¿Qué mosca le picó? Uf!! Al menos se fue. Es un alivio.

Me apuro a llegar a mi oficina. ¡¡No vaya a ser que se arrepienta y vuelva!!

-Eh! ¿Qué te pasa? pregunta Adriana al verme entrar sin aliento.

-Nada, es el asno de Luciano, otra vez. ¡Ese tipo es insoportable!

-¿Que te hizo esta vez? pregunta cruzando los brazos. Su mirada brilla con diversión.

-Se me pegoteó en el bufet. miento. Un poco, nada más.

-¿Y? no es la primera vez. Hasta donde te conozco siempre le has parado el carro perfectamente. ¿O hay otra cosa? ¡Suspicaz como siempre!

Contengo el aliento. ¿Cómo sabe? La pausa me manda al frente. No me queda otra, tengo que contarle.

-Se puso a comerle el cuero a Sebast… al señor Weich. corrijo a tiempo. O no tanto.

-¡¡Aja!! ¡¡Yo sabía!! ¡¡Ya me lo venía venir!!! Eso es lo que te estaba pasando su dedo me acusa.

-No sé de lo que estás hablando. intento ponerme seria, pero el rubor me delata. No se mentir.

-Enserio Isabel, ¿Justo de él? ¿No había nadie mejor? ¿Alguien que no te haga puré el corazón? ¿Alguien más joven quizás? me regaña con preocupación evidente en sus ojos. Y de pronto esa muestra de cariño me desarma por completo.

-¡No es viejo! lo defiendo.

Me siento. Las lágrimas calientes me dañan los ojos.

-¡¿Y qué se yo?!! ¿Te crees que lo hago queriendo? ¡No he podido sacármelo de la cabeza! me lamento tomando mi cabeza entre mis manos.

Los brazos cálidos de Adriana son un consuelo para mí. Es un alivio poder soltarlo de una vez. No sirvo para guardarme nada. Esto ha estado angustiándome por cuatro largos días.

-Ya se nos va a ocurrir algo alienta.

-Sí, claro. ¿Como qué? su respuesta me causa gracia.

-Siempre hay un roto para un descosido. contesta con una media sonrisa. Prefiero no preguntar a qué se refiere. Bueno, sí sé a qué se refiere. Lo que no quiero saber quién es el roto o descosido.

-¡¡Ay no Adriana, por favor eso no!! rezongo.

Agg!! ¡¡Esto se va a complicar!!



 





Tomo una larga ducha en mi casa. ¡Que gusto! El agua caliente me relaja los hombros. Es una sensación deliciosa. Suspiro. El perfume a coco del champú me ayuda a calmar mis nervios acumulados de toda una semana. La casa está vacía. Mama se ha ido a la iglesia. Ema a tomar algo con unas amigas. Así que tengo la casa para mi sola. He puesto música. Me gusta escucharla a todo volumen cuando no hay nadie que me interrumpa. Lilly Goodman canta "Una vida". La voz potente envuelve todos los rincones de la casa. Me gusta. Que no quiera ir a la iglesia no significa que no pueda escuchar música cristiana. Algunas me gustan. Pero eso es todo. No me pidan más. No estoy dispuesta a ceder. Y tampoco quiero que nadie se entere. ¿Ok?

Aprovecho la soledad para revisar mis correos electrónicos. No lo hago muy seguido. Casi siempre se me olvidan. Puede pasar una semana entera sin que los vea. Así que cuando lo abro mi bandeja contiene 22 correos sin leer. La mayoría son solicitudes de Facebook sin responder. Eso es otra de las cosas que no miro muy seguido. ¿Qué para qué me abrí uno? Bueno, quería contactarme con una antigua amiga que tenía en mi adolescencia. Pamela y yo nos conocimos en un encuentrode jóvenes en la ciudad de San Rafael. Ella venia de Buenos Aires. Fue una buena amistad. Pero con el tiempo deje de escribirle. En esa época estaba muy enojada con Dios y todo lo que tuviera que ver con él. Pamela era una de esas cosas. No quise saber nada más de ella. Unos años después me di cuenta lo tonta que había sido al cortar con nuestra amistad. Un día me decidí y la busque. Debo decir que internet es uno de los mejores inventos de este mundo. Es una herramienta maravillosa si se sabe usar. Desde ahí en adelante nos escribimos seguido. Había dos correos de ella.

"Hola Isa, ¿Cómo has estado esta semana? Te extrañe. ¿Cómo está tu mama? Y Ema? Hace un tiempo que no sé nada de vos. Yo estoy bien. La facu va de maravilla. ¡¡Me encanta!! Te mande unas fotos del viaje a San Rafael cuando nos conocimos. La otra vez estaba haciendo limpieza en mi cuarto y las encontré. ¿Te acordás? Fue una gran sorpresa haberlas encontrado. Ja Ja me hicieron mucha gracia vernos tan chiquitas. ¡¡Qué tiempos aquellos!! Espero que estés bien, contestame. Un besito."

Era del Sábado. El otro del siguiente lunesdecía:

"ISABEL ¿qué pasa que no me contestas? Me estas preocupando. Bueno en fin supongo que estarás muy ocupada con tus cosas y no te has puesto a revisar tus correos, como siempre. ¿Cómo estuvo tu fin de semana? Aquí estuvo genial. Tuvimos una reunión especial el domingo. Sé que no te gusta que te hable mucho de eso. ¡Pero es que enserio estuvo re linda! ¡Ay Isabel la presencia de Dios era maravillosa! ¿Cuánto hace que no vas a tu iglesia? Sabes que Dios te ama ¿no?Me harías muy feliz si volvieras a servirle. ¿Te acordás como era? Sabes que te quiero aunque no lo hagas. Pero me harías muy feliz si lo hicieras. No quiero abrumarte. Te he escrito porque quiero saber de vos simplemente. No te olvides de mí. Contéstame. Besitos. TKM"

PD: ¿Cuándo vas a venir a visitarme? Sabes de sobra que sos bienvenida en mi casa. Mi mama te manda saludos.

Bueno aquí vamos de nuevo. Pamela sí que sabía cómo ser pertinaz algunas veces. ¿Es que no me entendía? ¿A caso no me conocía? Le contesto porque no quiero lastimarla. Pero con el último correo me habían dado ganas de revolearle algo (si estuviera aquí en cuerpo presente, claro)

"Hola Pame. Estoy bien. Sabes como soy con los emails. Se me olvida revisarlos. Mi fin de semana estuvo igual que siempre. Supongo que eso significa que bien. Fuimos a Cacheuta, para variar, con Ema y un grupo de amigos. La pasamos bien. Me alegra mucho que tu fin de semana estuviera así de bien. Pero sabes lo que pienso de todo ello. ¿¿Dios me ama?? No lo creo, sin ofender, enserio. Prefiero no tocar ese tema, si no te importa. Yo también te quiero mucho. Nos vemos. En nuestro caso, nos escribimos pronto."

PD: Sabes que me encantaría ir a tu casa, esperemos al mes de enero. Mis vacaciones empiezan el 15. Ya veremos. Dale saludos a tu mama.

Creo que con eso es suficiente. Reviso los demás correos. La mayoría es correo basura. Propagandas y cosas por el estilo. Elimino todo sin leerlo. Abro mi face. Ahí está la dichosa fotografía. En verdad que éramos re flacuchentas y gurruminas. ¡Ja! La verdad es que me hace reír. Si Pamela, tenés razón ¡¡qué tiempos aquellos!! La voz de Christina Perri suena en el equipo. Es una hermosa melodía. Me causa nostalgia y hace que me piquen los ojos. No quiero llorar.

Las luces de un auto se reflejan a través de la ventana del comedor. Miro para ver quien viene. Es un Dodge 1500 verde. Es mama. La puerta se abre y ella baja. Saluda a alguien. Esta oscuro. No logro ver quién es. Saluda con un toque de bocina y se va. Bajo el volumen del audio.

-Hola saluda mama cuando entra. Su ceño se frunce. ¿por qué no estas vestida?

Me había olvidado que estaba en bata y pantuflas.

-Me entretuve con mis correos. Voy a vestirme. le digo poniéndome de pie.

-¿Querés unos mates? Tengo hambre. su voz cargada de cansancio.

-Bueno, dale. Ya voy.

-¿Cómo estuvo el trabajo hoy? su voz cansada se oye en la cocina. Ha puesto la tetera.

-Supongo que bien. contesto. Busco rápido una muda de ropa. Cuando estoy en casa me gusta vestir cómoda. Un pantalón de jogging azul y una remera blanca está bien. Mama me lleva un mate a mi habitación. Me hago una cola bien alta.

Mama me mira raro.

-¿Qué?

-Nada. Te ves tan chiquita así vestida. su mirada brilla con amor.

-Uff!! le revoleo los ojos.

-Has estado un poco rara esta semana. ¿Estás bien? pregunta con ansiedad.

-Sí. encojo mis hombros para restarle importancia. Pamela te manada saludos. Quiere saber si voy a ir a visitarla este verano.

-¿Que le dijiste?

-Que iba a ver.

-No te vendría mal tomarte unas vacaciones. Podrías aprovechar para ir a verla. su mirada brilla con entusiasmo. Ella sabe que Pamela es una buena influencia para mí. Suspiro.

-Sí, puede ser, ya veremos cómo se dan las cosas. ella también suspira. Sabe que es una batalla perdida.

En la cocina mordisqueo una galleta mientras me siento. Ella sigue cebando mates. Noto que duda.

-¿Sabes que me haría feliz? pregunta con timidez.

-¿Qué?

-Que el domingo me acompañaras a la iglesia. Hay una….

-Mama, sabes que sobre ese asunto no quiero hablar. La interrumpo. Mi voz es cortante. que vos vayas está bien, pero a mí no me lo pidas.

Sus ojos se llenan de lágrimas. Odio ser la razón de sus lágrimas. Pero en esto no puedo dar marcha atrás.

-Dios te ama hija. Si por alguna razón te enseñé lo contrario. O no supe… - su voz se pierde en la pena.

-Mama, no quiero verte así.- Dios no me ama. Sé que es así pero prefiero no decir nada.- la abrazo para consolarla. Huele a jazmín y casa. Mi olor predilecto.

-Me duele el corazón verte de esa manera. Saber que de alguna manera yo tengo la culpa. se lamenta con la voz contenida. Que no supe - intenta continuar.

-Mama, ya soy grande y tomo mis propias decisiones. Esto no tiene nada que ver con vos. Esto es mío. ¡Por favor no insistas! ¡Estemos en paz! le urjo.

Le paso una servilleta de papel.

-Te quiero. sus ojos me suplican en silencio.

-Yo también te quiero.- y con eso damos por terminada la charla.

Tomo aire para pasar el nudo que se me ha hecho.

Ema llega justo a tiempo para sacarme de este atolladero.

-He ¿Qué pasa? pregunta mirándonos alarmada.

-Nada. contesta mama.

Me mira buscando alguna explicación. No quiero hablar. Le niego con la cabeza de forma que mama no vea. Ema lo capta en el aire. Seguramente que esta noche me bombardea a preguntas.

-¿Cómo te fue? pregunto para cambiar de ambiente.

-Bien. En el rato que estuve con Eva me entere de un montón de chismerío.

-Sí, me imagino. suspiro con cansancio al tiempo que me pongo de pie.

-¿A dónde vas?

-A mi habitación a escuchar música.

Encuentro que la voz de IlDivo me hunde más en mi amargo estado de ánimo. ¡No hace falta que me machaquen la cabeza con esta letra también! ¡Reconozco lo básico del inglés!

-¿Que escuchas? pregunta Ema mientras me levanta uno de los auriculares asustándome. ¡Puf! ¡Qué masoquista! se queja revoleando los ojos.

La empujo con la mano. ¡¡Ya sé!! Apago el iPod con bronca. Salgo al jardín a caminar un poco. La luz se está yendo convirtiendo en las nubes en copos rosados semejantes al algodón de azúcar. El aire del crepúsculo me sosiega escasamente. Mi mente vaga por los acontecimientos de la semana. Y sin querer me encuentro pensando en él. Los ojos chocolates delineados por unas espesas pestañas. La línea fuerte de su mandíbula. La nariz recta. Labios firmes. Todo en él me pierde. Y mi corazón se hunde más, si acaso eso es posible. ¡¿A quién se le ocurre imaginarse que alguien como él se fije en alguien como yo?!Me burlo de mi misma.Y sin darme cuenta se apodera de mí una necesidad incontrolable de reír y llorar. Espesas lágrimas calientes ruedan por mis mejillas.¿Quién iba a decir que la risa fuera catártica? Las carcajadas surgen de lo más hondo de mi garganta. Y son como una fuerza purificadora que lavan toda la amargura del año vivido.
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Betsy Abraham
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Re: Una Segunda Oportunidad Cap 1 -4

Mensaje  Betsy Abraham el Sáb Jun 14, 2014 8:42 am

Aquí va otro para que lo disfruten tanto como yo!!!


Capítulo 4

El sol de la mañana me lastima. Tengo los ojos hinchados de tanto llorar. Lacabeza me pesa como plomo. Y no es hasta que me levanto que me doy cuenta de ello. Agg!! Como me duele el cuello. ¡Creo que tengo una contractura!! Uff! ¡Qué mala noche!


¡Para colmo hoy es la dichosa cena!! ¡Qué fastidio!! ¿Quién me manda a decir que si? ¡Ya estoy arrepentida! Siempre hago lo mismo. Me invitan a algún lugar y a la primera digo que sí. Después de unas horas de pensarlo mejor ya estoy arrepentida. Pero como siempre, es tarde para eso. Y cuando menos me lo espero estoy embarcada en alguna situación que no quiero o haciendo algo que no me gusta. ¡En fin esa soy yo! ¡Me doy vuelta como un panqueque! ¡Ya es tarde para arrepentimientos Isabel!Esta tarde tenemos turno en la peluquería. Brrr!!! Me estremezco de solo pensarlo.

Me levanto y me visto con cuidado de no moverme mucho. Me dirijo al baño. ¡Puf! Estoy peor de lo que me imaginaba. El pelo revuelto por el mal sueño. Los ojos bordeados de un leve tono rojo. Lavo mis dientes y cara con agua fresca. Ah!! ¡Eso se siente bien! Y como siempre trato de peinar mi maraña de alguna manera más o menos presentable. Me miro al espejo. Bueno, no puedo cambiar lo que la naturaleza me dio, ¿no?Ojos almendrados de un verde profundo, está bien. ¡¡Pero la nariz!! Agg! El pelo ya lo dije, un completo desastre. Suspiro resignada.

Son las nueve de la mañana. La cocina esta iluminada por el sol matinal. Mi momento favorito del día. Aprovecho esos momentos para desayunar en paz. Libre de cualquier interferencia. Ema está durmiendo. Lo que es de esperarse. Y mamá por ahí, en algún lugar del jardín. Enciendo la tele para ver un poco de noticiero. Los reportes son por lo general de índole policial. Siempre algo malo. Siempre lo mismo. La periodista cambia de tema. Habla sobre un afortunado que se sacó la lotería. Bueno, al menos eso es bueno, para variar. Me aburre así que decidoapagarlo.

-Uf, que nochecita eh!? Se queja Ema sin mirarme. Se sirve una taza de té.

-¿No dormiste bien? intento parecer inocente.

-No me dejaste. sentencia mientras toma asiento a mi lado. Más te vale que me cuentes por qué llorabas tanto.

-Perdón, no creí que me escucharas. le digo avergonzada. ahora no tengo ganas de contar nada. si le digo me va a estrujar con preguntas.

-¡ISABEL! sus ojos me miran con horror.

-¡¿Qué?! asustada trato de ver que es lo que la hace gritar de esa manera. ¡¡Joder!! ¿¿Qué le pasa??

-¡¿Te has mirado la cara?! ¡Tus ojos! sus manos están heladas cuando tocan mi rostro.

-¡Ah! ¡Mi cuello! ¡Qué exagerada que sos! le digo revoleándolos.¡¡Ay!! Eso me hace dar vuelta la cabeza.

-¡Exagerada yo!- la voz de Ema se eleva unas cuantas octavas.
-Sí, exagerada. No es más que una leve hinchazón. Para la noche ya no voy a tener nada. le digo restándole importancia. lo que si me duele es el cuello. Tengo una contractura.

-¡Bueno, con hinchazón, contractura o sin ella al baile vamos lo mismo! Mandona como siempre.

-Sí, claro me río, pensando que ni loca salgo así a la calle Además ya te he dicho que no es un baile. Es una cena. le digoirritada masajeándome el cuello.

-Lo que sea. contesta agitando la mano.

Suspiro. Abro la heladera y saco un Actron 600. La cabeza me punza. ¿Quién me manda a llorar de esa manera? ¿Se solucionan así las cosas Isabel? ¡¡NO!! Llorar no cambia nada. ¿O sí?¡¡No!! ¡Ya entendí!! Mi subconsciente me reprueba.

-A las seis y media tenemos turno en la pelu. me recuerda Ema. ¡Como si hiciera falta!

-Ya sé. No sé para qué nos vamos a peinar tan temprano. Lo más probable es que no me dure ni dos minutos. Para cuando llegue la hora de irnos ya no voy a tener nada.

Recuesto un poco mi cabeza hacia atrás. Ema me agota.

-¡Ay! ¡Qué haces nena! Ema ha puesto dos saquitos tibios de té en mis ojos. ¡Me asustó! Los saco de un manotazo.

-Te ayudo nada más.

Me dejo hacer. Con Ema es mejor no discutir. Simplemente es muy agotador. Y la verdad es que hoy sinceramente no es mi día. Las bolsitas están calentitas. Alivian mis ojos. Suspiro relajada con la cabeza echada hacia atrás.



-¿Ves que tengo razón? me dice con suficiencia.

-Mmm...


-Ya, con eso creo que vas a estar mejor. su voz canturrea la frase.



Los ojos no me molestan tanto. Camino al baño para mirarme al espejo. La verdad es que tenía razón. Se han deshinchado por completo. El reflejo presumido de Ema me dice que no estaba equivocada. El analgésico está haciendo efecto.

-Gracias.

-De nada.

Ema sale dando saltitos como una niña.

-El ultimo mechón y terminamos. me consuela Natalia. Ella sabe cuánto detesto venir a la peluquería. Sabe que dos recortes por año sonsuficientes para mí.


-Todavía creo que un flequillo te hubiera quedado mejor. Y algunos rulos también. se lamenta Ema. Ella cree que puede jugar conmigo como con sus Barbie cuando era niña.


-No me corto el pelo ni loca. Así me gusta más. Natalia me pasa un espejo para que pueda mirar el trabajo terminado.


Es increíble cómo me ha crecido el pelo este año. Natalia lo ha planchado por completo haciendo que caiga pesadamente casi hasta mi cintura. No consentí que me hiciera la línea al costado. Me gusta más al medio.Así no tengo que estar acomodándolo a cada rato. Ellatambién sabe maquillar. Y me sorprendo al ver a la mujer atractiva que devuelve mi mirada. Guau!! ¿¿Esa soy yo?? ¡¡No puede ser!! La criatura que observa tiene una mirada profunda de un verde asombroso. El juego de sombras negras y verdes hace que la mirada sea exótica y felina. Los labios de la mujer son rosados y brillantes. Incitan a ser besados.Sin poder creerlo toco a penas mi rostro para asegurarme de que realmente soy yo. No es tan malo como creí. Me gusta.



Ema esta que explota de emoción.

-¿Te gusta? pregunta con la mirada brillante. Natalia espera mi respuesta.

-Si mi voz es apenas un susurro.

-¡¡Te lo dije!! Salta Ema con alegría poco contenida y no muy propio de una joven.- ¡Ahora es mi turno! Quiero brushing. Y sombras azules. contesta al tiempo que se abandona al cuidado de Natalia.

Una hora después las dos estamos listas. Son las ocho y media. Falta una hora y media para la cena. Me encuentro vistiéndome con más entusiasmo que el esperado. La visita a la peluquería ha levantado mi autoestima considerablemente. Es revelador.

-¿Lista? pregunta mi hermana. Guau Isabel!! Te ves - hace gestos con las manos.



-¿Bien? le pregunto esperanzada. El vestido se pega a mi cuerpo de forma sutil y favorecedora. Me llega a las rodillas. Es realmente hermoso. El problema está en el escote querevela más de mí de lo que me gustaría. Lo acomodo con la esperanza de taparme un poco los pechos. Pero el muy bellaco vuelve a su lugar dejándome al descubierto. Acomodo mi pelo hacia adelante para disimular un poco pero el resultado es el contrario. Más llamo la atención. Resignada lo dejo así.

-¡Ja! Más que bien. ¡Más de uno se va a dar vuelta a mirarte! sonríe de forma picara.

AY Dios yo no quiero llamar la atención de nadie. ¡¡No voy a estar cómoda!! Mejor busco algo con que taparme. Revuelvo un cajón de mi cómoda para ver que puede combinar con el vestido. Desgraciadamente no tengo nada por el estilo.


- ¿Qué haces? pregunta disgustada mi hermana.

-Busco algo con que taparme. le contesto con sequedad.

-¿Estas locas? Así estás hermosa. ¡Los hombres van a babear por vos! su tono es de alguien que habla con un niño que le cuesta entender lo que se le dice.


-¡Pero es que yo no quiero que nadie babee por mí!- le digo resignada.

-Enserio Isabel te ves preciosa.¿Quién diría que anoche estuviste llorando como una magdalena? Por cierto, ¿por qué llorabas así? Me dijiste que me lo ibas a contar. exige con las manos en la cadera.

-Después, ahora no, o voy a arruinar todo esto. señalo mi persona. Vamos ahora antes de que me arrepienta. le amenazo.

-¡Ni se te ocurra! se espanta.


-Vos también te ves hermosa. le digo mirándola con cariño. el azul te queda perfecto.

Ema lleva una cortísimo vestido strapless azul zafiro. Las piernas largas enfundadas en unos zapatos plateados de finas tiras completan el conjunto. La cabellera rubia le cae en cascadas aleonadas. Se ve impresionante.



-¿Vamos?

-Vamos. ¡¡Aquí vamos!!

¡Puedo hacerlo, PUEDO HACERLO, PUEDO HACERLO!Repito como un mantra para sosegar mi aterrorizada mente. Respiro hondo para darme aliento. Conduzco hasta la parte trasera de la bodega. Hemos llegado a tiempo. El salón de eventos es hermoso, se asemeja a las antiguas cavas francesas y ha sido acondicionado para recibir al menos a 200 invitados entre empleados, directivos y clientes. Este año es especialmente importante porque los vinos Weich han sido galardonados en concursos internacionales. Hay una gran expectativa.

Los invitados están acomodándose en mesas redondas exquisitamente decoradas. El mozo nos indica nuestraubicación. Nos toca junto con Adriana. No sabía que fuera a ser tan organizado ni formal. Abrazo a Ema mentalmente por haberme convencido de vestirme así.. Por los altoparlantes se oye Johnny Hates. Me encanta este tema. Habla sobre promesas rotas.

Adriana está acompañada de Tomás quien viste de traje y corbata. Ella lleva un vestido negro de tirantes finos. Está sentada. No veo si es corto o largo.Eleva la voz para hacerse escuchar

-Isabel ¡estas impresionante!! No puedo más que sonreír. Tantos halagos me dan vergüenza. No estoy acostumbrada. sus ojos se agrandan de asombro. ¿viste quien está en la mesa principal? ¡¡Ay no!! Mi corazón brinca de puro nervios. ¡¡No quiero mirar, no quiero mirar!! Mis traicioneros ojos no me obedecen y buscan con frenesís la mesa principal. Y de pronto me encuentro atrapada en la profunda mirada de Sebástianque me envuelve en una burbuja privada de ¿qué? No sé, pero encuentro que respirar es una actividaddificultosa. No oigo nada más que mí acelerado corazón. Para mi consternación veo como se pone de pie y camina hacia donde estamos sentadas.¡¡Ay Dios!!!¡¿Qué hago?!


-¿Isabel, él viene hacia aquí? ¡No deja de mirarte! Dios ¡que emoción! susurra Adriana con incredulidad. - ¡¿Qué emoción?! Y ¿Qué paso con mi corazón hecho puré? Adriana no lo aprobaba ¿o sí?

-¿Que es tan emocionante? pregunta Ema que charlaba con una joven morena.

-Nada mi voz apenas sale de mi garganta. No puedo de dejar de mirarlo. ¡Está tan guapo en traje negro y camisa blanca!



-Señoras, buenas noches. ¿Les importa si me llevo a Isabel por un momento? Los ojos de Sebástian viajan de una a otra. Por algún motivo todas hemos perdido la capacidad del habla puesto que ninguna contesta.

-Señor Weich… buenas noches. la voz de Adriana es firme pero cálida. Yo no me animo a abrir mi boca. por supuesto que puede llevarse a Isabel. Sólo cuídela. advierte Adriana con una brillante sonrisa.

Sebástian toma mi mano ante la mirada de incredulidad de Ema y me saca de ahí. Alcanzo a escuchar a Tomas preguntar que quien es ese tipo. Sebástian camina de prisa. Su agarre es fuerteguiándome a través de las mesas con suma facilidad. No sé a dónde nos dirigimos y honestamente no me importa. Con este hombre iría hasta la luna. El vestíbulo esta colmado de gente que entra y sale. A medida que avanzamos algunos lo saludan con apretones de mano. Otros intentan llamar su atención. Las mujeres se lo comen con la mirada. A mí a penas me registran. Bueno, ¡no las culpo! Yo haría exactamente lo mismo. Sebástian es un regalo para la vista. Salimos al jardín por una puerta lateral. Allí la brisa es fresca y es muy bienvenida porque siento que mis mejillas arden. La música es apenas un murmullo suave. Repentinamente me encuentro parada en el medio de un primoroso jardín con un hombre increíblemente apuesto. Que me mira con ojos insondables. No puedo saber que se le pasa por la cabeza. ¡¡Estoy tan nerviosa!!


-Hace días que quiero hacer esto… - dice con voz ronca mientras toma mi cara entre sus manos y me besa tomándome desprevenida. Es un beso suave y contenido. Como si estuviera sopesando mi reacción. No puedo rechazarlo. No quiero hacerlo. También fantaseaba con esto. Animado por mi reacción ahonda el beso un poco más, pero solo un poco. Mm...Es mejor de lo que esperaba. No he podido sacarte de mi cabeza Isabel. Y sé que a vos te pasa lo mismo. Puedo verlos en tus ojos. ¡Por favor no me lo niegues! ¡Estas hermosa! sus ojos me recorren con hambre.


-Yo..Yo… - no sé qué decirle. La sorpresa es tanta que no encuentro las palabras justas para responder. La incredulidad me ha dejado muda. ¡Yo deseaba esto! ¡He soñado también con él toda la semana! ¡No lo puedo creer! Este hombre remueve cada átomo en mi cuerpo.



-Señor Weich…lo están esperando para comenzar. le urge la voz de un hombre que se asoma por la puerta.


-Ya voy. le corta. Suspira con impaciencia. Tenemos que hablar. Después.- dice mirándome con ojos turbios. Y se va dejándome con ganas de decir unas cuantas cosas.¡Estoy tan confundida! ¡Joder! ¡Es como un tren de carga!


-¿Qué pasó? Ema está preocupada por mí, lo puedo ver en su cara. Tomo asiento tratando de serenar mis pensamientos.


-Nada, después te cuento. me levanta una ceja. Si, ya se son muchas cosas para contar.


Todos están ubicados en sus lugares. Adriana me mira con curiosidad. Después. Le digo con un gesto. Ella asiente. El maestro de ceremonias comienza a hablar.

-Muy buenas noches, damas y caballeros. la voz de locutor reverbera en todo el salón. - Es un enorme placer darles la bienvenida a todos ustedes a la cena anual de Bodegas y Viñedos Weich. un discreto aplauso envuelve el lugar. - Esperamos que puedan pasar una noche agradable y placentera. Hace una pausa Hoy es una ocasión especial para todos nosotros porque tenemos la satisfacción de anunciarles que los vinos de Bodega y Viñedos Weichhan sido galardonados internacionalmente. otra ronda de aplausos. - Damas y caballeros permítanme presentarles al Presidente de la compañía y esta nochenuestro anfitrión, el Señor Sebástian Weich. una salva de aplausos más enérgica se oye en todo el recinto.¡¡Joder!! ¿¿Presidente?? ¡Pensé que se iba a hacer cargo de la bodega pero nada más!



Sebástian estrecha la mano del presentador y toma la palabra.


-Buenas noches a todos, bienvenidos. Durante cincuenta años Bodegas y Viñedos Weich se ha caracterizado por la calidad de sus vinos. la voz suena confiada. Todos escuchan con atención. y durante todo ese tiempo mi abuelo, quien la fundo, y a lo largo de los años las generaciones subsiguiente hemos aprendido a confiar y respetar el trabajo conjunto de todos los que componen esta compañía. Todos por igual son participes de los logros alcanzados en todo los años recorridos. Años de sacrificios y compromisos que han logrado posicionar a nuestros vinos entre los mejores del mundo. Esta noche es un gran placer anunciarles quenuestros vinos Malbec Premium y Syrah Golden han sido galardonados en los concursos internacionales Mundusvini BioFach e International Wine Challenge. Ganando ambos medalla de oro en sus categorías y obteniendo 98 y 95 puntos respectivamente. todo el público rompe en aplausos entusiastas. Silbidos de reconocimiento reverberan en la sala. La algarabía es contagiosa. Me encuentro aplaudiendo con tal entusiasmo que las palmas me arden de tanto batirlas.


-Esta noche es noche de festejo. Un mozo le alcanza una copa de vino de un intenso color rubí. Espero que lo disfruten.¡Salud! la copa en alto resplandece como una hermosa joya.


-¡Salud! contestan todos con sus copas en alto.

Sebástian regresa a su lugar.

-Damas y caballeros tengan todos ustedes buen provecho. concluye el maestro de ceremonia.

Las voces van aumentando de volumen a medida que los mozos entran con bandejas repletas de exquisitos y elaborados platos. Se oyen exclamaciones de asombro por doquier. La música comienza a sonar por los altavoces nuevamente. Es el turno de Maroon 5 "Shewillbe loved".



La cena es deliciosa pero no puedo disfrutarla en absoluto. El nudo que tengo en el estómago no me deja pasar ni un bocado. Mientras más pienso menos puedo aplacar los latidos acelerados de mi corazón. Tengo la sensación de que pueden oírlo en todo el salón. Lo cual es imposible.¡¡Me besó!! ¡¡No puedo creerlo!!

-¿No tenés hambre? - Ema me pregunta al oído. He estado revolviendo mi comida por un buen rato.

-No. le contesto a penas. Las cuerdas vocales no me responden.

-Puedo ver por qué. sus ojos se han posado en Sebástian.

-Sí, bueno eso también es algo que voy a tener que contarte después.

- ¿Tiene relación con las lágrimas de anoche?

-Más o menos. - Asiento con la cabeza.

-¿Tan mal?

-No, al contrario.

-No entiendo. contesta confundida.

-Después te cuento.

-¿Entonces es bueno? hay esperanzas en su tono.

-Más que bueno. le digo con la mirada brillante.

-Guau Isabel!! ¿Sebástian Weich? la sorpresa y diversión pintan su rostro. - ¡Te lo tenías bien escondido! ¿A que no? me hace revolearle los ojos. ¿Escondido? No ¡Ni yo me lo creo!!

Por primera vez en la noche siento más ligero el estómago. Ya no estoy tan nerviosa así que aprovecho para comer un poco. Esta tibia pero no importa. Tengo hambre.



-¿Mejor? pregunta Adriana.

-Sí, mucho.

-Bien, porque si no, se las va a tener que ver conmigo. amenaza. Lo cual me hace también ponerle los ojos en blanco. Esto se me está haciendo un hábito. Uf, en serio Isabel me importa un pepino quien sea. El que se mete con vos primero tiene que vérselas conmigo.


Tuerzo un gesto pensando cuan literal puede ser Adriana. Es magnífico tener una amiga. Bueno, también una hermana. A veces.

La cena avanza sin tener oportunidad de volver a estar con Sebastian otra vez. ¡Eso es tan frustrante! Lo veo ir y venir de un invitado a otro. Especialmente con los clientes. Los que atiende con diligencia. No puedo dejar de mirarlo.



Después de algunas horas el personal de servicio retira las mesas. Es evidente que Ema tenía razón con respecto al baile, porque el locutor anima a las parejas a que se acerquen al centro del salón para iniciar con el baile. La música es más alegre.Gloria Estefan canta Wepa, es un ritmo pegadizo. Adriana conduce a Tomas a la pista de baile. Es divertido verlos. Tomas esta medio almidonado, pero los avances de su esposa hacen que se anime un poco más. Me encanta mirarlos. Y en todo ese momento Sebástian pasa de un invitado a otro.


Por el rabillo del ojo veo las intenciones de Luciano al abrirse paso por el gentío.Salgo pitando antes de que me alcance.Me escondo en el baño de damas con la esperanza de que no me siga hasta ahí. No sécuánto tiempo pasa, no llevo reloj. No tengo porque no me acostumbro a llevar uno. Le calculo unos diez minutos y salgo. ¡No! ¡Tiene que ser una broma! Luciano está esperando en el pasillo. ¡Puf que plomo! Ya no tengo excusas para enfrentarlo.


-¡Hola Luciano! intento parecer asombrada. Pero me parece que se ha dado cuenta. ¡¿Si es así por qué estuvo esperándome?! ¡Que pesadilla!


-Te vi que venias hasta acá. Quería pedirte que bailaras conmigo. -tiene los ojos vidriosos y la voz pastosa.

-¡Ay! ¡Pero es que yo no bailo! Bueno, eso es cierto. Yo no bailo.

-¿Cómo que no bailas? pregunta con sospecha.

-No, no bailo. ¿Qué tiene de malo? No me gusta. me encojo de hombros.

-He estado toda la noche esperando este momento. ¡¿Y me decís que no bailas?! su mano aprieta mi brazo con saña. Puedo oler el alcohol en su aliento.¡Me duele! ¡Joder si hasta me asusta!Un siniestro recuerdo se cuela por mi memoria. Lo aplastodespiadadamente.

-Te dije que no me gusta. Y te pido por favor que me sueltes. ¡Me estás haciendo daño! el miedo se cuela por mis entrañas. Tengo un nudo en el estómago.

-¡Te voy a soltar cuando se me dé la gana! me contesta. Se le ha crispado la cara. Busco ayuda con la mirada, pero no hay nadie cerca. El pasillo esta desierto.

Pruebo con otra táctica.


-¡Luciano me estas asustando! ¿Y así querés que te preste atención? De esta forma nunca vas a conseguir nada de mí. Soltame. veo la duda en sus ojos. Pero no alcanza. Aprieta con más odio restregándomelo con fuerza. ¡Ay! ¡Esto se me está yendo de las manos! Ema aparece en el extremo del pasillo. Su cara se contorsiona al verme arrinconada contra la pared con Luciano encima de mí.


-¿Qué pasa? ¡Eh soltá a mi hermana o llamo a seguridad ahora mismo! la amenaza surte el efecto que mi hermana busca porque Luciano me suelta en el momento. El brazo me duele. Luciano sale a los tumbos por el pasillo. - ¿Quién es ese tipo?


-Un compañero del trabajo. le digo sobándome la parte adolorida.Seguro que mañana me sale un moretón.


-¿Estas bien? pregunta mientras me revisa el brazo.


-Sí, suerte que llegaste a tiempo. le digo tratando de esconder el miedo de mi voz.

-Sí, me pareció raro que tardaras tanto. Por eso vine a buscarte. Vamos a la cocina, mejor te pongo hielo. Se te está poniendo colorado. ¡¡Imbécil de porquería!! la miro asombrada, nunca la había visto así. Sus ojos arden con ira.

Ema me exige entrar a la cocina del salón. El personal está ocupado trabajando. Nadie repara en nuestra presencia. Ella improvisa una compresa con una servilleta de paño. El fresco alivia el ardor que me quema. Suspiro agradecida.



-Toma, esto te va a calmar un poco los nervios. me dice Ema mientras me extiende un vaso con un líquido ambarino. Puaj! ¡Tiene un fuerte aroma! Arrugo la nariz y niego con mi cabeza. Ella también se ve alterada. Las piernas me tiemblan.

-No gracias, yo no tomo alcohol. No me gusta. Me quema el estómago. Mejor tómalo vos. También te hace falta.

Me mira dudando.

-¡Puf! Cierto. Bueno, tenés razón. ¡Ese imbécil me puso los nervios de punta! lo toma de un solo trago. Brrr!! ¡Sí que es fuerte!

-¡Qué noche! Eh? intento bromear un poco.

-¿Se lo has contado a alguien?

-¿El qué?- no entiendo su pregunta.

-Que este tipo te acosa.

-No es acoso. Además no estamos en el trabajo. ¿Acoso? ¡No lo había pensado de esa manera!

-Ahora no, pero es evidente que no es la primera vez. ¿O sí? suspicaz.

-No de esa manera. Siempre me ha insistido para que salga con él. Pero nunca pasó de una simple conversación. Esta es la primera vez que se pasa de la raya.

-Entonces, ¿se lo vas a contar?
-¿A quién? mi voz suena cansada.

-A Sebástian. contesta como si fuera obvio.

-¿Estás loca? Si él no tiene nada que ver conmigo. ¿Te crees que le va a importar?

- Te aseguro que sí. Haceme caso, hoy te miraba como si fueras un helado de cereza. Lo más probable es que si le decís lo eche a patadas. Tiene razones de sobra para hacerlo.

No supe que contestar. No quería hacerme muchas ilusiones con respecto a él. Adriana tenía razón, iba a terminar con el corazón hecho puré.

-Tené cuidado Isabel. me advierte Ema.

-Quedate tranquila que la próxima vez le doy una patada en donde más le duela. le digo con una sonrisa fingida.

-¡¿La próxima vez?! Dice horrorizada - ¡Esperemos que no haya una próxima vez Isabel!

Le hago un mohín. Con estos tipos una no estaba segura de nada. Mejor iba a ser que me apartara de su camino.Podía cuidarme sola, ¿no?

-¿Querés que nos vamos? pregunta solícita.

-¿No te importa? ¡La verdad es que estos zapatos me están matando!

-Vamos. Yo manejo. la miro con gratitud. Es un alivio porque todavía tengo los nervios crispados.

Salimos sin despedirnos de Adriana. Vuelvo la mirada para buscar a Sebástian. Él no está y mi corazón se hunde.
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Re: Una Segunda Oportunidad Cap 1 -5

Mensaje  Betsy Abraham el Dom Jun 15, 2014 4:49 pm

Y aquí va otro!!!      

Capítulo 5







 



Me despiertan los tibios rayos de sol matinal. Me estiro lánguidamente para desperezarme de a poco. Los recuerdos de la noche llegan a mí como un torbellino. Y la imagen de Sebástianes la primera que asoma a mi mente como un bienvenido recuerdo. Las entrañas se me encogen de placer al revivir el beso. Tengo el aroma de su piel y la sensación suave de sus labios grabados en la memoria. Pareciera que recién me hubiera besado. Mi boca cosquillea ante esa sensación haciéndome sonreír de placer. Reviso mentalmente los acontecimientos y llego hasta el encuentro con Luciano en el pasillo. ¡¡Ag!! Mis placenteros recuerdos se van a pique. Por un momento me olvido de Sebástian. Evoco la conversación con Ema. ¿Acoso? Con cuidado me siento en el borde de mi cama paraconstatar de que no me duele nada. Solo me molesta el brazo si lo toco en donde Luciano me apretó. Un suave cardenal está comenzando a aparecer. Se puede ver a las claras que hay cuatro dedos marcados en la parte interna de mi brazo derecho. ¡Nunca me hubiera imaginado que Luciano fuera así de violento!Me estremezco de solo pensar en lo que hubiera pasado si Ema no hubiese aparecido a tiempo. ¿Qué voy a hacer? Tendría que contárselo a alguien en mi trabajo. Si le digo a Adriana va a poner el grito en el cielo. Definitivamente a Sebástian no iba a contárselo si es que lo volvía a ver. A lo mejor me tendría que quedar callada. Quizás Luciano reaccionó así por las copas de más. Seguro que cuando me lo encuentre me pide disculpas. Suspiro de alivio al darme cuenta de que seguramente no es tan grave como parece. Me permito pensar en mis agradables recuerdos otra vez. ¡Fue una total sorpresa lo que Sebástian hizo! ¡Nunca me hubiera imaginado que yo le gustara! ¡Qué hombre mássorprendente! ¡¡Y me dijo que había estado esperando todos estos días para besarme!! ¡Si hasta le pareció mucho mejor en la práctica!



Salto de alegría por mi habitación al pensar que le gusto tanto como él a mí. Con pensamientos esperanzadores me decido por fin a vestirme. La dicha me envuelve una nebulosa de alegría que dibuja una amplia sonrisa en mi rostro. Me decido por un vestido amarillo de finos tirantes de algodón. Estoy de un excelente humor. Dispongo mi pelo en una cola bien alta. Inspecciono mi aspecto en el espejo rectangular que cuelga de la puerta interna de mi ropero. Tengo los ojos brillantes y vivaces. El peinado me gusta. Hace que mi cuello largo destaque con elegancia. Me cepillo los dientes en el baño con vigor para quitar la sensación pastosa de la noche. Cuando termino me dirijo a la cocina para tomar unos mates. Me paro en seco en el vano de la puerta. Sebástian está sentado cómodamente a la mesa tomando mates con mi mama. La cocina se ha reducido considerablemente con su presencia. Su lenguaje corporal habla por sí solo. Parece muy cómodo y en total confianza. Controla el ambiente como si fuese una poderosa fuerza de energía.Es fascinante.Me encuentro atrapada en su mirada. Sus ojos recorren cada partícula de mi cuerpo. Parece complacido con lo que ve. Su ceño se frunce. Instintivamente cubro el moretón de mi brazo. Está mirando justo ahí. Los ojos de un intenso chocolate se endurecen de inmediato. Supongo que vio lo que era.El primer pensamiento que me cruza es de estar en serios problemas. ¿Cómo es eso posible? ¡Yo no hice nada malo!



-Isabel ¿te vas a quedar toda la mañana ahí parada? mi madre me saca del trance.

-Hola atino a decir dando un paso hacia adelante.

-Tiene que disculparla dice mi madre Isabel es de pocas palabras. Aunque cuando habla es digna de ser escuchada ¿¿Percibo orgullo en su voz??

-Me lo imagino. contesta Sebástian sin dejar de mirarme.




-El señor Weich…



-Sebástianpor favor le interrumpe él.

-Sí, claro. Sebástian ha venido a verte. Se quedó preocupado porque anoche te fuiste sin avisarle. explica mama no muy convencida de por qué él debería estar preocupado.






¿Avisarle? ¿Había que avisarle? ¿¿Desde cuándo?? ¡¡Yo no sabía que había que decirle que me iba!!



Una ceja perfectamente formada se arquea en su hermoso rostro. Podría jurar que me lee el pensamiento. Eso me pone incomoda y me hace retorcer mis manos. Sus ojos viajan de mi cara a mis manos. Tuerce esa deliciosa boca suya. ¡Ay ya me descubrió!



-Elena ¿le importaría dejarme a solas con su hija un momento? su voz es amable pero puedo ver una pizca de frialdad en ella. Mama frunce el ceño. Mi corazón salta desbocado.




-No, claro que no. Voy a ver si la ropa está seca. Permiso. - percibo contrariedad en su tono. Lo que no es de extrañarse considerando las circunstancias.



Sebástian espera a estar solos para ponerse de pie, el lugar se encoge un poco más. Con paso lento camina hasta colocarse frente a mí. Suspira con evidente turbación. Su mirada es insondable. Guarda sus manos en los bolsillos del pantalón.



-¿Por qué tengo la extraña sensación de que no pensabas avisarme? Su ceño se frunce - Estoy tratando de entenderte, de verdad que me estoy esforzando. Pero aunque trato no puedo hacerlo. ¿Por qué te fuiste anoche? Estuve buscándote por todos lados. Casi me vuelvo loco de preocupación cuando no pude encontrarte.¿Te di alguna mala impresión? ¿No supe explicarme bien?




Lo miro confundida. ¿A qué se refiere?



-No te entiendo. le digo con mi voz débil.




Suspira.



-Creí que había dejado en claro mis sentimientos hacia vos. Di por sentado que íbamos a hablar. Desde luego nunca me imaginé que ibas a salir corriendo a la primera oportunidad que tuvieras. Tuerce el gesto con diversión ¿tanto te asuste? Sé que a veces soy un poco impulsivo. Pero creí leer las mismas señales en vos. ¿O me equivoco?




¡Joder! ¿¿¿Las mismas señales??? A caso estaba enamorado de mí. ¡¡¡Porque eso era justamente lo que yo sentía!!! Era revelador pero verlo aquí en mi propia casa. De una manera tan mundana y relajada me hacía rever mis sentimientos hacia él. Y sí, efectivamente me había enamorado de Sebástian. No solo me gustaba sino que lo amaba. Merde!! Hacia unos cuantos días que lo conocía. ¿Cómo era eso posible?Sebástian me miraba como si estuviera esperando una respuesta.



-No. Es que no sabía qué hacer. Me sentía mal, por eso le pedí a mi hermana que nos fuéramos. Te busque pero no pude verte por ningún lado. Creí que…. Estas cosas no se me dan bien. me disculpo finalmente.

-Sí, me doy cuenta. Voy a tener que ir despacio con vos. ¿Te espanto? su pregunta me sorprende.




Mi corazón late desenfrenado al escucharlo hablar.



-No, claro que no. Es que no estoy acostumbrada a que sean tan directos conmigo. No creí que fuera a pasar esto. le digo señalándonos, y sin poder evitarlo mis mejillas se colorean.

-¿Pero lo habías deseado? su pregunta está cargada de ansiedad.

-Si le contesto en susurros, mis mejillas queman.

-Gracias al cielo suspira aliviado no estaba seguro del todo. Creí estar interpretando mal las cosas. No podía irme sin verte de nuevo. desliza su mano por el pelo encrespado. Parece nervioso. - Tuve que preguntarle a Adriana a donde vivías. Poco faltó para darle hasta mi grupo sanguíneo a cambio de tu dirección. ¡Esa mujer sí que sabe interrogar a una persona! He pasado tres veces por este callejón. Ya casi me daba por vencido.Pero por suerte te encontré. su meno acaricia mi mejilla acaloradas. ¡Estoy fascinada! me encanta ser el que provoque esto. - ¡¡¡Ay mi Dios!!!




Me alagaba que hubiese hecho tantos esfuerzos por encontrarme. No me lo podía creer. Me hacía soñar con posibilidades que hasta entonces no había imaginado.



-Adriana es una buena amiga. Se preocupa por mí. la defendí.

-Ya me di cuenta. Al menos eso me alivia. Voy a estar más tranquilo al saber que mientras yo no este tengas a alguien que te vigile un poco. Y cuide de vos. Ahora soy yo la que frunce el ceño. ¿Qué significa eso? ¿A caso era una de esas personas que controlan todo a su alrededor? ¿En qué me había metido? ¿Y cómo era eso de que no iba a estar aquí?¿Se iba a alguna parte? ¿Pero si recién estábamos empezando? ¿A dónde se iba?




-¿A dónde te vas? - es lo único que me importa saber.



-¿Es lo único que escuchaste de todo lo que te he dicho? pregunta satisfecho con mi reacción.

-Bueno no, escuche todo le digo poniéndole los ojos en blanco. pero es lo único que me interesa saber.




Sus ojos se achican.



-Te he dicho que me gustas mucho y que tengo la intención de seguir viéndote ¿y lo único que te interesa es saber si me voy? ¡Ay Isabel! ¿Qué voy a hacer con vos? herís mi orgullo. ¿A caso no te importa saber que realmente me gustas mucho? Se inclina un poco más hasta tener su nariz frente a la mía.

-Sí que me importa le contesto con un hilo de vos.Sus ojos son de un profundo marrón salpicado por puntos acaramelados. Reflejan fuerza y calor.




-¿Yo te gusto? - pregunta con la vos cargada de sensualidad. ¡Joder! ¡No encuentro mi vos!



-Si le digo no tan segura de que me haya escuchado.

-Me fascinan tus ojos. Podría perderme en ellos. ¡Sos tan hermosa! sus manos se hunden en mi nuca. Es una sensación deliciosa. - ¿Puedo besarte?




Le indico que sí. A estas alturas no creo que mi vos exista. Sus brazos bajan hasta mi cintura y me estrechan contra él. Se siente cálido y duro. ¡Es tan masculino!



El beso es tierno y delicado. Solo un suave roce. De a poco siento como Sebástian ablanda mis labios calentándolos con tiernos mordiscos. Los abro un poco permitiéndole entrar y lo oigo gruñir de satisfacción.Y me hace perder la cabeza. Me abandono a una abrasadora sensación que licuan mis entrañas. Haciéndome desear más. No quiero que esto termine. Podría estar así toda mi vida. Y él siente lo mismo. Lo sé. Con un suspiro de renuencia interrumpe el contacto entre los dos.



-Tengo que irme. No quiero pero tengo que hacerlo. leo en sus ojos la sinceridad de sus palabras.




-¿A dónde? - quiero saber.



-A Buenos Aires. Tengo que concretar unos negocios que empecé. Pero te prometo que el viernes vuelvo. Quiero pasar tiempo con vos. ¡Ay Isabel! Has puesto mi mundo patas arriba. Tuerce el gesto me encanta.

-A mí también le confieso.

-¿También te encanta o también he puesto tu mundo patas arriba? pregunta con picardía.




Río tontamente.



-Las dos cosas.



-Mujer de pocas palabras. Voy a tener que trabajar mucho. dice para sí.




Me hace reír.



-Voy a disfrutar mucho viéndote como lo haces. le digo encantada.

-¿Me estas desafiando? Pregunta complacido Me encantan los desafíos.




Tuerzo el gesto también. Sonríe y me estrecha en sus brazos con fuerza. Huele rico. Aspiro con fruición intentando grabar su aroma en mi memoria.



-También me gusta tu perfume. me dice al fin. ¿Me acompañas hasta afuera? pregunta tomándome de la mano.




Salimos a fuera. Mamá no se ve por ningún lado. No me extraña. Seguro que quiso dejarnos algo de privacidad. Hay una impresionante camioneta gris plata estacionada en la verja de entrada al jardín. Es preciosa. El sol se refleja con rayos brillantes en ella. Tiene un porte majestuoso.



-¿Y el auto blanco? le pregunto convencida de haberlo visto conducir uno.

-¿Cómo sabes que tengo un auto blanco? pregunta extrañado.

-Te vi en el shop de la estación de servicio. El lunes a la mañana cuando hablabas con alguien. Dijiste que sabías llegar hasta la bodega porque era tuya. Te oías impaciente. le digo haciendo memoria.

-¿Dónde estabas? ¿Cómo no te vi? pregunta aún más extrañado.




Me encojo de hombros.



-No llamo mucho la atención. Eso era cierto. Me consideraba común y corriente.

-¿Crees que sos común y corriente? su voz esta bañada de incredulidad.




-¿Me lees el pensamiento?



Él ríe divertido.



-No. Pero sos muy transparente. toma mi cara entre sus manos. vos no sos común o corriente. No hay un gramo de ordinario en vos. Sos una mujerpreciosa. ¿Acaso no te has mirado? ¿Ningún hombre te ha dicho lo hermosa que sos? pregunta con sorpresa.




Niego con mi cabeza. Estoy muy ofuscada para responder.



-Entonces ninguno te merece. Es un alivio saber que soy el único que lo ha hecho. me da la sensación de que va a agregar algo más pero se contiene. ¿entonces te gustó el Mercedes?

-¿Era un Mercedes? pregunto. Sabía que era caro, pero no me imagine cuánto.




-Ajá.



-Es bonito.



-¿Solo bonito? pregunta divertido. mejor que no te escuche o se va a ofender. ¡¡Ay los hombres y sus juguetes!!

-En realidad es precioso. le digo para tranquilizarlo.

-Mucho mejor. contesta divertido.




-¿Y dónde está?



-Lo deje en la bodega. Tengo ésta para moverme en la finca. Es más cómoda.



-También es hermosa. ¿Qué es? le digo mientras paso mi mano por ella.

-Una BMW X5 ¿Querés ir a dar una vuelta? pregunta esperanzado.




-¿No tenías que irte?



Encoge unos hombros anchos.



-Pueden esperarme. sonríe disfrutando alguna broma privada. - No creo que se vayan a ninguna parte sin mí.




-Bueno. - Acepto con alegría. - Le aviso a mi mama y vuelvo.



-Aquí te espero.



Mama está en la lavandería. Esta tarareando mientras pone ropa a lavar. Se ve contenta.



-¿Ya se fue? pregunta mientras me mira con complicidad.

-Esto… no. Quería avisarte que voy a dar una vuelta con Sebástian y enseguida vuelvo. Si te parece. le digo para suavizarlo un poco.




-Bueno. No te olvides que la tía Mabel viene a almorzar con nosotras.



-Te prometo que vuelvo a tiempo. le digo mientras planto un beso en la suave mejilla.




Sebástian está esperándome en el interior de la camioneta. Subo de un salto acomodándome en el suave tapizado de cuero. Tiene un olor maravilloso.



-¿Lista?



Asiento con mi cabeza mientras abrocho mi cinturón de seguridad. Le da arranque y el motor toma vida con un suave ronroneo. En el estéreo suena Turn Back TheClock de Johnny Hates Jazz. Me encanta.



-Me encanta éste tema. le comento.

-¿Te gusta? arquea sus cejas sorprendido. ¿no es muy viejo para alguien como vos?




Me hace revolearle los ojos.



-No es muy viejo. Y yo no soy tan joven.



-Uf! Cierto, estoy con doña Isabel. se burla de mí. Me olvidé que a los veintidós años uno ya es viejo.

-Sí, más o menos. Bueno, ¿vos sí tenés edad para este tema? le digo mientras me río.

-Sí, soy más grande que vos. contesta de pronto serio.




Me borra la sonrisa.



-¿Cuánto más?




-Mucho.



-¿Cómo cuánto? le insisto.

-Treinta. dice al fin.

-Uf! ¡Es muchísimo! bromeo.




Se ríe de mi broma.



-Sí, no es tanto, ¿no? ¿No te importa? pregunta de pronto con ansiedad.

-No, es mejor así. Me gustan los viejitos. le digo enchiste.

-¡¡Viejito te voy a dar!! me dice mientras me hace cosquillas enterrándome un dedo en mi cintura.




-¡¡No!! - me hace reír a carcajadas.



-Me encanta verte reír y más me gusta ser yo el que provoque eso en vos. me mira complacido. Sus ojos me consumen con la mirada.




De pronto la privacidad del vehículo me hace sentir tímida. Es muy íntimo y nuevo para mí.



-¿Tímida? pregunta.

-Un poco. le contesto encogiéndome de hombros.

-Me complace. confiesa.

-¿no te guardas nada? le pregunto

-Con vos no. me contesta al tiempo que toma mi mano con la suya. Salimos del callejón principal a la ruta 40. Gira a la derecha.

-¿A dónde vamos? pregunto con curiosidad.

-Sorpresa. me contesta enigmático.

-¡Me encantan las sorpresas! le digo entusiasmada.




-¿Puedo preguntarte algo?



-Sí.



-¿Quién te hizo esto? su dedo recorre con suavidad el moretón que dejaron los dedos de Luciano.




Niego con la cabeza asustada de decirle la verdad. Suspira. Sus ojos se han vuelto de un marrón acerado.



-Yo te cuento todo. me dice.




-Eso no es justo.



-Pero es cierto.



-Me lo hice anoche durante la cena. le digo esquivando su pregunta.

-No te pregunté dónde ni cuándo, sino quién. sus ojos están serios.




Suspiro resignada.



-Fue Luciano.



Frunce la boca con disgusto.



-Luciano Daher? ¿El de publicidad? pregunta y sé que está tratando de ubicarlo.

-Sí, pero estoy segura de que no quiso hacerlo. le digo tratando de suavizar las cosas.

-Vos siempre tratando de defender lo indefendible. Mecensura Nadie que te lastime merece ser defendido.




Me encojo de hombros. La música ha cambiado. Savage Garden canta TrulyMadlyDeeplyme sumerjo en la letra de esta canción, me la sé de memoria. Dice yo seré tu sueño, tu deseo. Te amare más con cada respiro.Es realmente maravillosa.



Sebástian conduce hasta pasar el pueblo por completo. Vamos en dirección a La Consulta. Ninguno habla. Cada uno inmerso en sus propios pensamientos. Me inquietan los suyos. No sé cómo va a reaccionar con lo que le conté. Estoy sorprendida con la rapidez que cambiaron las cosas en unas cuantas horas. Hasta ayer estaba acostumbrada a defenderme sola. De hecho siempre lo hice bastante bien. ¡¡¡No siempre lo supiste hacer Isabel!! ¿¿¿O ya te olvidaste??? Mi subconsciente me trae a la memoria recuerdos que preferiría enterrar muy profundo. Me estremezco con solo acordarme. No, no, no, eso fue hace mucho tiempo. ¡¡Yo era joven e inexperta!! ¡Ahora puedo defenderme sola, tengo más experiencia! Mi subconsciente menea la cabeza con desaprobación.



-Llegamos anuncia él.




Estamos en lo que era el antiguo aeródromo de La Consulta. Este lugar se había inaugurado en la década del 50. Se llamaba Ángel Furlotti en honor a quien donó el terreno para construir una pista de aterrizaje. Mi abuelo me conto muchas historias sobre este lugar. Recuerdo haber visto fotos de los aviones que aterrizaban aquí. Ahora estaba abandonado. Era una lástima.



Sebástian estaciona la camioneta cerca de unas construcciones. Su cara se ilumina con entusiasmo. Me dice que baje que quiere mostrarme algo.



-Este lugar ya no se usa. le digo. ¿Sabes cómo se llamaba? le pregunto.

-Ángel Furlotti. ¿Te gusta? me contesta sorprendiéndome de su pregunta.

-Me encantan los lugares antiguos. Me gusta imaginarme quienes vivieron o que hicieron en lugares como éste. Mi abuelo tenía fotos de cuando este lugar funcionaba. le asombra lo que digo.

-Aquí aterrizaban los "Boyeros". ¿Sabes que eran? su pregunta me da risa. Yo sabía bien que eran.

-Eran aviones nacionales con motora explosión Continental A-50 de cuatro cilindros opuestos horizontalmente y refrigerados por aire, de 50 caballos de fuerza. Sin embargo, para la versión en serie se optó por un motor ligeramente más potente, el Continental A-65-8 de 65 caballos. Eran aviones biplaza.Todavía hay algunos por ahí. le digo satisfecha conmigo misma.




Sebástian me mira como si me hubiera salido cuernos y cola. Es divertido ver su cara. Me río tontamente.



-¡¡Tenés una cara!! le digo sin poder contenerme.

-Tu mama tenía razón. Además no todos los días me encuentro con una mujer hermosa que sabe de aviones antiguos. me contesta divertido y fascinado. - ¿Cómo es que sabes tanto? pregunta con tono de sospecha.




Me encojo de hombros.



-Mi abuelo me enseñó. Me contó tantas veces esas historias que termine aprendiéndolas de memoria.



-Y acaso sabes cuales eran los Piper J3? - pregunta más divertido todavía.



-Ajá. le digo con una sonrisa de oreja a oreja.

-¡Sos increíble! me dice tomándome por la cintura. Me estrecha contra su cuerpo duro. Es delicioso sentirlo tan cerca. ¿Y bien?




-¿Qué?



-¿Te gusta?



-¿El lugar? asiente. Sí, me encanta. ¿Por qué? Todavía no entiendo por qué estamos acá.




-Porque quiero comprarlo.



-¿Para qué? me extraña que quiera comprar un lugar como este.




-Para usarlo. Quiero reacondicionarlo y tenerlo para uso privado.



-¿Uso privado? le pregunto extrañada. De pronto me doy cuenta lo que me está diciendo. ¿tenés un avión propio?

-Sí, es más práctico. Siempre viajo a diferentes lugares dentro y fuera del país. Es más rápido hacerlo en avión. restándole importancia.

-¿Y qué tenés? le pregunto curiosa...

-Un Cessna Citation Mustang, Modelo 510. ¿Lo conoces? pregunta con sospecha.




-No, solo conozco los que me enseñó mi abuelo.



-¡Uf! Bueno por fin algo que no sepas bromea conmigo.

-¿Lo vas a comprar? le pregunto mirando en derredor.




-Sí, voy a necesitar viajar mucho ahora que me voy a hacer cargo de los negocios familiares. No es a lo único que me dedico.



-¿A qué otra cosa te dedicas?



-Soy dueño de algunos edificios en varias provincias del país.¿Conoces el edificio Savage de la calle Civit? Asiento con la sorpresa dibujada en mis ojos. - A eso me he dedicado la mayor parte de mi vida. La bodega es un negocio familiar. Pero el negocio de la construcción e inmobiliario es mío. ¿Impresionada? pregunta.

-Aja. acierto a decir




Me mira impaciente. Esperando que me expanda.



-Bueno, es que en las oficinas de la bodega se comentaba de que no hacías nada y que te dedicabas a recorrer el mundo. Nunca me imaginé que fueras dueño de algo propio. me encojo de hombros restándole importancia.




-Es cierto que recorro el mundo, pero es por causa de los negocios. Esta bodega no es la única que tenemos.



-¿Ah no?



-No, también tenemos en Inglaterra. Ahí se encarga mi hermana de conducirla. Mi padre ya está cansado. A principio de este año arregló todo para ponernos a nosotros al frente de los negocios. Todavía quedan algunos detalles por terminar. Él ahora quiere dedicarse a descansar. Aunque no creo que eso sea posible. Es un maniático del trabajo y del control.



-¡¿Tenés una hermana?! le pregunto sorprendida de semejante información.




-Sí, ¿por qué tanta sorpresa?



-Es que creí que eras hijo único.



-No, somos dos. Mi hermana Alexia y yo. Ella te va a gustar. Es muy parecida a vos.



-¿Ah sí? ¿Cómo? le pregunto curiosa.

-Testaruda y generosa. sentencia.




Me hace reír.



-Yo no soy testaruda. le digo fingiendo estar ofendida.




-Sí como no. Vamos, ya se ha hecho tarde. Mi tripulación tiene que estar de los pelos.



Me río de vuelta.



-¿Que es tan gracioso?



-Dijiste mi tripulación. ¿Que acaso sos el piloto? le pregunto riéndome de mi ocurrencia.




Sebástian me mira impasible. Los ojos se me agrandan.¡¡Joder!! ¿¿¿También es piloto???



-Sí, también soy piloto contesta a mi ocurrencia.

-Guau!! le digo con una sonrisa de oreja a oreja.




Me revolea los ojos por mi reacción. Se ve tan joven así.



Salimos del lugar a toda prisa. Las calles pasan volando a nuestro alrededor. Es tan cómodo estar en su compañía. Me hace sentir segura y muy femenina. Me encanta. La suave música suena de fondo como un arrullo. Me sorprende lo que escucho. Extiendo la mano para subirle el volumen. Es El Fantasma de la Opera interpretada por Sarah Brightman. Es sublime. Cierro los ojos para imaginarme a Christine cantando para Erik, el fantasma del teatro. Canta mi ángel de música… Ah me encantaba esa historia. Cuando termina me permito abrir mis ojos. Ya casi hemos llegado.



-¿Te gusta la opera? le pregunto extrañada. No a cualquiera le gustaba ese género de música. ¿¿Y también Selena?? Como la Flor suena ahora. Encuentro que la extraña mezcla de música no es desagradable.

-Mi gusto por la música es adaptable me contesta.

-El mío también. Aunque el rock no es de mi agrado. le digo arrugando la nariz.

-Hemos llegado. me dice estacionando en el portón.

-¿No te bajas? le pregunto con esperanzas de alargar un poco su compañía.

-No puedo, ya se me ha hecho muy tarde. Dale saludos a tu mama y a Ema. me dice mientras si inclina hasta estar pegado a mí. ¿Nos vemos el viernes?




Su aroma me aturde.



-Bueno. ¿Me vas a extrañar? le pregunto insegura.

-No te imaginas cuánto. su respuesta me llena de satisfacción. Inclina su cabeza y planta un dulce beso en mis labios. Le permito profundizar un poco más como a mí me gusta al tiempo que rodeo su cuello con mis brazos. Sebástian interrumpe el beso bruscamente lo que me hace mirarlo confundida y abochornada. Si seguimos no voy a tener fuerzas para irme. Y realmente tengo que hacerlo.




No quiero que se vaya. Y se lo demuestro haciendo pucheros como una niña. Sebástian me pellizca la boca con los dientes enviándome descargas deliciosas a mi vientre. Me hace reír. Sebástian es divertido y sensual. Todo un regalo para mí. ¡Que chica tan suertuda!



-Nos vemos el viernes. me despido y bajo de la camioneta flotando de alegría. Me quedo mirando hasta que ya no puedo verlo más. Entro a mi casa con una ancha sonrisa en mi cara. Sí, Sebástian es todos los regalos juntos. ¡¡Papa Noel, Reyes, día del niño y mi cumple todo junto!!
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Re: Una Segunda Oportunidad Cap 1 -6

Mensaje  vicky72 el Mar Jun 17, 2014 7:45 am

te prometo que nada mas terminar las clases o este fin de semana leo los capitulos, se ve muy interesante,  Twisted Evil  Twisted Evil  Twisted Evil  Twisted Evil  ya te escribo mis comentarios
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Re: Una Segunda Oportunidad Cap 1 -6

Mensaje  Betsy Abraham el Miér Jun 18, 2014 4:30 pm

Capítulo 6







 



La semana empieza como todas. Mi visita obligada al shop de la estación de servicio por uno de mis desayunos favoritos. El viaje hasta la bodega, que aunque lo he hecho por cuatro años no termina de sorprenderme por lo majestuoso del paisaje. El saludo rutinario con Ernesto en la garita y el de Juan con sus comentarios sobre fantasmas. Y el familiar zumbido del aire acondicionado y el consiguiente repiqueteo de mis tacos en los pisos cementados de las oficinas. Es como mi segundo hogar. Paso más tiempo en este lugar que en mi propia casa. Y no es de extrañarme que me sienta muchas veces más contenta en este lugar que en cualquier otro. Me gusta lo que hago ya lo he dicho. No es una exageración. Disfruto mucho mi trabajo. Que es más de lo que muchos podrían decir.



El pip característico de mi computadora es el único sonido que se oye en mi oficina. Soy la primera en llegar, como siempre. Y aprovecho esos momentos de paz para disfrutarlos al máximo. Soy una persona que le gusta más la soledad que el tumulto. Prefiero leer un buen libro acurrucada en mi cama un sábado a la noche o ver una película, que salir a bailar o a cualquier otro lugar. El bullicio no es lo mío. Ya se los he contado. Aunque sí disfruto mucho de ir al cine, cuando hemos ido a la ciudad. Aquí no hay nada de eso. Para ver una película hay que manejar por espacio de una hora. Así que nos conformamos con menos. Ni que decir de la opera o el teatro. Jamás he ido a ninguno. Me encantaría ver alguna obra musical. Pero por el momento me conformo con verlas por la tele.



Adriana esta parada en la puerta de mi oficina. Me sobresalta al verla de repente.



-Bueno días Isabel. me saluda con una sonrisa pícara en sus ojos. Está muy bonita esta mañana con su blusa azul sin mangas y la pollera tubo gris topo. Se ve muy joven. Lleva recogida la melena rubia en un alto rodete. Los ojos le brillan de excitación. La conozco, está esperando que le cuente lo que pasó con Sebástian este fin de semana. La saludo de lo más normal. Me hago rogar un poquitín. Me da risa. Ella no se ha movido del umbral de la puerta. Tiene su mano derecha en la cintura, en señal de "¿no pensás contarme nada?". Y bien. pregunta con impaciencia al tiempo que toma asiento en la silla frente a mí.




-¿Qué?



-¡Ay Isabel, no te hagas la tonta! ¿Fue o no a verte?



-¿Quién? finjo no saber de quién está hablando.




Achica los ojos hasta formar una delga línea.



-Sebástian?



-¡Ah él! le digo al fin.

-Sí, él. ¿Fue a verte ayer o no? Me pidió tu dirección el sábado en la cena. Se le veía enojado. Te escabulliste sin decirle nada a nadie. Para colmo me pidió tu teléfono. ¡Ja! Imagínate la cara que puso cuando le dije que no tenías uno porque no te gustaban. Casi le da una apoplejía cuando vio que no iba a poder localizarte.¡¡Je Je!! Enserio Isabel fue muy gracioso verle la cara de desesperación que tenía cuando se dio cuenta de que te habías ido. parlotea sin respirar.




Podía imaginarme todo a medida que Adriana me lo iba contando. ¿Enserio había reaccionado así? Sí Isabel, le gustas enserio. ¿¿Por qué te cuesta tanto creerlo??Porque las de mi tipo jamás se quedaban con los de su tipo. Era simple.



-Me lleve la sorpresa de mi vida. Imaginate, estaba sentado en la cocina de mi casa tomando mates con mi mama. le digo todavía impresionada.

-¡¡No!! los ojos de Adriana reflejan la sorpresa que yo también siento.




-Parecía a sus anchas. Fue… - no sé ni cómo explicarlo.



-¡¡¡Guau Isabel!!! Esto parece una de esas novelas mexicanas que pasan en la tele. dice entre risillas.

-Sí, algo así. digo más para mí que para ella.




-¿Y? ¿Cómo sigue?



-Nos vemos de nuevo el viernes le contesto encogiéndome de hombros. - ¿Cómo esta Belén? le digo para cambiar de tema.

-Está bien. contesta y se entretiene contándome cómo salieron los análisis. Al final había sido uno de esos virus que van y vienen y en cuestión de días se había recuperado. No te olvides que el sábado es el cumple. Esta de lo más entusiasmada. La cría ha invitado a todos los compañeros del jardín. Es de disfraces. No se le va a dar sorpresitas a nadie que no lleve disfraz. me recuerda con un brillo en los ojos. Sabe que me da pavor. Y eso le da gracia. No sabía que iba a ponerme. En fin, la vida estaba llena de sacrificios, ¿no?

- Ok ¡ya entendí! le digo meneando la cabeza.

-¿Tenés qué ponerte? veo para dónde va.




Niego con mi cabeza.



-Tengo algo que seguro te va a quedar bien.



-¿Qué es? le pregunto con miedo de lo que me vaya a decir...




-Esta noche te invito a comer a mi casa y te lo muestro.



Repaso mentalmente. ¿Tengo algo para hacer esta noche? ¡¡Puf!! Como si tuvieras mucha vida social Isabel se burla mi subconsciente. Bueno, es cierto no tengo nada que hacer.



-Ok, ¿quién va a cocinar? pregunto tentativamente.




-¡¡Obvio que yo!!



-Uf!! ¡Qué alivio!! Bromeo, Tomás no sabe hacerlo.




-Mejor me pongo a hacer algo. Todavía no contesto los pedidos de Japón. Tengo que pasar varios presupuestos.



-Esos dejámelos a mí. le digo mientras la sigo hasta su oficina. - ¿Querés que prepare mate? Prefiero tomar algo en la oficina que arriesgarme a ver de nuevo a Luciano en el bufet.




-Dale, estaría bueno tomar algo, no alcancé a desayunar.



Camino hasta la pequeña cocina en el otro extremo del pasillo y pongo el agua a hervir. De una alacena saco uno de los mates y lo preparo. A Adriana le gusta con menta, yo prefiero el cedrón me gusta el sabor alimonado que tiene. Preparo algunas galletas dulces en una cesta. Vuelvo a la oficina cargada con una bandeja. Adriana esta inclinada sobre la pantalla de la computadora. Tiene la nariz casi pegada al monitor.



-Sabes que te hacen falta anteojos, por qué no has ido todavía al oculista. le pregunto con reproche.

-Ya voy a ir un día de estos. contesta tocándose el puente de la nariz.




Nos sumergimos en la tarea de preparar los presupuestos para Japón. La mañana avanza y avanza. Cuando menos me lo espero ha llegado la hora del almuerzo. Mi estómago protesta de hambre. No me animo a ir hasta el bufet. No quiero tener que enfrentarme con él. Le pregunto a Adriana si quiere acompañarme.



-Dale, vamos. Si se aparece Luciano lo atacamos entre las dos. se burla de mí. ¡¡Si supiera!! Mejor no le cuento nada.




Por suerte Luciano no aparece en todo el almuerzo. Suspiro aliviada. No quiero tener que verlo otra vez. Me da miedo. Me trae recuerdos que prefiero olvidar. Las imágenes son poco claras. Pero los sonidos y olores me han hecho una marca indeleble en mi memoria. Y prefiero no ahondar justo ahora.



Miro por la ventana suspirando y deseando estar en la comodidad de mi casa. Acomodada en un sillón leyendo una de mis novelas preferidas. Como buen lunes. Pero para mí pesar todavía quedan algunas horas de trabajo.



Entre una tarea y otra no me he dado cuenta de que el sol se ha ocultado entre negro nubarrones. El cielo se abre descargando una furiosa tormenta. Un potente rayo que cae en seco a pocos kilómetros al sur ilumina el cielo como un potente flash de cámara. El trueno que le sigue no es menos potente. Me hace pegar un salto en mi silla. Estoy concentrada en el monitor. Al instante nos quedamos sin luz en todo el edificio. Por suerte el año pasado se instalaron un par de generadores de emergencia para estas ocasiones.La oficina vuelve a estar iluminada. Son apenas las 5 de la tarde pero pareciera que ya fueran las 9 de la noche. La lluvia es copiosa y trae ese aroma característico a ella. Algunos dicen que es olor a la capa de ozono, otros que es olor a tierra mojada. Me inclino por esta última teoría. Aspiro con placer ese bienvenido aroma. Me hace desear aún más estar en mi casa.Este tiempo me pone nostálgica. La lluvia tiene ese efecto en mí. Que estará haciendo Sebástian? ¿Pensará en mí como yo de él? Me arrepiento de no tener un celular. Podría estar esperando un mensaje suyo. O mejor todavía, yo podría mandarle uno diciéndole lo mucho que lo extraño.¡¡Ay Isabel que tonta sos!! Seguro que esta tan ocupado que ni piensa en vos. Mejor es no tener expectativas así cuando te falle no te va a doler tanto.



-Me voy. dice Adriana mientras acomoda su cartera. Sus ojos estudian el exterior que a estas alturas parece una escena de esas películas apocalípticas. ¿Te falta mucho?

-No, yo también termine con lo mío. ¿Salimos? le pregunto insegura de si es lo correcto.




Ella se encoge de hombros.



-Mejor ahora, parece que amainó. la miro creyendo que me está haciendo un chiste.




El viento helado golpea mi cuerpo cuando abro la puerta principal. Seguramente que está granizando en alguna parte no muy lejos de aquí. El frio me recorre la columna y me hace erizar los bellos de mi nuca y mis brazos. Me estremezco. ¿Cómo no te trajiste un abrigo?Me censura mi subconsciente. Bueno, ¿cómo podía saber que iba a llover, si cuando salí esta mañana de mi casa el sol era radiante y no había ni una nube en el horizonte? Me arrebujo como puedo y corro hasta mi auto. Adriana me saluda con la mano antes de entrar al suyo. Me grita algo que no puedo escuchar. Bajo la ventanilla del Spazio para poder oírla. Me recuerda que esta noche me espera a cenar en su casa. Le hago seña de ok con mi pulgar. Enciendo el motor rogando que la granizada no sea de camino a casa.



Mis ruegos son oídos porque lo único que cae es una abundante y espesa lluvia veraniega. Es una tormenta con todas las de la ley. Me encanta. He dicho mucho esta frase, ¿no? Pero es que hay muchas cosas en la vida que me gustan. Soy de esas personas que disfrutan de las cosas sencillas. La lluvia, un buen libro, una entretenida película o una cena tranquila con la gente querida. Esa soy yo. Nada más. Lo que ven es lo que soy. No hay secretos, ni apariencias. Soy autentica, a veces demasiado autentica. Muchas veces he tenido que pedir disculpas o perdón por haber dicho algo que no correspondía. Tiendo a ser sincera y franca. Y eso me ha metido en más problemas de los que me gustaría contar. Suspiro resignada. Mientras voy llegando a Eugenio Bustos la tormenta pierde ímpetu. Lo que me hace distenderme un poco. Aprovecho para escuchar música. Me decanto por Nimsy López "No estás solo", la letra me gusta mucho y me hace pensar en que si no estaré siendo testaruda. ¿¿Yo no estoy sola?? El calor me invade de a poco. Sin darme cuenta las lágrimas calientes me mojan las mejillas. Y sin querer me pongo a cantar a la par. Aunque en la lucha te sientas morir, aunque las fuerzas se alejen de ti…. ¿Pero que estoy haciendo??? Eso es mentira, yo conozco a un Dios que mira hacia otro lado. Cuando lo necesite él no estuvo, así que ¡¡a joder!! ¡No pienso volver! Apago el estéreo con bronca. Me seco las lágrimas de un manotazo.

















La noche está ligeramente fresca así que elijo un jean negro y una blusa de mangas tres cuarto de color rosa para salir. Me cepillo el pelo hasta sacarlelustre y decido dejarlo suelto. Un toque de brillo labial y estoy lista. Inspecciono mi apariencia en el espejo. Conforme con lo que veo me despido de mama y salgo.



Estaciono el auto en la casa de Adriana. Ella vive en uno de los últimos barrios que se construyeron en las afueras del pueblo. Las casas son de estilo mediterráneo. La de ella está justo frente a la plazoleta. El lugar está bien iluminado con farolas rectangulares siguiendo el estilo de las construcciones. El lugar es bonito y tranquilo. Ideal para criar niños. Es esos lugares en donde los niños pueden andar en bici hasta última hora sin ningún tipo de peligro. Justo el lugar que elegiría para ver crecer a mis hijos. Pienso. ¿¿Hijos?? ¡¡Puf Isabel ya estas volando alto!! Me regaña mi subconsciente. Meneo la cabeza de acuerdo con él.



Con un ding don del timbre una atareada Adriana de apariencia mucho más joven que de costumbre abre la puerta. Lleva puesto uno de esos delantales que rezan la frase "Un aplauso para el asador". Se ha puesto un pantalón de jogging y una remera blanca de mangas cortas Adidas. Pone cara de alivio cuando ve que soy yo.



-Uf!! Menos mal que llegaste, así me ayudas con las ensaladas. me saluda mientras camina apurada hacia la cocina.




La sigo de prisa para ver qué es lo que necesita. El olor a milanesas impregna el lugar a pesar de tener puesto el extractor a full. Me lamento de haber ido así vestida. Tendría que haberme puesto algo más de batalla. Y al parecer ella también piensa lo mismo porque menea la cabeza en gesto de desaprobación. Abre un cajón del bajo mesada y me lanza un delantal igual al suyo. Apaga el horno con aire satisfecho. Tienen un aroma delicioso.



-Todo tuyo. me dice mientras señala con la mano el lío de verduras y cuchillos que hay en la mesada. tengo que ayudarle a Tomas a vestir a las nenas. Él las baña, yo las visto. Si necesitas algo revolvé los cajones, seguro que lo encontrás. Sos inteligente. me deja parada en el medio de la cocina sin saber para donde disparar.




No es que no sepa cocinar, sí sé. Y bastante. Pero no es lo mismo cocinar en la casa de una a cocinar en un lugar extraño. Pero en fin, me arremango y ato el delantal a mi cintura.



Lavo la lechuga y el tomate, los corto y acomodo en dos fuentes que encuentro en un primoroso armario con pinta de antiguo. Me pongo a preparar la de tomate, mi preferida. Rebusco en la heladera hasta encontrar cebolla, pimientos rojos y verdes, un par de zanahorias y una manzana verde. Aunque dudo si echarle esta última. No a todos les gustan las ensaladas agridulces. Opto por dejarla a un costado. Busco los aderezos y agrego un poco de cada uno. Aspiro el aroma a orégano con deleite. Lapimienta me hace estornudar.



-¡Salud! dice Adriana con simpatía. Mm... Esto tiene buena pinta. A mí no se me dan bien las ensaladas. Tomás es quien las prepara. Pero a vos sí te salen por lo que veo.




Me encojo de hombros. No me gustan loshalagos, no sé cómo reaccionar a ellos. Termino la de lechuga y las acomodo en la mesada.



-¿Querés que te ayude a poner la mesa?



-Bueno, en ese cajón están los manteles.



-¡¡Tía Isa!! Belén corre por el pasillo y abraza mis piernas. Me inclino para levantarla en mis brazos y planto un sonoro beso en su tierna mejilla. La niña huela a champú de frutillas y a crema Dermaglós. Tiene la carita pegajosa por la crema. Es tiernita y cálida. La aprieto contra mi cara con deleite. Tan rubia como su madre y con unos ojos de un intenso verde casi como el mío. Belén es realmente hermosa.

-¡Hola mi amor! ¿Cómo has estado? la saludo. - ¿fuiste al cole hoy día?




-Sip.



-¿Y Cómo te fue? le pregunto mientras la siento en mis rodillas.




Prefiere no contestar, está en esa edad en la que no cuentan nada.



-¿No me vas a contar? la pincho.




Niega con su cabeza.



-Y tu hermana ¿Dónde está? le pregunto




-Está cambiándose.



-¿Me ayudas a poner la mesa? la niña asiente encantada con la invitación.

-Hola Isabel. Tomás entra al comedor cargando la fuente con las milanesas. Con Belén hemos acomodado los platos y cubiertos.




-Hola Tomás. ¿Cómo andás?



-No tan bien como vos. me contesta en broma.

-¿Por qué? le pregunto admirada.

-Digo, ¿dentro de poco vamos a tener que decirte patrona? se ríe de mí.




Me hace poner los ojos en blanco.



-Sí claro.



La cena discurre entre conversaciones amenas y divertidas. Las niñas resultan una compañía de lo más agradable. Educadas y un poquitín charlatanas. Me ponen al día de todos los chismes del colegio al que van. Agustina es más grande, está en tercer grado. Belén en sala de cinco. Aunque ambas niñas están a días de terminar las clases. La conversación se desvía hacia los festejos del sábado a la tarde.



-Y mi mama me dio permiso para invitar algunas amigas de primer grado. me cuenta Belén con orgullo. todas van a ir disfrazadas. la mirada se le ha puesto brillante de entusiasmo. ¿vos también? Acordate que si no te pones disfraz no te voy a dar sorpresas. La tía Alejandra me ha preparado un montón de bolsitas.




Alejandra era la hermana menor de Tomás, vivía en La Consulta y era la única familia de él. Los padres ya habían fallecido. En cambio Adriana tenía una gran familia desparramada por todo el departamento de San Carlos.



-Tu mama me va a prestar un disfraz. le digo. Belén la interroga con la mirada.

-Después que levantemos la mesa y lavemos los platos se lo voy a mostrar. le contesta la madre.




Ambas niñas aplauden y chillan de alegría. ¡¡Ay!! ¡Espero que no me tomen de muñeca para su diversión!



-¿Y bien? pregunta Adriana con impaciencia.




Estoy en su habitación parada frente a un espejo de cuerpo entero tratando de asimilar lo que veo. Las niñas me miran con los ojos desmesuradamente grandes. Me giro para verme de espaldas admirando el elegante traje que Adriana me piensa prestar para ir a la fiesta de cumpleaños. La prenda hindú es muy colorida y elegante de un rojo intenso con arabescos dorados y naranjas. Se llama sari. Es de seda y tiene entre 4 y 5 metros de largo y se lleva con una blusa ajustada del mismo género y una falda larga llamada petikot. Tanto la blusa como la falda están bordeadas de color oro intenso y bordado en diminutas mostacillas naranjas y verdes. Las prendas se adhieren a mi cuerpo en perfecta armonía. Es sumamente femenino y sensual. Lo que me hace fruncir el ceño. No sé si es el disfraz adecuado para una fiesta infantil.



-Tengo éstas para acompañar el traje. dice Adriana extendiéndome algunas pulseras anchas que tintinean cuando las paso por mis muñecas. Son plateadas y simulan ser de plata. La miro dudando. El reflejo de Adriana me devuelve la mirada. Tiene un brillo especial. No puedo entender por qué.

-¿No es demasiado? pregunto insegura imaginándome que semejante traje no es para una fiesta infantil. Un traje de mariposa, un hada o incluso de pirada. Pero un sari era demasiado para esa ocasión. Me daba pena pensar que alguna sustancia pegajosa terminara arruinando algo tan fino.

-Te queda pintado. aplaude con entusiasmo ella.

-Y si pruebo con alquilar un disfraz un poco más… - le digo. Mi mente trabaja a mil repasando los lugares que alquilan disfraces. ¿Era tuyo?




Asiente con los ojos puestos en otros tiempos.



-Tomaba clases de danzas hindúes. Este lo hizo mi mama para la última fiesta de fin de año que tuvimos. Éramos un grupo de 8 chicas. Me encantaba. suspira.

-¿Lo dejaste cuando te casaste? pregunto tentativamente.




-Sí, y me alegra que te ande. Si querés podes venir el sábado a la siesta y te ayudo a ponértelo. Además se cómo maquillarte para esto.



-Bueno, gracias. le digo mientras la abrazo. ¿Y vos que te vas a poner? le pregunto extrañada de que no me haya mostrado nada.

-Ah! ¡¡Sorpresa!! dice con la mirada brillante.




Me río entusiasmada. Parecemos un par de crías.



-¡Me encantan las sorpresas! le digo con entusiasmo.

-¡¡Parecemos unas niñas!! Se ríe Adriana.




-¡Justo lo que estaba pensando!



Los disfraces eran divertidos hasta para los adultos. Y para mi sorpresa ya estaba impaciente por que llegara el sábado.



-Vas a llevar a Ema? pregunta Adriana con interés.

-¡No se perdería por nada del mundo semejante ocasión! le contesto meneando la cabeza.




Después del café con masitas que muy atentamente compro Tomas en una confitería nueva me despido de todos y vuelvo a mi casa. Es la una menos cuarto. Paso por la plaza central. Todavía se puede ver gente sentada en los bancos naranjas. Es una noche ideal para sentarse a tomar un helado. La heladería todavía está abierta y se ve gente comprando. Me siento tentada de parar y comprarme uno pero ya es tarde. Mañana tengo que levantarme temprano y por lo general me cuesta quedarme dormida. Además no es muy atractivo tomarse un helado solo mientras se ven varias parejitas haciéndose arrumacos. Decido pasar de largo. La música de Javier Enrique me acompaña en todo el trayecto. Es pegadiza y algo cibernética. Yo quiero brillar tu luz en mi… te doy mi corazón, te doy mi corazón... canto a voz en cuello sabiendo que nadie puede oírme.



Manejo por la ruta 40 con una estúpida sonrisa en mi cara. No me imagino que se irá a poner Adriana para el sábado. Seguro que algo extravagante y gracioso. No podía imaginarme algo diferente. Me río de ella. Es tan ocurrente a veces.



Doblo por el callejón que desemboca en mi casa. Esta oscuro. Es una noche fresca y despejada pero sin luna. Pongo luz alta para alumbrar mejor. Y me llevo el susto de mi vida. De entre los álamos que hay al costado del callejón me parece ver una figura escurrirse. Todo pasa en una milésima de segundo.En un momento estaba y al siguiente no. Y por alguna extraña razón me acuerdo de Luciano. La piel se me pone de gallina. Y tengo que hacer un esfuerzo por aplacar el escalofrió que recorre mi columna. Bajo el volumen del estéreo para poder escuchar cualquier cosa fuera de lugar. Solo oigo el fuerte y rápido retumbar de mi corazón. Aprieto el acelerador desesperada por llegar a la seguridad de mi casa. No soy una persona miedosa pero tampoco soy tan estúpida como para bajar del vehículo y ver qué o quién era. Así que me apuro y no siento alivio sino hasta traspasar el portón de mi casa.







 













Al día siguiente le cuento a Adriana lo que me paso. Ella insiste en que seguramente habían sido imaginaciones mías. Pero yo no podía sacarme la imagen de la cabeza. Estaba segura de haber visto a alguien escondiéndose entre los árboles. No quise darle más vuelta y me concentre en el trabajo que tenía por delante. Había mucho por hacer. La mañana se pasó tan rápido que cuando Adriana me llamo para ir a almorzar me tomo de sorpresa.



-¿Ya es la una? le pregunte incrédula.

-Sí, has estado absorta toda la mañana. se queja ella.




-Bueno, nadie puede echarme en cara de que no me tomo en serio mi trabajo, ¿no?



- Uf!! ¿Y quién lo haría? ¿Sebástian? se ríe.




El corazón me da un salto al escuchar su nombre.



-No, él menos que nadie. le digo poniéndome colorada. Simulo buscar unos papeles en el cajón superior de mi escritorio. Adriana espera en la puerta.

-Me duele la panza de hambre, ¿vamos? me apura. La sigo por el pasillo sin decir más.




El día amaneció nublado. Pero no ha vuelto a llover. Caminamos sin prisa por el camino de grava. Se nos ha unido Aldana de recepción y un joven nuevo de aspecto desgarbado. Es muy delgado y bastante alto. Ella hace las presentaciones. Se llama Julián y lo han contratado para el departamento de publicidades. Le pregunto que si le gusta el trabajo a lo que contesta con mucho entusiasmo que sí. Parece muy joven.



El bufet tiene algunas mesas ocupadas. Inspecciono el lugar con la mirada. Me extraña no ver a Luciano en ninguna de las mesas. Tomamos asiento en el extremo opuesto a la puerta principal contra los ventanales. La luz entra por las grandes ventanas acristaladas. Desde aquí pueden verse las viñas prolijamente trabajadas y la Cordillera de los Andes de fondo. No me canso de estas vistas. Entre todos compramos dos pizzas de mozzarella y palmitos. Están buenísimas. Nadie habla mientras comemos cada quien ocupado con su porción. En menos de lo que canta un gallo ambas pizzas desaparecen de la mesa. El bufet de a poco va quedando desocupado. Mientras caminamos de vuelta hacia las oficinas Aldana nos cuenta los chismeríos de oficinas más recientes.



-¿Se enteraron que Luciano renunció? Cuando Claudia me conto no lo podía creer. Parecía estar a gusto. Pero como dice el dicho uno ve caras pero no corazones. Mi mente queda paralizada al escucharla hablar.




¡¡Joder!! ¡Eso es mucha casualidad!! Tiene que haber sido Sebástian por lo que le había contado. ¡Pobre Luciano! De que más era capaz Sebástian?? Pensar que había sido por mi culpa me hacía retorcer el estómago. Comencé a sentir una ira incontrolable. ¿Cómo podía Sebástian hacerle eso a una persona? ¿Así solucionaba las cosas? ¿¿¿Lo echamos y listo??? Aldana dijo que Luciano había renunciado, pero no me lo creía. Seguro que Sebástian lo había obligado. No conocía a ese hombre. Y pensar que creí que era tierno y amable. Si yo hacía algo que no le gustara ¿también me borraría como a un insecto molesto?? Aldana seguía hablando.



- Parece que no estaba muy conforme que digamos. El lunes a primera hora de la mañana presento su renuncia a Lorena y se fue sin más. Dicen que consiguió trabajo como jefe de algún departamento importante en nuestra principal competencia.



-¿No pudiste hablar con él? le pregunto. Ella se escusa con un gesto de hombros.




Me quedo pensando distraída mientras entramos a nuestras oficinas.



-Bueno al menos ya no lo vas a tener encima tuyo. Dice Adriana con alivio evidente mientras suspira teatralmente.

-Mmm...

-¿¿No me digas que ahora lo vas a extrañar?? pregunta fingiéndose espantada.

-No, claro que no. le contesto. Pero tampoco le deseaba nada malo.

-Bah!! ¿Qué hay de malo en haber encontrado un mejor trabajo? No dijo eso Aldana? Ni que lo hubieran puesto de patitas en la calle. se ríe. La miro sorprendida de que estuviera expresando en voz alta lo que yo estaba justamente pensando.

-Sí, ¿no? simulo reírme con ella. Bueno, al menos sabía ahora por qué Luciano no estaba en el bufet.




Me ocupo de terminar con el trabajo deseosa de que llegue la hora de irme a mi casa. Estoy enojada con Sebástian. Creo que me debe una explicación. De pronto el viernes se me antoja demasiado lejos.
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Betsy Abraham
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Re: Una Segunda Oportunidad Cap 1 -6

Mensaje  fenrir_406 el Vie Jul 18, 2014 4:23 am

recién esta semana terminé las clases y sé que las tenía muy abandonadas chicas... pero ahora me pongo al día y que mejor forma que con otra entrega (semestal) de muy particularmente lenta XD historia...los dejaré ... ueno en algún lugar que corresponda
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Re: Una Segunda Oportunidad Cap 1 -6

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